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Florencio Reyes exhibe 50 figuras en el Museo de las Artes Populares de Jalisco

Trabajar el barro se hace con el corazón en las manos: alfarero

Se necesitan escuelas para enseñar a los jóvenes ese oficio, manifiesta a La Jornada

Dignificar el quehacer artesanal, vocación del recinto, refrenda su directora Laura Peregrina

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Beso de Judas, pieza de Florencio Reyes, alfarero de Tlaquepaque, incluida en su serie sobre la Pasión de CristoFoto Mónica Mateos
Enviada
Periódico La Jornada
Viernes 6 de abril de 2012, p. 3

Guadalajara, Jal. Existen muchas personas que solicitan a los artesanos obras buenas, sin firma, para meterlas a concursos. Ganan, se quedan con los dineros y ¿qué hacemos?, nada. A veces sólo tenemos la satisfacción de saber que esas piezas son nuestras, señala Florencio Reyes Lomelí, alfarero de Tlaquepaque, heredero de una de las dinastías más reconocidas en el estado.

Como ya es tradición en Semana Santa, su colección de alrededor de 50 figuras en barro policromado, que representan escenas de la Pasión de Cristo, se exhibe estos días en el Museo de las Artes Populares de Jalisco.

Las piezas forman parte del acervo permanente del recinto cuya vocación es no solo revalorar el trabajo artesanal, sino mostrarlo en su justa dimensión para dignificar a nuestros artesanos, señala Laura Peregrina, directora de ese espacio que, asegura, precisamente en abril de cada año es cuando recibe el mayor número de visitantes.

Aquí las artesanías son piezas de arte y así se las mostramos al público, el cual se sorprende al ver que el jarrito de Tonalá que una vez vieron de venta en un puesto de mercado en el suelo está en una vitrina, con luces, pues en nuestro espacio se les da otra dimensión. A los artesanos les decimos que en sus manos está la identidad del estado, que gracias a ellos tenemos piezas increíbles que transmiten tradición, el calor del arte. Les decimos y hacemos que lo crean, puntualiza la funcionaria.

Dinastía de artistas

En entrevista con La Jornada, don Florencio habla de las ambiciones de esos capitalistas, como él llama a quienes le solicitan obras sin firma para luego revenderlas en el extranjero a galerías de arte, o incluso, meterlas a concurso.

Explica que no existe ninguna instancia que los proteja o apoye, pues hasta en los certámenes que se organizan en el país se nos pide meter a concurso piezas sin firma, con el pretexto de que nuestro nombre no influya en la decisión de los jurados. A mí me parece innecesario, pues lo que se califica, supuestamente, no es la firma sino la creatividad y, por ejemplo, en el Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías (Fonart) conocen bien nuestro trabajo, saben de dónde provienen las piezas, pero luego así se quedan, anónimas, se llegan a vender y ya nadie sabe adónde van a parar.

Reyes Lomelí pertenece a la cuarta generación de la familia de Pantaleón Panduro (1830-1912), jalisciense ilustre, quien inició en Tlaquepaque una dinastía de artistas alfareros que principalmente creó un sinfín de estatuillas y bustos de barro: retratos de presidentes, personajes de la vida cotidiana, como policías, aguadores, toreros, tortilleras, músicos, barrenderos, ebrios, maestros, doctores, etcétera.

Para trabajar el barro hay que tener el corazón en la manos, afirma don Florencio, quien a sus 67 años mantiene la técnica de modelado que heredó de su abuelo y su padre: hacer la tortilla de arcilla e ir construyendo los personajes sólo con los dedos y un palito de madera para los detalles, no más.

Antes, añade, las piezas se pintaban con pigmentos naturales mezclados con linaza cruda, pero ahora él usa esmaltes vinílicos, lo único moderno que ha incorporado a su trabajo.

“Desde los 6 años trabajo el barro; lo primero que hice fue una cara de Miguel Hidalgo. Como no aprendía las letras pensé, pues a esto me dedicaré, pues a los ocho o 10 años ya me compraban mis figuritas.

“Siento un gusto enorme a la hora de tener el barro entre mis manos, pienso: ‘de aquí soy’. Lo que más trabajo me ha costado hacer es la cara de Benito Juárez, hasta hace poquito me salió. Los que hice antes más bien se parecían a Tomás Mejía (general conservador que murió fusilado con Maximiliano de Habsburgo).”

El artista alfarero recuerda cuando un cliente le solicitó una colección de figuras de presidentes de México, pero cuando vio que incluí a Carlos Salinas no la quiso. Es más, por ahí tengo arrumbada la pieza.

En estos días, don Florencio trabaja en un nacimiento huichol. Para no hacerlo sólo de imaginación, consulta decenas de fotos de indígenas de esa etnia para incluir en las estatuillas cada detalle: un nacimiento de 9 piezas lo vendo en 4 o 5 mil pesos; son 20 días de trabajo, más o menos.

El maestro considera que entre los jóvenes de Jalisco existe el deseo de ser alfareros, pero no hay lugares para que aprendan el oficio. Mi hijo es arquitecto y presentó un proyecto a las autoridades culturales para hacer un museo que no sólo incluyera la exhibición y venta, sino que fuera escuela. Nadie hizo caso. Otros de mis compañeros también han propuesto que se den materias de diversas disciplinas artesanales en las escuelas, pero tampoco los escuchan. Para trabajar el barro se necesita tener ganas, estar al lado de los maestros. Las ganas de los muchachos ahí están, los maestros aquí estamos, hacen falta las escuelas, concluyó Reyes Lomelí.

El Museo de Artes Populares de Jalisco fue inaugurado en mayo del año 2000. Se ubica en una restaurada casa de estilo neoclásico del siglo XIX (San Felipe 211, esquina Pino Suárez, Centro Histórico de Guadalajara); en sus salas se exhiben obras maestras de diversas regiones del estado, elaboradas en piel, cerámica, cantera, latón, papel de agave y vidrio, entre otros materiales.

La entrada al recinto es gratuita en un horario de martes a sábado de 10 a 18 horas y domingo de 10 a 16 horas.