Opinión
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En el Chopo

Once años

E

l 10 de marzo de 2001 también cayó en sábado. Por esos día se exhibían las películas Amores perros y Nunca te vayas sin decir te quiero, también, Pollitos en fuga; en el Blanquita se anunciaba a El Gran Silencio, como los chúntaros de cepa. Y en la página 19a de este diario se publicó por primera vez este espacio, que en aquella ocasión empezó con una breve semblanza del historial de El Chopo; después daba cuenta de la celebración, con motivo del Día Internacional de la Mujer, a realizarse en Radio Chopo. Estuvieron Andrea Peláez y Anabel Lynnton en sendas sesiones dancísticas; Tere Estrada, en compañía de Leticia Luna y Benjamín Anaya, presentó su libro Sirenas al ataque y, según cuentan las crónicas, cerró el programa el colectivo Mujeres en fuga, integrado por la propia Tere, Ana Pizarro, Laura Abitia y Adela Cano. Después de la emoción de ver impresos y en circulación aquellos textos, nos fuimos a comentarlos con José Luis Pluma y Daniel Toscano a la chelería del Eje. Por supuesto, dijimos salud.

En estos 11 años hemos tenido la oportunidad de estar muy cerca del acontecer chopero; en 2003 estuvimos atentos a la negociaciones entre la delegación Cuauhtémoc y el Comité del Chopo respecto de la pretendida reubicación del tianguis; durante esas pláticas, el entonces delegado, Alfonso Suárez del Real, en entrevista con un servidor, declaró al Tianguis Cultural del Chopo Patrimonio Cultural de la delegación Cuauhtémoc. Igualmente, estuvimos presentes en las visitas posteriores al Chopo de Virginia Jaramillo y José Luis Muñoz, ambos como delegados.

Pero lo más chido es la convivencia con la banda: todavía recordamos un cartel pegado en uno de los muros choperos, que en realidad era la epístola de un adiós punk: Fabiola la puta era el encabezado, y en el cuerpo de la carta se leía lo siguiente: El tiempo se acabó, te fuiste sin despedirte, sin un adiós, como tú lo soñaste te encontraste con la muerte que siempre te acompañó, en cada paso, en cada jeringa, en ese humo que te mató. No entendimos tu sentido, aunque sí sé lo que te faltó, al igual a que nosotros, fue amor, fue ternura que tú matizaste con violencia y odio desangrándolo en tu camino. Ahora que no estás aquí con nosotros, los totalmente rechazados, la vida se convierte en algo impreciso y continúa persiguiendo al que seguirá de ti, mi querida hermana punk, que descanses de este infierno, donde estés ahora. Jamás te olvidaremos. Firmaban: Punks TR Rotos. Así, durante casi 600 sábados consecutivos hemos sido testigos de esa liturgia pagana creada por los chavos visitantes al Chopo. Salú y feliz día a las chavas de todas las edades.