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Niños marginados hallan sitio mágico entre libros

La Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, dirigida por Fernando del Paso, les da cabida

Enviada
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de abril de 2012, p. a44

Guadalajara, Jal. En silencio, muy concentradas en su lectura y en el armado de un rompecabezas, dos niñas en situación de calle ocupan una de las mesitas de la sala infantil de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz (BIOP).

Son usuarias frecuentes del recinto enclavado en el corazón del Centro Histórico de la ciudad de Guadalajara, el cual, a 20 años de su fundación, es un recinto vivo, abierto a todo tipo de usuarios, manifiesta Ángel Ortuño, responsable de servicios al público.

Las pequeñas lectoras son las mismas que cualquier mañana pueden ser vistas limpiando parabrisas en las calles y a las que se impide la entrada en las tiendas aledañas, debido a su aspecto sucio y maloliente.

Pero la biblioteca nunca las ha rechazado, ni a otros niños en situación de calle que han convertido el lugar en su refugio mágico. Atenderlos es uno de los retos principales del espacio que dirige el escritor Fernando del Paso.

Desde que los pequeños en circunstancias de marginación social comenzaron a acudir a la BIOP, explica Ortuño en entrevista con La Jornada, “una pedagoga organizó un club de tareas para apoyarlos.

“Algunos son hijos de vendedores ambulantes de la zona. Los tenemos bien ubicados, vienen mucho y les insistimos en que traigan a sus padres, para que juntos compartan la experiencia de la lectura, pero no es un requisito, porque varios chicos llegan solos.

Se han habituado a leer cuentos y ya nos piden títulos, porque los escuchan durante las tradicionales sesiones sabatinas de cuentacuentos. El niño que entra toma un libro, ya sea de goma, de trapo o solo con ilustraciones; no lo suelta y vuelve a venir. Quieren más: esa es la maravilla que aquí sucede.

Mediante visitas programadas, la biblioteca atiende un promedio de 6 mil 300 niños al mes, muchos de escuelas públicas. Tienen disponible un acervo de más de 7 mil títulos de literatura infantil, todos de gran calidad y, por supuesto, ninguno es de Walt Disney, asevera el bibliotecario.

Ubicada en el ex templo de Santo Tomás, la biblioteca se creó en 1991, con ocasión de la primera Cumbre Iberoamericana realizada en esta ciudad. El inmueble cuenta con murales de David Alfaro Siqueiros y de Amado de la Cueva, que datan de 1925.

Área para invidentes

La idea original era resguardar toda la producción intelectual en ciencias sociales y humanidades de Iberoamérica. Se pensó que cada cumbre alimentaría el acervo y se crearía una biblioteca en cada país de la región, pero el proyecto no fructificó. Somos la única, nos quedamos solos, deplora Luz Elena Martínez Rocha, administradora general del recinto.

En charla con este diario, detalla que la BIOP es “muy sui géneris”, pues se especializa en fondos iberoamericanos en español, de autores de la región en ciencias sociales y humanidades y, a la vez, es una biblioteca pública.

Esa doble característica nos hace tener ciertas contradicciones, porque una biblioteca pública se debe a sus usuarios y deberíamos estar dispuestos a satisfacer todas las necesidades que nos expresen, pero no es así, pues tenemos una vocación muy clara. Nos piden libros técnicos o científicos y no los tenemos; entonces debemos pensar cómo hacer para que no se vayan con las manos vacías.

La BIOP atiende casi 20 mil usuarios al mes. Entre la amplia gama de personas que acuden de manera recurrente no sólo es peculiar la presencia de los niños en situación de calle; también “tenemos un número muy alto de personas de la tercera edad que vienen cada día, sin falta, a la sala de publicaciones periódicas a leer los diarios y las revistas de análisis político. Por cierto, La Jornada es el diario más consultado”, explica Ortuño.

En 2005 se instaló en la nave central del templo el área para invidentes, la cual cuenta con una colección de literatura en sistema Braille y tres computadoras con lectores de pantalla. Ahí se ofrece, de manera gratuita, capacitación para el manejo del software.

A la fecha, hay personas invidentes que prácticamente devoran libros con las orejas, luego de aprender cómo usar el programa llamado Jaws (acrónimo de Job Access With Speech).

Ángel añade que si bien constantemente deben lidiar con la expectativa de algunas personas que piensan que una biblioteca debe tener libros de todo tipo, casi nadie se va decepcionado de la BIOP, pues ofrece una amplia base de datos, la misma de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

“Además –continúa Ángel Ortuño, responsable de servicios al público de la BIOP– somos la biblioteca más céntrica de Guadalajara, la mejor comunicada en términos de transporte público; de ahí nuestros números elevados de afluencia en una zona que no es habitacional. Hay bibliotecas municipales, pero no tienen la misma capacidad ni el mismo cupo.

Tenemos estudiantes de nivel superior y son los que nos ubican más. Muchos usuarios acuden a nuestra área de computadoras, pero tenemos un reglamento muy preciso para usarlas. En algunos casos, sobre todo si se trata de auxiliar una actividad académica, autorizamos el ingreso a redes sociales. Eso sí, para nada somos un café Internet, bromea en referencia a la noticia dada hace unos días en el sentido de que la megabiblioteca Vasconcelos de la ciudad de México era usada por la mayoría del público sólo para navegar por el ciberespacio.

Ciencias sociales y humanidades

La Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz posee casi 76 mil títulos, acervo que se incrementa, principalmente, durante cada Feria Internacional del Libro (FIL), de Guadalajara, cuando la UdeG (institución de la que depende administrativamente) les otorga un presupuesto de entre 400 mil y 500 mil pesos para comprar libros.

No obstante, Martínez Rocha explica que el espíritu de mantener un acervo con lo mejor de la producción intelectual de Iberoamerica, se cumple “con dificultad, porque la edición en América Latina y España está muy dispersa, no tenemos acceso a ella tan fácilmente, aquí nos llegan sólo los bestsellers.

La industria editorial ha tenido problemas y se enfoca más a cosas seguras, a autores conocidos; el resto de las publicaciones difícilmente llegan, pues las editoriales ven quiénes son los autores más taquilleros, en qué lugares y hacia allá se dirigen las publicaciones; no arriesgan mucho.

Ortuño reitera que en la colección de la BIOP no se puede dar cabida a toda clase de material bibliográfico, porque se desdibujaría; además, “ya no tenemos espacio suficiente en la estantería. Incluso pensamos hacer una depuración, especializarnos aún más y trasladar algunos volúmenes a otras bibliotecas de la UdeG. Apostamos a tener muy clara la línea del acervo: las ciencias sociales y las humanidades en América Latina y España, no sólo de autores reconocidos, sino también de los ‘herejes’ de cada campo”.