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En Tosca, de Puccini, participó el tenor mexicano Alejandro Olmedo: Vincent La Selva

Ópera gratis y al aire libre convierte al Central Park de NY en oasis; una tradición de 40 años
 
Periódico La Jornada
Viernes 29 de junio de 2012, p. 6

Nueva York, 28 de junio. Un par de noches de verano por año, un rincón del mítico Central Park es escenario de un lujo neoyorquino que no todos conocen y que se repite desde hace casi 40 años: ópera gratis al aire libre de la mano del maestro Vincent La Selva.

La primera cita de 2012 tuvo lugar el miércoles en Naumburg Bandshell, la concha acústica construida hace 150 años en la parte sur del parque, donde varios cientos de personas se congregaron para seguir la historia de Tosca y el pintor Cavaradossi de la ópera de Giacomo Puccini.

Cielo estrellado, una media luna mágica asomando entre los árboles, temperatura agradable: personas de todas las edades sentadas en sillas preparadas por los organizadores, pero también en reposeras y lonas en el suelo colocadas al azar, disfrutaron de la presentación.

Hago óperas que pienso que todo mundo quiere ver. Vienen personas de todas partes del país, dice Vincent La Selva, de 82 años, director de orquesta y fundador de la Gran Ópera de Nueva York.

Para muchos, su experiencia en las noches veraniegas de Central Park es la primera en el mundo de la ópera, visto a menudo como selecto y alejado de las masas.

“Algo muy interesante es que tenemos muchos jóvenes, lo que es inusitado. Los chicos de 19, 20 años no van a la ópera, no son habitués. Tengo gente que me para en la calle y me dice ‘La primera ópera que vi en mi vida fue en Central Park con usted y ahora voy a la ópera seguido’. Eso es algo grandioso”, cuenta con orgullo el director de orquesta.

Nacido en Cleveland (Ohio), de padres italianos, La Selva llegó a Nueva York a los 18 años para estudiar música y nunca más se fue.

El clima, un desafío

La idea de hacer ópera gratuita al aire libre en Central Park surgió en 1973 de la mano de una responsable del sector de cultura de Nueva York.

“Me preguntó si podía hacer una ópera en Central Park. Le respondí: ‘¿De qué me está hablando? Me llevó al parque y me mostró la concha acústica. En menos de 10 segundos le dije que sí”’, recuerda La Selva, quien desde 1974 ha presentado unas 50 producciones diferentes en ese lugar.

“El primer año hice La Bohème. Al siguiente fueron cinco. En los cuatro o cinco anteriores he hecho dos o tres óperas por año, principalmente porque el financiamiento ha bajado”, explica.

El decorado es simple y, a falta de telón, los espectadores ven los cambios de la iglesia del primer acto a la residencia del nefasto barón Scarpia en el segundo y al Castillo Sant’Angelo de Roma en el tercero, donde tiene lugar el trágico desenlace.

Sin embargo, la magia resta intacta y, más aún, gana en fuerza a medida que la noche avanza y Central Park se convierte en un oasis casi espiritual en medio del bullicio de la ciudad.

En 39 años, más de 3 millones de personas han asistido a las óperas, incluyendo todos los lugares en los que hemos tocado, todos los barrios de Nueva York, Nueva Jersey y Long Island, vecinos de la Gran Manzana, continúa La Selva.

En cuanto a las razones que lo decidieron a lanzar su proyecto, el maestro enumera al menos dos.

Nueva York es un lugar grande. Somos ocho, nueve millones de personas. ¿Por qué debe tener sólo una ópera? Merecemos cinco o seis óperas, dice, al referirse a su original apuesta y el hecho de que la oferta operística de la ciudad recaiga casi de manera única en la exclusiva Metropolitan.

El otro elemento importante es la tremenda cantidad de talento en Nueva York, lo cual hace que muchos cantantes de ópera no tengan lugar adónde ir.

La Selva se jacta de haber descubierto a varios que luego triunfaron en los grandes escenarios, así como de poder contar al mismo tiempo con figuras de renombre internacional.

El miércoles, el elenco incluyó al tenor mexicano Alejandro Olmedo en el papel de Cavaradossi. Tiene mucho éxito y una muy buena voz, asegura La Selva, quien ha trabajado con él en los tres años anteriores.

La ópera al aire libre con Central Park como marco tiene su indiscutible encanto, como la perfecta noche veraniega del miércoles, aunque a veces la meteorología hace de las suyas, admite La Selva, quien el año pasado debió suspender una de las funciones.

La Gran Ópera de Nueva York se ha presentado con vientos de 65 kilómetros por hora o temperaturas de más de 37 grados Celsius, recuerda.

Nunca se sabe afuera, incluso hasta cinco minutos antes del inicio, sostiene.

La Selva completará el programa de 2012 el próximo 18 de julio con Madame Butterfly, también de Puccini.

En 2004 lanzó una serie en honor a Verdi, de una década de duración, con todas sus óperas que culminará el año próximo en coicidencia con el bicentenario del nacimiento del célebre compositor italiano.

Por eso, 2013 promete ser un año especial para el director de orquesta, que verá cómo su criatura cumplirá 40 años celebrando a Verdi, uno de sus compositores favoritos.

Respecto de la ópera y su evolución, La Selva no oculta su inquietud por el hecho de que a veces la música pase a un segundo plano y la producción se convierta en lo más importante.

La voz no se está convirtiendo en lo más prominente. Lo más importante parece ser la puesta en escena y la producción, afirma.

Uno es un servidor de los genios como Verdi, Puccini, Mozart, Wagner. No los uso para alimentar mi ego, concluye.