Opinión
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México SA

Cordero y su buena noticia

Contribuyentes: casi el doble

Pagan impuestos los de siempre

M

uy contento estaba el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, en el Foro Económico Mundial de Davos, presume que te presume lo bien que se hacen las cosas en el calderonato, y duro que te dale con aquello de la fortaleza, el camino correcto y la solidez económica del país de sus sueños, cuando de repente al funcionario se le ocurrió despertar con una buena nueva al somnoliento auditorio que aparentaba escucharlo: “hemos mejorado el padrón de contribuyentes y prácticamente se ha duplicado… aumentó en 15 millones y pasó a los 34 millones actuales”, anunció con una enorme sonrisa, como debe ser.

¡Albricias! Qué buena noticia: ¡por fin Hacienda aterrizó la sempiternamente pospuesta reforma fiscal de fondo y metió en cintura a los barones del gran capital, que de siempre se niegan a pagar los impuestos que les corresponden! (de hecho, cada vez exigen mayores exenciones), y a tal grado lo hizo que logró prácticamente duplicar el padrón de contribuyentes sin conflicto alguno, con inteligencia y trabajo de hormiguita. Y el secretario Cordero, humildemente, respondió a su ahora atento auditorio: “México tiene mucho que avanzar (en cuanto a tributación)… Estamos en ello” (de acuerdo con sus sesudas declaraciones a la agencia gubernamental Notimex).

Qué bueno que el secretario de Hacienda esté contento, pero como siempre las buenas noticias gubernamentales se caen con sólo rascar un poco y documentar, con sus propias cifras, la idílica información divulgada con bombos y platillos. Lástima por el auditorio que comenzaba a emocionarse. De entrada, Cordero no precisó el periodo en el que logró la proeza (sin reforma fiscal, sin alterar mínimamente los privilegios tributarios de que goza el gran capital) de prácticamente duplicar el padrón de contribuyentes. Tampoco cuál es la estructura de clientes del fisco, y mucho menos las proporciones.

Tras la declaración del funcionario, y ya con la información estadística en la mano (en este caso la del Servicio de Administración Tributaria, el SAT) se puede precisar que el aumento de 15 millones de contribuyentes en el padrón respectivo no se registró en los cuatro años de calderonato, sino que se acumuló entre mediados de 2005 y las tres primeras semanas de enero de 2011, siempre y cuando sea real lo que dice el secretario de Hacienda, en el sentido de que actualmente suman 34 millones los mexicanos que están inscritos.

Lo que el SAT tiene documentado (Informe tributario y de gestión, tercer trimestre de 2010) es que, como se indica, al cierre de septiembre de 2010 se alcanzó un total de 31 millones 985 mil contribuyentes activos, lo que representa una ampliación de la base de contribuyentes de 13 por ciento, por arriba de lo registrado al cierre de 2009. Según la misma fuente, al comienzo del calderonato tal registro sumó 23 millones 941 mil contribuyentes, de tal suerte que en cuatro años el incremento habría sido cercano a 8 millones, no 15 millones, como asegura Cordero.

De cualquier forma, con todo y maquillaje, a primera vista es una buena noticia. El problema comienza cuando se desmenuza la información del SAT, porque la mayor participación en el padrón de contribuyentes no corresponde al gran capital, ni siquiera a las personas físicas, sino a los asalariados, los mismos que de siempre han sido causantes cautivos, porque cuando reciben su salario el descuento fiscal ya ha sido aplicado y no tienen forma de deducir absolutamente nada.

La información del SAT permite conocer el detalle: de los 31 millones 985 mil contribuyentes activos (cierre de septiembre de 2010), casi el 62 por ciento corresponde a asalariados, 34 por ciento a personas físicas y sólo 4 por ciento a personas morales, o lo que es lo mismo, un buen número de empresas se mantienen sin pagar impuestos. Por lo anterior, queda claro que el aumento en el multicitado padrón es consecuencia de incluir en la estadística a los que en los hechos ya estaban considerados como causantes, es decir, aquellos que a la hora de cobrar su salario se encontraban con la grata noticia de que las retenciones fiscales se habían aplicado.

¿Cuál era el reparto del peso fiscal al comienzo del calderonato? Al cierre de 2006 el número de contribuyentes activos localizados (ese es el término que utiliza el SAT) sumó 23 millones 941 mil, no sólo por la incorporación de asalariados al padrón, sino por las actividades de depuración de personas físicas y morales inscritas (de acuerdo con la misma fuente). De ese total, 53.3 por ciento eran asalariados, 42.4 por ciento personas físicas y sólo 4.3 por ciento personas morales.

Si se comparan los resultados de finales de 2006 con los de 2010 (hasta septiembre) queda claro que los únicos que han alimentado al padrón de contribuyentes son los asalariados, porque su participación en el inventario pasó de 53.3 a casi 62 por ciento del total entre una fecha y otra, mientras que la participación de las personas físicas se redujo de 42.4 a 34 por ciento y la de las personas morales de 4.3 a 4 por ciento.

Hasta 2003 cuando aún no incorporaban masivamente a los asalariados al padrón de contribuyentes (que de hecho estaban en él, porque a la hora de cobrar el salario los descuentos fiscales ya estaban aplicados), el SAT reconocía 9 millones 418 mil contribuyentes activos, de los que 91 por ciento eran físicas y el 9 por ciento restante personas morales. En 2004 comienza el registro de asalariados, lo que incrementa el padrón de contribuyentes a 12.33 millones. Y de allí en adelante el incremento a simple vista ha sido espectacular: de 9.4 millones al cierre de 2003 a casi 32 millones en septiembre de 2010, un aumento en el periodo de 22.5 millones de contribuyentes, de los que casi 20 millones corresponden al sector de asalariados.

¿Cuáles han sido los incrementos en el padrón de 2004-2010? Va: asalariados, 735 por ciento; personas físicas, 22.6 por ciento, y personas morales 31.84 por ciento. He allí la mejoría y la duplicación (Cordero dixit) presumida en Davos.

Las rebanadas del pastel

¡Acabáramos! Si el combate a la corrupción depende de la siempre veloz Secretaría de la Función Pública, entonces hay que comprar un mullido sillón: tardó cerca de cinco años en sancionar ilícitos detectados en 2006, y no fueron cacahuates, sino más de 6 mil 600 millones de pesos en perjuicio de Pemex. A ese ritmo, tal vez para el año 3000 decida investigar las corruptelas en, por ejemplo, la Comisión Federal de Electricidad.