Opinión
Ver día anteriorMiércoles 29 de diciembre de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Isocronías

Traspaso

L

a palabra inspiración, tan devaluada (y sin embargo a la vez tan prestigiada), no considero otra cosa quiera decir sino soplo en el alma del sentido del tiempo.

La poesía, al menos la de las palabras, que a tantos no parece sino parecerles un sinsentido, no es sino el sentido de lo que por lo general vivenciamos como caos.

¿Una vida, nada más, ordenada? Una vida armónica. Y lo armónico, se sabe, incluye la tensión, una tensión atenta, por supuesto, pero tensión.

Una tensión en cierto modo, por atenta, relajada.

El sentido de la vida, ¿tendrá sólo un sentido? ¿No será que más que una dirección es una irradiación?

Llegar al centro de esa irradiación, la del sentido de la vida, ¿es llegar a un centro?, ¿es llegar? ¿Es, al fin, pero sin fin, partir?

¿Un músico perdido en la música?

¿Por bueno o por malo?

Mejor: un músico vuelto instrumento de la música, vuelto (siendo lo que es:) música.

Todos sabemos que cuando la música se acaba es que (¿en verdad?) comienza.

Toda ignorancia limpia se abre a lo que no se sabe, y así, pudiera ser, llega a saber que lo que era ignorancia puede hacerse inocencia –sabiduría del que no sabe.

Hay en todo poeta, si de verdad poeta, esa sabiduría. Se trata (asunto muy sabido) de un regreso: borrón sin cuenta nueva. Las cuentas ya están hechas –todo está escrito.

Poesía es lo que queda después de que lo poético se ha ido.

Lo poético: el afán, el gusto, la intención (buena, mala, regular y anexas), el estilo, las formas, el rechazo a las formas, la emoción, el sentimiento…: lo que de todos modos pasará, se irá.

Cuando la palabra se excede a sí misma (pero se trata de un excedente, no de un exceso) la poesía, que siempre ha estado ahí, se hace patente.

¿Y el sentido? Traspasa.