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Instauran cátedra en honor del lingüista en la escuela del Rock a la Palabra

Lenkersdorf combinó canto y alfabetización con los tojolabales

La música fue el contacto de Carlos con esa comunidad; de ella aprendió la importancia de juntarnos, complementarnos, respetarnos como sociedad, expresa la compañera de vida del filósofo

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El grupo Sak Tzevul, cuyas letras están en tojolabal y tzotzil, durante el concierto que ofrecieron en la estación San Lázaro del Metro, en 2006Foto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Lunes 24 de enero de 2011, p. a16

¿Qué tiene que ver el rock con la filosofía tojolabal? ¿Porqué una escuela de música elige tener una cátedra en honor de un destacado filósofo lingüista?

La respuesta se fue dibujando durante la plática inaugural de la cátedra Carlos Lenkersdorf, el rock verdadero, tojol rock. La Escuela de Música del Rock a la Palabra reunió el viernes pasado a estudiantes que escucharon a sus maestros, quienes conocieron al filósofo, a ex alumnos de éste y a su compañera de vida, Gudrun Lenkersdorf.

Paulina Reyna y Armando López, alumnos de Lenkersdorf; Hebe Rosell, cantante y maestra de la escuela; el historiador Alberto Betancourt, y el músico Guillermo Briseño, director de la escuela, conversaron sobre la experiencia del lingüista con las comunidades tojolabales, y de cómo transmitió lo que aprendió por medio de sus clases y publicaciones.

Briseño conoció a Lenkersdorf luego del alzamiento zapatista. El músico fue a Chiapas, leyó una nota en La Jornada sobre él, que hablaba acerca de cómo las declaraciones de la selva lacandona iban en concordancia con la filosofía tojolabal. Lo buscó y se hicieron amigos.

Gudrun habló al final. Dijo que le da mucho gusto escuchar que se entienda, a partir de las enseñanzas de los tojolabales, a veces por transmisión del mismo Carlos, la importancia de juntarnos, complementarnos, respetarnos; y no, como algunos lo malentienden, formar una sociedad homogénea, sino todo lo contrario.

Una gran orquesta

Para Gudrun, la música siempre ha sido un ejemplo de eso, en específico, las orquestas: Cada uno toca su instrumento, pero necesita a los demás que ejecutan diferentes instrumentos, todos juntos producen un gran concierto. Para mí es un ejemplo de cómo hay que convivir en una sociedad, donde todos somos diferentes, todos tenemos dones que aportar, pero juntos, complementándonos.

Tik... tik... tik... fue una de las palabras que más se escuchó durante la plática. El tik, tik, tik que llamó la atención del filósofo lingüista cuando asistió por primera vez a una reunión tzeltal en los años 70. En aquella reunión no entendía ni jota, sólo notó que se repetía una y otra vez aquella sílaba, dice en un video que se trasmitió en la recunión. Contó que cuando preguntó qué quería decir, le respondieron, tik quiere decir nosotros. La palabra más frecuente de la lengua. Es el fundamento de la organización social política.

Luego narró que en alguna de las clases que impartía, los tojolabales le pidieron que les aplicara un examen. Les puso un problema y, sin hablarlo de antemano, de modo espontáneo, se levantaron, fueron a un rincón del salón y ahí hablaron animadamente, en busca de la solución. Después le explicaron: “‘Si hay un problema en la comunidad, nos juntamos, no lo resolvemos individualmente. Aquí somos 25. ¿Quién piensa mejor? ¿Uno o 25? ¿Cuáles ojos ven con más claridad? ¿Dos o 50?’ Me callaron la boca”. Le enseñaron que su método de educación es complementario, no competitivo. A diario nos dicen que México debe ser competitivo. No, debe ser complementario.

Después de escuchar todo esto, un estudiante de la escuela de música, sentado en una de las filas de atrás del salón pidió la palabra y con voz entrecortada dijo: Llegué orgulloso de ser soldado; ahora comprendo que eso no es un orgullo. Ahora comprendo el crimen que he cometido. Es la primera vez que me remuerde la conciencia. Doy gracias a Dios de que a pesar de que pasó mucho tiempo, me cayera el 20. Ahora comprendo que hasta un muerto es capaz de enseñarme más cosas que todas las personas que he conocido. Gracias, Carlos. Gracias, Briseño. Es la primera vez que dejo de ser yo y quiero ser tik.

Gudrun señaló: La música siempre acompañó a Carlos. De niño aprendió a tocar el piano y luego comenzó a estudiar música, pero se salió porque, dijo, estos músicos no saben hablar de otra cosa. Quería comprender a la sociedad, así que estudió humanidades. Desde ahí se entiende porqué mucho después Carlos se entendió tan bien con ustedes en esta escuela (formó parte del consejo consultivo), porque no sólo quieren hacer técnicamente buena música, sino entender la sociedad en que viven y para qué hacemos música.

Expresiones de los niños

Gudrun contó que cuando Carlos conoció a los tojolabales, muy pronto su contacto fue la música. Los tojolabales tenían pequeños radios, oían canciones en español y las repetían, aún sin entenderlas. Lenkersdorf les preguntó si tenían canciones en su lengua. Le respondieron que no. Entonces comenzó a hacer pequeñas canciones con expresiones que oyó entre los niños.

La historiadora Gudrun contó que los tojolabales siempre fueron grandes músicos, pero durante la Colonia les prohibieron usar instrumentos. Así que cuando Lenkersdorf comenzó a hacer pequeñas canciones, fue como una avalancha, todos comenzaron a componer. Se puso la letra en pequeños libros y hasta la fecha hay nuevas ediciones. Entonces había muy pocos tojolabales que supieran leer y escribir. Estos libros con el texto de los cantos sirvieron para aprender a leer en los cursos. Se combinaba la alfabetización con los cantos.

Lenkersdorf también ponía a cantar a sus alumnos en la Universidad Nacional Autónoma de México, recordaron los que estuvieron en la reunión.

“Hay que nosotrificarnos, complementarnos, respetarnos, trabajar juntos, unirnos y tener esperanza de que otra sociedad es posible”, lanzó Gudrun.

Fue tal el interés de los jóvenes, que Gudrun estaba a la puerta de su coche y los alumnos seguían hablando con ella.