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Todavía no decidimos cómo invertir el monto del premio nacional, expresa Faustina Díaz

Estoy contenta de ser tejedora; mi corazón está tranquilo

Donde se vende bien es en la ciudad de México, dice la presidenta del grupo de artesanas indígenas

Ojalá después del galardón vengan más compradores a San Andrés Larráinzar, pide Pascuala Ruiz

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De regreso a San Andrés Larráinzar, Pascuala Ruiz Ruiz muestra el diploma y la presea del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010 en el rubro de tradiciones populares, junto con varias compañeras: Cristina Hernández López, Cristina Hernández Hernández, la niña Ana Cristina, Abigail Hernández Gómez y su hijo Kevin Adrián López Hernández, del grupo de tejedoras de esa comunidad de ChiapasFoto Moysés Zúñiga
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 13 de diciembre de 2010, p. 6

San Andrés Larráinzar, Chis., 12 de diciembre. Más que el beneficio directo de los 600 mil pesos que recibieron por el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el rubro de tradiciones populares, los once grupos integrantes de Tejedoras de San Andrés Larráinzar esperan que el reconocimiento se traduzca en el incremento de ventas, pues el parador que tienen en este lugar es poco visitado.

Si no fuera porque nos invitan a ir a vender a la ciudad de México, a Monterrey o a Aguascalientes, nos quedaríamos con la mercancía en el parador, afirma Pascuala Ruiz Ruiz, quien hace 18 años fundó la agrupación que ahora abarca cinco grupos que suman 60 mujeres tejedoras indígenas.

Ojalá después de este premio y la publicidad que se está haciendo vengan bastantes compradores, porque la situación está un poco difícil y son los únicos ingresos que tenemos para mantener a nuestros hijos y comprar un poco de los alimentos, agrega en entrevista la mujer de 52 años, quien tuvo 10 hijos, seis varones y cuatro mujeres.

Sí, son muchos hijos, dice riendo, y agrega que no recuerda cómo surgió la idea de organizarse hace 18 años para vender las artesanías que elaboran, principalmente textiles.

Tal vez fue por la necesidad. Quería vender y junté a las mujeres. Ha funcionado porque muchas se dedican a trabajar así y están contentas.

Cuando se inició el grupo aglutinaba alrededor de 300 mujeres indígenas de una decena de comunidades de este municipio tzotzil ubicado a menos de una hora de San Cristóbal de Las Casas, pero se dividió y ahora son 140. Cada quien agarró su rumbo.

Pascuala Ruiz asevera que desde hace unos cinco años las autoridades estatales les construyeron un parador en la entrada de la cabecera municipal, junto a un hospital y al campamento que desde 1994 tiene el Ejército en San Andrés, sede de los diálogos entre el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1995 y 1996.

El parador, denominado Pasluchetic (bordadoras, en tzotzil), tiene varios locales, pero sólo están ocupados seis por igual número de grupos de tejedoras; es atendido por cinco o seis mujeres, que mientras esperan la llegada de clientes bordan o hacen brocados en las piezas.

La mayoría de las integrantes de la agrupación trabajan en sus casas y cuando terminan las piezas las traen a los locales de sus respectivas organizaciones, donde se encuentran huipiles, tapetes, telares, faldas, bolsas, vestidos y manteles.

En este municipio son muchos los grupos que se dedican a esta labor y venden sus productos aquí, en San Cristóbal o en otros lugares.

Faustina Díaz Díaz, presidenta de las Tejedoras de San Andrés, afirma que en este y otros municipios las mujeres tejen y bordan por tradición y por necesidad, pero también porque es un trabajo que propicia paz espiritual durante las horas que pasan sentadas.

Estoy contenta de ser tejedora, mi corazón está tranquilo, además de que así conservamos nuestras costumbres y tradiciones, manifiesta la presidenta del grupo, quien por motivos de salud no pudo viajar a la capital del país para asistir a la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales de Ciencias y Artes.

Comenta que todavía no han decidido cómo van a invertir los 600 mil pesos del galardón. Nos vamos a reunir para pensar qué vamos a hacer.

Pascuala Ruiz Ruiz dice que ganaron el premio –el cual comparten con artesanos de Baja California– con un huipil y unas bolsas.

Elaborar un huipil de colores negro y rojo les lleva dos meses y lo venden en 950 pesos en el parador que tienen en este lugar.

Manifiesta que, como a las demás mujeres tejedoras, a ella le gusta bordar –lo hace desde hace más de 40 años–, porque es la ropa que usamos todos los días, pero también por la necesidad de ganar un poco de dinero.

Concluye: “Cuando bordo siempre pienso si voy a vender la pieza que estoy haciendo; poco a poco va saliendo la mercancía, pero hace falta venta.

Donde se vende bien es en la ciudad de México, pero esperamos que con el premio las personas se acerquen a nuestro parador en San Andrés.