Opinión
Ver día anteriorMartes 5 de abril de 2011Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Destrucción de una candidatura
L

as alianzas electorales en el México de hoy son reflejo de la transición fallida; son consecuencia del sistema de partidos que tenemos, de la despolitización que ellos mismos han propiciado, de su incapacidad para construir una reforma del Estado, que los cambiaría a ellos mismos y los obligaría a ser definidos ideológicamente. Las elecciones no son para ellos una tarea democrática, sino simples maniobras de operarios de mercancías.

Como vamos, para la elección de 2012 iremos al mismo escenario de 2000 y 2006, en que hubo alternancia de siglas y polarización, pero no hubo los cambios en la forma de gobierno que corresponderían a la nueva realidad política. Resultado de todo eso fue la paralización del país, cambios en favor del conservadurismo y la democracia aparente, que propone como única opción el regreso al régimen de los mismos intereses monopólicos y oligárquicos.

En la tarea de reformar han fracasado la derecha, el partido del viejo régimen y lo que se dice la izquierda; han fracasado los intelectuales del país, más interesados en las disputas por el poder y sus alineamientos que en construir conceptos e ideas contra los vacíos de la transición fallida. Los intelectuales orgánicos de los partidos no van adelante en pensamientos, van atrás justificando las maniobras, por burdas que sean.

En este país inmóvil las derrotas son un buen negocio y hoy se fabrican deliberadamente con toda impunidad y se ofrecen como victorias o resultado de una política de principios. Los que ocuparon la izquierda se hicieron mañosos: ponen lo táctico como estratégico y donde la batalla exige flexibilidad, se actúa con rigidez y sectarismo.

Hoy el PRI tiene 18 gubernaturas ganadas, el PAN seis y dos el PRD. Resultados del pragmatismo y las alianzas entre PAN y PRD hay cinco. Eso mismo se refleja en el Congreso aventajando al PRI como primera minoría, pues ninguno alcanza 51 por ciento. El resto de partidos viven y parasitan en torno a PRI, PAN y PRD, pues ni por asomo se plantean o trabajan por un candidato propio (¿para que existen entonces?); por tanto: éste es un sistema electoral de alianzas pragmáticas, que sirven a los partidos, pero no a la sociedad, y son incapaces de llevar a cabo las reformas que el país necesita. No hay uno que no se haya aliado con su enemigo.

De qué pureza ideológica se habla, cuando los mismos actores actuales en el estado de México, en 1999, en Coahuila, presentaron un frente opositor de todos contra el PRI, en el que se sumaron el PAN, con Luis Felipe Bravo Mena como presidente de ese partido; el PRD, presidido por Andrés Manuel López Obrador; el PT, de Alberto Anaya; Convergencia, con Dante Delgado; el Partido Verde, de la familia González, y Manuel Camacho, del Partido Centro Democrático. Se asomaba para entonces el voto útil donde un radical antialiancista del PT como es hoy Porfirio Muñoz Ledo celebró y colaboró con la derecha panista y se hizo icono de las alianzas espurias. Los personajes con sus historias también suelen ser fraudulentos.

Para 2012, viendo los números electorales que favorecen al PRI, se debería pensar como objetivo estratégico que el PRI fuera derrotado en el estado de México. Sería un objetivo táctico para el estratégico 2012 y tener poder para hacer las reformas. Pero no. Luego de que llevan haciendo 12 años política pragmática, alianzas electorales y legislativas, como las que ahora se cocinan y repudian en el estado de México, se hicieron puros. ¿Qué hace al estado de México diferente a las anteriores? ¿Es en realidad política de principios o una alianza con el PRI para fabricar una derrota y restaurar el viejo régimen?

Si Alejandro Encinas ganara la gubernatura del estado de México, tendría tanto peso en derrotar a Enrique Peña Nieto y lo que representa, que se convertiría automáticamente en una opción como candidato a la Presidencia. Sería un peligro para algunos. Si el PAN apoyara a Alejandro Encinas, un hombre de izquierda, ¿por dónde se votaría mayoritariamente, por el PAN o por el PRD? ¿Es un problema que la derecha se rinda y reconozca que un hombre de izquierda es mejor que todas sus propuestas? ¿Por qué repudiar, sin pensar, que el PAN reconoce como mejor candidato a Encinas? ¿Es congruencia restarle posibilidades?

Pareciera que el fin es acabar con Encinas, pues con alianza o sin ella en el PRD todos lo apoyan como candidato. Prueba de esta sospecha es la licencia pedida al Senado por Yeidckol Polevnsky hace algunos días, para estar en condiciones de cumplir los requisitos y ser registrada como candidata, sustituyendo a Encinas, diputado actual por el DF y con compromisos con su electorado aquí.

Ojalá no fuera así, pero de suceder, sería que se está construyendo una nueva derrota en favor del PRI y que la supuesta pureza ideológica contra las alianzas no fue más que otra maniobra, una burda tranza en favor de Peña Nieto, que festeja ante un PRD sin identidad propia, que resta y presta su fuerza alegremente y garantiza la derrota de su candidato, entregándolo como ofrenda para 2012.

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