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Luisa Riley exhibe en el FICG la historia de Dení Prieto, asesinada en operativo contra las FNL

“Abordar la impunidad de la guerra sucia ayuda a analizar la actualidad”

Me interesó contar esos hechos por el significado de esa brillante generación, germen del EZLN, dijo en entrevista

Flor en otomí compite con 13 filmes mexicanos en la sección oficial del festival

Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 10 de marzo de 2012, p. 8

Guadalajara, Jal., 8 de marzo. Casi 40 años después de que Dení Prieto Stock fue asesinada junto con cuatro compañeros de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) en la casa donde nació Sor Juana Inés de la Cruz, en Nepantla, su amiga de toda la vida, la directora Luisa Riley, presenta ante el público del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) el documental Flor en otomí, que, aunque centra la historia en la muchacha que murió a los 19 años, también pone en perspectiva la guerra sucia de los años 70 y la impunidad que aún priva en el país para quienes atentaron contra los opositores del sistema.

Es la historia de una joven de 19 años que en 1973, a la hora de la cena, se levanta de la mesa y le dice a su familia que al rato regresa. Y nunca volvió, porque se fue a la guerrilla. Cuatro meses después, el Ejército, con fusiles y granadas, asaltó la casa donde estaba. Era el 14 de febrero de 1974, cuenta Riley, quien creció junto a Dení.

Riley tiene una larga trayectoria periodística, sobre todo en televisión, pero además ha realizado, desde 1981, 14 documentales. Señala que Flor en otomí corre en dos líneas: una, la historia familiar de Dení (flor, en otomí) y la secuela que dejó su muerte; la segunda, los cuatro meses de clandestinidad en la casa de Nepantla, apoyada en la narración de Elisa Benavides Guevara, sobreviviente del operativo.

El documental está en competencia con otros 13 largometrajes mexicanos en la sección oficial del FICG.

–¿Cómo eligió los elementos visuales del documental?

–Está grabado en la casa de Nepantla, donde ocurrieron los hechos, donde nació Sor Juana. La casa sigue –de forma extraña y misteriosa– intacta; todavía tiene los rastros de las balas.

–¿También le interesaba documentar la guerra sucia?

–Sí. Las FLN son el embrión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Sufren ese golpe tremendo, porque tras el operativo no sólo cae Nepantla, sino que encuentran documentos del rancho que se llamaba entonces Núcleo Guerrillero Emiliano Zapata, que empezaba a entrenarse en Ocosingo, en Chiapas. Allí estaba César Yáñez junto con 12 compañeros; tras caer Nepantla, caen los documentos del rancho, y el Ejército se va inmediatamente contra ese objetivo. Dos días después los atacan en Ocosingo y ahí desaparecen o matan a Yáñez, y acaban con la dirigencia del movimiento. Pero muchos de los elementos de las FLN están en el EZLN.

Foto
Riley tiene una larga trayectoria periodística, sobre todo en televisión; además ha realizado 14 documentales desde 1984Foto Arturo Campos Cedillo

–¿Le interesó además por la cercanía que tuvo con Dení?

–Absolutamente, crecimos juntas. Pero también me interesó por lo que representa de esa generación. Me interesaba contar esa historia, con la que podía profundizar; tenía muchos elementos para hacerlo. Pero también contar la de otros compañeros caídos, hacer cuadros de una generación brillante.

–Si en cine comercial es un dilema el financiamiento y la recuperación económica, en los documentales debe ser aún más difícil. ¿Cómo lo subsanó?

–Es un dilema terrible, lo único que sabía es que tenía que hacer este documental y llevarlo hasta el final. Le ha ido bien, quedar seleccionado en el FICG es importante. No creo que tenga recuperación económica, pero se trataba de una necesidad. Esa parte de la guerra sucia se ha contado poco, apenas un esbozo de toda esa impunidad.

–¿Cómo ve la producción de documentales en México?

–De muy buen nivel, hay grandes documentalistas e historias muy bien contadas. Me gusta más el documental que la ficción mexicana.

Caso Ayotzinapa, un ejemplo

–¿Cree que en una realidad como la actual hace falta que los documentalistas aborden más los temas de hoy?

–Se necesita distancia para ver las cosas, pero creo que mi documental también refleja la actualidad. Por ejemplo, en el tema de la impunidad, ningún responsable de torturas y asesinatos fue llevado a la justicia. Los mismos militares que dirigieron el operativo en Nepantla, en 1974, están hoy activos y siguen aplicando estrategias de la guerra sucia y de la contrainsurgencia. Hablar de ellos debe llevar a reflexionar sobre lo que pasa ahora, como el caso de los estudiantes asesinados en Guerrero (Ayotzinapa); eso ocurre en un país donde los altos mandos militares no han sido tocados. Nazar Haro se fue impune, lo arrestaron por robar dinero, pero no por los asesinatos y torturas.

–¿Cree que existe el riesgo de contar historias de hoy sólo como producto coyuntural?

–Me importa mucho la parte de la investigación; pues sí me parece difícil hacerlo al calor de los hechos. Lo digo porque hice mucho documental periodístico y me parece muy importante, eso no existe ahora. Yo lo hacía para un canal estatal de difusión nacional, aunque, claro, no era sobre México por el sistema presidencialista de entonces, pero se hablaba con libertad de otras realidades revolucionarias, y de esa forma había cierto reflejo de la del país, incluso con sus particularidades.