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Primera obra del director; se presenta cada domingo en La Capilla

Cucara-Chaz retrata a jóvenes que viven al día y sin reflexión: Rodolfo Guillén
 
Periódico La Jornada
Domingo 13 de febrero de 2011, p. 3

Muchachos a quienes les gusta tomarse sus chelas, que viven jodidos y al día, que no se consideran jóvenes ninis, pues igual trabajan de obreros que vendiendo lo que les caiga para sobrevivir. El retrato de jóvenes que, sobre todo, no cuentan con herramientas para aprovechar las oportunidades de la vida es el que se presenta en la puesta en escena Cucara-Chaz, comenta su autor, Rodolfo Guillén.

De 27 años, perteneciente a esa nueva generación de dramaturgos-directores de sus obras, Guillén explica que su opera prima Cucara-Chaz intenta cuestionar más que al sistema social o político, lo que esos jóvenes hacen por ellos mismos.

El Fercho y El Bicho, quienes protagonizan la obra, son amigos desde pequeños. Todos dicen que son como hermanos, pues siempre están peleando y haciéndose bromas pesadas. Les gusta vagar por la ciudad, y cuando es necesario se la rifan.

Son un par de perdedores, aunque ellos no se consideran así, dice el autor. “Si bien son jóvenes marginados de la sociedad, la cuestión es qué tanto ayudan a marginarse más.

“Entre los insectos más odiados se encuentran las cucarachas, y como una metáfora fractal, ellos juegan y se burlan y se sienten más poderosos que las cucarachas. Se sienten dioses poniéndolas a correr y apostando, sin ser totalmente conscientes de que hay alguien que hace lo mismo con ellos.

“Se encuentran inmersos en un círculo vicioso por no contar con suficientes herramientas para romperlo. Hay en ellos –y en cada uno de nosotros– falta de reflexión. Son chavos que viven al día y que están al tiro. Todo el tiempo viven adoleciendo, sin tiempo para la reflexión y no se dan cuenta. Curiosamente, las mamás que han visto la obra se identifican con los personajes.”

Como director, explica Rodolfo Guillén, “cada vez que ensayamos les digo a los actores que hay que dejar un poco de lado al autor, que hay que descubrir los errores del dramaturgo, que en ambos casos soy yo. Esto ha sido un ejercicio muy saludable para todos los creadores de la puesta.

No se trata de defender ni de pelearme conmigo mismo por mi texto, sino al contrario, señalar, como director, que el autor se equivoca en tal o cual cosa, y si los actores junto con el director coinciden en no entender algo pues se saca. Todos cuestionamos el texto; es un juego en el que se asume que el dramaturgo no está presente, y para mí, como autor y director, es muy saludable, porque me sirve para cuestionarme, pues cuando estoy en mi casa escribo y cuando estoy en el teatro dirigo.

Escénicamente, en Cucara-Chaz se jugó mucho con las convenciones, con la idea de que fueran los propios actores quienes proyectaran en la imaginación del espectador los distintos espacios citadinos por los que se mueven los personajes, expresó Guillén.

Con las actuaciones de Isael Almanza y Fernando Sánchez, e iluminación de Martha Benítez, Cucara-Chaz se presenta los domingos a las 18 horas en el teatro La Capilla (Madrid 13, esquina Centenario, Coyoacán). El texto de Guillén fue seleccionado para formar parte del Ciclo de Lecturas Escénicas, que se realizará en mayo de este año, en el contexto del Año de México en Francia.