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Uchiyama lo despojó del cetro superpluma que le fue efímero

Juan Carlos Salgado fue exhibido por un peleador sin talento

Este sábado hará la defensa del título del FIB ante Miguel Beltrán

 
Periódico La Jornada
Jueves 8 de diciembre de 2011, p. a15

En un parpadeo Juan Carlos Salgado perdió todo. El campeonato superpluma que ganó con relativa facilidad ante un oponente de prestigio se lo arrebató el rival que parecía más inofensivo. La caída fue dura y dolorosa. Estaba lastimado en el cuerpo y la autoestima; se sentía exhibido por un boxeador sin talento a quien no le veía posibilidades reales de ganar. Salgado subió al cuadrilátero sintiéndose invencible y bajó humillado.

El título lo había conquistado ante el venezolano Jorge Linares, un peleador considerado favorito en aquel combate del 10 de octubre de 2009, en Tokio, Japón.

Fue prácticamente con un golpe como Salgado se hizo campeón del mundo de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Cuando anunciaron que era el nuevo monarca apenas podía contener el llanto y ante el público que no entendía lo que decía apenas pudo balbucear: No esperaba noquearlo con un solo golpe.

Ese cinturón lo perdió en la primera defensa ante el japonés Takashi Uchiyama, de estilo poco vistoso, tosco, sin gracia.

“Pensé que si le había ganado tan fácil a Linares, no habría nadie que me ganara, que iba a empezar a lucirme sobre los demás retadores. Cuando vi que el japonés no tenía gran cosa, me dije, ‘bah, ése no me gana ni yendo a bailar a Chalma’”, confiesa Salgado.

La arrogancia de sentirse invencible y una pésima preparación le costaron una humillación inolvidable, pues aunque cada vez que postergaba una mañana para correr, una tarde de gimnasio, él se repetía que Uchiyama no podía ganar: ¿No?, no digo: hasta me noqueó.

Todo boxeador sube a pelear con la esperanza de cambiar su suerte, de mejorar las condiciones de su familia –reconoce Salgado–, por lo que haber perdido tan pronto la corona lo sumió en una profunda depresión. Por las noches lo asaltaban las culpas de no haber sacado provecho de su estatus efímero de campeón, de haber desperdiciado la posibilidad de sacar adelante a su esposa y a sus dos pequeños hijos.

Tenía miedo de que ya no me volvieran a dar otra oportunidad porque hay cientos de boxeadores esperando por una. Ya la había tenido, así que pensé que tal vez ya no me volvería a llegar, refiere.

No sólo que no volvieran a creer en sus habilidades para pelear por un título, sino que a partir de entonces lo vieran, como se dice en la jerga boxística, como carne de cañón. Que Juan Carlos Salgado entrara en las filas de esos peleadores que sólo sirven para ayudar al récord de prospectos del cuadrilátero.

Temí que me agarraran de peldaño para otros y entonces tenía que podía seguir ganando, demostrar que yo no era escalón de nadie, precisa.

Pese al miedo de no volver a figurar para un cetro mundial, tuvo la suerte de estar otra vez en la antesala del éxito. El título vacante superpluma del FIB lo disputaría ante el dominicano Argenis Méndez. El combate fue duro, de intercambio inclemente, pero Salgado pudo salir como nuevo campeón del mundo por decisión unánime, aunque no intacto. En el último asalto cayó en la lona, con las piernas tambaleantes parecía incapaz de sostenrse en pie: Honestamente debió ser decisión dividida por mi caída en el último asalto.

Este sábado hará su primera defensa del título ante Miguel Beltrán, en Los Mochis, Sinaloa. Asegura que no concederá nada aún cuando el rival parece que no ha enfrentado oponentes reconocidos, pero Salgado dice que no volverá a confiarse porque ya sabe lo que significa perderlo todo.