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La FIL de Guadalajara rinde homenaje a la escritora y colaboradora de La Jornada

Cristina Pacheco todo lo pasa por el tamiz de la difícil sencillez, dice Juan Gelman

Cuento historias debido a mi incapacidad para soportar la pérdida, indica la periodista

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Almudena Grandes, Juan Gelman y Cristina Pacheco, en Guadalajara, durante el homenaje que recibió la periodistaFoto Arturo Campos Cedillo
Enviado
Periódico La Jornada
Jueves 1º de diciembre de 2011, p. 4

Guadalajara, Jal., 30 de noviembre. Todo mundo está cautivado, hipnotizado, con las palabras del poeta, sobre todo ella, a quien va dirigida esa prosa de sonidos rítmicos, acompasados, roncos, surgidos desde algo profundo.

Juan Gelman dice sobre la escritora y periodista Cristina Pacheco –autora de la columna Mar de historias, en La Jornada–, a quien anoche la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) rindió homenaje.

“Cristina no sólo escucha con el cuerpo (a sus entrevistados): se ausenta de sí misma –dice Gelman– para oír al otro, para recibirlo en terreno limpio de sí misma. Esta retracción o desaparición de sí define su calidad de escritora.”

El arte de escuchar

El tempo de la prosa poética avanza, aunque, como revela Gelman que trabaja y crea Pacheco, cada uno de los presentes en el auditorio Juan Rulfo parece haberse retirado de sí mismo y logrado la abolición del mundo para entregarse al arte que también es escuchar.

A los lados de Gelman y Pacheco están el moderador Diego Petersen y la escritora Almudena Grandes, quien recibe en la FIL el Premio Sor Juana Inés de la Cruz. Enfrente, en primera fila, otro poeta, José Emilio Pacheco, esposo de Cristina, y su hija Laura Emilia. Y otros escritores como Sergio Ramírez y Antonio Colinas.

Y con timidez, Gelman, quien inauguró y abarrotó con un recital el Salón de Poesía y participa en otras actividades en la FIL, como la presentación de su Obra reunida I y II (Fondo de Cultura Económica), se interna en la obra de la Cristina narradora:

Encuentro en ella una suerte de oleaje o ritmo nacido de un asombro de niño, ése que nunca termina de agotarse, nutrido por el mar de los acentos defeños, los de arriba, los de abajo, por la diversidad de culturas que conviven en la gran ciudad y se expresan con vocablos de diverso cuño y sonido. La escritura de Cristina no se detiene en estos sobresaltos de la lengua, sino en el interior espiritual que los produce, experiencias de vida que concentran paisajes, comidas, visiones y costumbres diferentes. Todo lo pasa ella por un fino cedazo de la lengua: el de la difícil sencillez.

Antes, Almudena Grandes dice que Pacheco, mediante sus narraciones breves, es una auténtica precursora en la exploración de los territorios comunes de la literatura y el periodismo, como la crónica, ahora ya considerada un género literario.

Cristina Pacheco da las gracias y comparte varias preguntas con sus respuestas: “¿Qué soy yo? Una contadora de historias. ¿Por qué las cuento? Por muchísimas razones que tienen que ver con mi incapacidad para soportar la pérdida, la separación, la muerte, la vejez abandonada. Mi vida no fue fácil, y agradezco mi vida difícil, me enseñó a ver una piel de la realidad que me acompaña y me cubre enteramente.

“De pronto –comparte– me doy cuenta que nunca más podré hablar con seres a los que quise mucho”. Luego se pregunta: “¿Y qué hago entonces? Narrarlo en un gesto y un rasgo, de algo pequeño que me permite aferrarme a eso. Y empiezo a reconstruir rápidamente a ese personaje y le invento una historia.

Quizá escribo por cobardía, pero también por entusiasmo, por el solo entusiasmo de jugar con las palabras, a ver qué pasa con una y otra, son amigas, enemigas, se combinan, deshacen un mundo, lo construyen, y de pronto, de la noche a la mañana, existe en el mundo algo, como ocurre en la poesía, que no existía antes.

Al final hace una muy noble invitación:

¿Saben qué quiero? Que cuando cumpla mis próximos 70 años me acompañen aquí. Va a ser una ocasión muy especial. Y como en esas ocasiones las mujeres siempre nos preguntamos: ¿Qué me voy a poner para esta noche? Almudena, ya sé lo que me voy a poner. Voy a vestir toda de olvido y de tiempo.