Opinión
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La UACM y su rectora
L

a doctora Esther Orozco tiene problemas de identidad: cuando las reporteras de La Jornada (15/04/11) le dijeron señora, respondió airada que ella era la doctora Orozco y que, si querían, le dijeran Esther. Señora no, pese a que en la entrevista la acompañaba su hija.

Hace muchos años ese gran panista de los que ya no hay, Juan José Hinojosa (1922-2001), compartía una mesa conmigo en unas conferencias. El moderador lo llamó licenciado al presentarlo y Juan José dijo que él era señor y que con el tiempo había aprendido que era más difícil ser señor que licenciado. Y tenía razón. No cargaba problemas de identidad como los de la doctora Orozco.

El dato no es irrelevante. Quien tiene que afirmarse con base en un grado académico es porque se siente inseguro ante sus interlocutores, y quien se siente inseguro ante los demás suele ser autoritario y con frecuencia llega a pensar que lo que dice es lo correcto y, por lo tanto, no debe ser cuestionado. Esto les pasa a muchos médicos que sin tener doctorado insisten en autonombrarse doctores y, además, como si fueran superiores, les hablan de tú a sus pacientes, aunque éstos sean mayores que aquellos.

Aun así, la señora Orozco (doctora), en su sabiduría infinita ha cometido errores varios y se ha exhibido como una tecnócrata neoliberal que, por lo mismo, no debería haber sido rectora de una universidad que es cualquier cosa –incluso por sus fallas de nacimiento– menos neoliberal.

En la entrevista citada señaló que no dijo que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) fuera un fraude sino que defrauda a los estudiantes. Una de las acepciones del verbo defraudar es frustrar, desvanecer la confianza o la esperanza que se ponía en alguien o en algo, en este caso los alumnos respecto de la universidad. Y, al mismo tiempo, la señora-doctora Orozco se lanza contra los estudiantes de la UACM porque no aprovechan el tiempo, porque no se titulan en lapsos semejantes a los de otras universidades, porque sólo cursan unas cuantas materias por semestre y no más, porque trabajan en lugar de ser estudiantes de tiempo completo, etcétera. Para ella una universidad cumple su cometido por lo que los tecnócratas denominan eficiencia terminal, como los gerentes de producción de una planta automotriz. Si los estudiantes hacen su carrera profesional en más de cinco años y no se titulan en dos o tres años más, están mal. Y si no se titulan, peor.

Pues la señora Orozco se equivocó de universidad. La UACM es la única que admite en licenciatura a los egresados acreditados de bachillerato independientemente de cuándo se cursó éste y de las calificaciones obtenidas. Como no hay cupo para todos se sortea su ingreso (punto con el que no estoy de acuerdo). De ahí que algunos de sus estudiantes son jóvenes, otros no tanto y otros más rebasan los 50 años y tienen 30 o más años sin estudiar. Unos trabajan, otros apenas tienen tiempo para asistir a clases, otros carecen de recursos y tienen que interrumpir sus estudios mientras consiguen de qué vivir. La idea de esta universidad, y así lo dicen sus leyes, reglamentos y la convocatoria para ingresar, es que toda persona con certificado de bachillerato pueda ingresar en ella sin importar su promedio, condición social, económica, física, sexo, religión o filiación política. La UACM no defrauda a sus estudiantes: ellos sí saben a qué tipo de universidad entraron. ¿La doctora Orozco también?

Se puede estar de acuerdo o no con esta idea de universidad, pero así es y para eso fue creada. La doctora Orozco no sólo tenía que saber todo esto cuando aspiró al cargo de rectora, sino que también debió, en buena lógica, discutir y leer lo que el ingeniero Manuel Pérez Rocha (que no es doctor, enfatizó ella en la entrevista) ha publicado sobre la UACM. Pérez Rocha no sólo fue el primer rector de esa universidad sino que estuvo en el cargo nueve años. Y, además, es un conocedor autorizado en temas educativos desde por lo menos 1968, un experto en la materia que no se puede desdeñar. Pero la doctora Orozco no lo ha leído, aunque ya ha ofrecido que lo hará.

Dije arriba que la rectora de la UACM se ha exhibido como tecnócrata neoliberal. Y esto lo afirmo por su coincidencia con las líneas en materia educativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en varios de sus documentos, entre ellos en el titulado Knowledge Management in the Learning Society, París, 2000. En este documento se plantea que el sistema educativo debe concebirse en función de la productividad y de su utilidad a la economía de mercado, y no, como fue ideada la UACM, para la realización integral de estudiantes para que sean personas plenas, conscientes de su existencia y ligadas a la sociedad, particularmente a la mayoritaria y menos favorecida de la ciudad de México. La señora Orozco critica, como la OCDE, a los slow learners por comparación con los quick learners, que se supone que son los estudiantes de las universidades de alto nivel y que, normalmente, tienen buena preparación previa y recursos para ocuparse de su tarea a tiempo completo.

La UACM, como cualquier universidad, no tiene responsabilidad sobre la condición material de los ricos y los pobres, ambos con diferentes oportunidades para estudiar, sino de darles a los pobres la oportunidad de hacerlo. Éste es su principal mérito, como también el de la UNAM, donde cualquiera puede estudiar si cumple con ciertos niveles de conocimiento (pues es gratuita, como debieran ser todas las universidades públicas).

Si la doctora Orozco hubiera leído por lo menos los informes de Pérez Rocha, sabría que en la UACM había menos de 600 estudiantes hace diez años y que apenas en 2005 se alcanzó una matrícula de unos cinco mil alumnos. El índice de titulación, por lo tanto, no puede basarse en los diez años de vida de la universidad ni en el número de estudiantes actualmente inscritos. Los parámetros deben ser otros y, además, tomar en cuenta qué tipo de estudiantes optan por la UACM y no por el ITAM o la Iberoamericana.

Quiero dejar constancia de que no sé qué fuerzas internas están en pugna en la UACM ni cuáles son sus motivos, pero su rectora se ha expresado públicamente y lo que es público es de todos. Si somos rigurosos con el lenguaje, la que ha defraudado a la universidad es ella, entre otras razones por querer convertirla en lo que no es ni puede ser a corto plazo, y porque no ha comprendido cabalmente el tipo de estudiantes que se ha inscrito en la UACM a pesar de haber trabajado en ésta por varios años (según Wikipedia).

Me quedo con las palabras de Juan Ramón de la Fuente cuando era rector de la UNAM, y que ha reiterado José Narro, su actual rector: “Educar es formar seres humanos libres, sensibles, autónomos, críticos y creativos, aptos para el ejercicio consciente de la democracia y para enriquecer la tradición cultural en la que están inmersos […] Si la educación es un bien público, no puede estar sujeta a las leyes del mercado”.