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Secuelas de un montaje
Escuchar testimonios de quienes la acusan, pide el titular de la CNDH
 
Periódico La Jornada
Viernes 9 de marzo de 2012, p. 2

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Raúl Plascencia Villanueva, llamó ayer a escuchar los testimonios de las víctimas que inculpan a la ciudadana francesa Florence Cassez en el delito de secuestro.

Después de que se hiciera público el proyecto de dictamen del ministro Arturo Zaldívar, quien propone la inmediata libertad de la acusada, debido a que fue violado el debido proceso en su contra, así como la garantía constitucional a la presunción de inocencia, Plascencia dijo en entrevista radiofónica: Sí hubo algunas fallas en la detención y en esa exhibición ante los medios de la señora Cassez, pero también hay elementos de víctimas que la refieren como responsable de un delito.

Uno de los testimonios centrales contra Cassez es el de Cristina Ríos Valladares, quien fue secuestrada junto con su esposo y su hijo de 11 años, y quien se encontraba en cautiverio el día que fueron detenidos Cassez y su novio Israel Vallarta, en el rancho La Chinita, por agentes federales.

En información publicada por La Jornada, la señora Ríos señaló que “es indescriptible lo que mi hijo y yo vivimos del 19 de octubre al 9 de diciembre de 2005. Fueron 52 días de cautiverio en el que fui víctima de abuso sexual y, los tres, de tortura sicológica. El 9 de diciembre fuimos liberados en un operativo de la Agencia Federal de Investigación. Acusados de nuestro secuestro fueron detenidos Israel Vallarta y Florence Cassez, esta última de origen francés, quien ahora se presenta como víctima de mi caso y no como cómplice del mismo.

Desde nuestra liberación, mi familia y yo vivimos en el extranjero. No podemos regresar por miedo, pues el resto de la banda de secuestradores no ha sido detenida.

Sostuvo que Cassez es “la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio… la misma voz de origen francés que hasta hoy me taladra los oídos, la misma voz que mi hijo reconoce como la de la mujer que le sacó sangre para enviarla a mi esposo –quien fue liberado por sus captores para que pagara el rescate–, junto con una oreja que le harían creer que pertenecía al niño. Ahora escucho que Florence clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta... que si volvía a meterse conmigo... se desquitaría en mi persona”.

El 13 de junio de 2008, la señora Ríos hizo pública una carta en la que señaló que no volvería a emitir una opinión pública. Sin embargo, aseveró que ese asunto estaba en manos de la justicia mexicana.