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El trato es ilegal, afirman los abogados de los jóvenes

Policías españoles con la cara cubierta interrogan a los indignados detenidos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 9 de marzo de 2012, p. 27

Madrid, 8 de marzo. Policías españoles interrogaron con la cara tapada, y portando una especie de pasamontañas, a un grupo de jóvenes indignados que fueron detenidos en febrero pasado en el contexto una protesta contra la recién aprobada reforma del mercado laboral.

Los abogados de los detenidos insistieron ante el juez, al que pudieron ver dos días después de su aprehensión, de que sus defendidos recibieron un trato que podría ser considerado ilegal debido a que la normativa española exige a los uniformados portar en todo momento una identificación con su número de placa.

A pesar de que la legislación les exige poder ser identificados en cualquier momento por un ciudadano aprehendido, la policía española –sobre todo los agentes antidisturbios– no suelen portar sus números de placa ni distintivos en las protestas callejeras ni en las manifestaciones.

Desde que asumió el poder el derechista Partido Popular se ha recrudecido la represión contra los ciudadanos indignados y las personas contrarias a las políticas de recortes presupuestales, y esto se hizo patente primero en Madrid, durante las manifestaciones contra la reforma laboral, y en las asambleas del movimiento M-15 (15 de mayo), y después en la ciudad de Valencia, donde los miembros de las fuerzas de seguridad españolas sofocaron con fuerza excesiva las protestas de los estudiantes de secundaria, lo que derivó en una movilización nacional de repudio contra la violencia ejercida desde el Estado español.

El último hecho preocupante es la denuncia de que policías españoles, en las comisarías y en los calabozos, interrogan a los jóvenes indignados detenidos por cuestiones políticas con el rostro cubierto y sin identificación visible.

Según la jefatura superior de policía de Madrid, se trata de un hecho puntual. Pero los jóvenes detenidos y sus abogados estiman que es una realidad que tristemente ya se está haciendo habitual.