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A la mitad del foro

Envilecer la cosa pública

C

omo la crisis económica del desastre, vino de fuera Wikileaks. La filtración de 250 mil documentos ha exhibido el viejo cinismo de la diplomacia y la moderna fragilidad de los secretos imperiales. Y de paso, el pasmo, la sumisión de quienes mal se ocupan de gobernar nuestra República y tanto se preocupan por defender el accionar de Washington y los informes del procónsul que exhiben el desarreglo con el que enfrenta nuestro gobierno el crimen organizado, así como a los funcionarios desorganizados y desquiciados que parecieran incapaces de distinguir entre seguridad pública y seguridad nacional.

Felipe Calderón desestima el impacto de las revelaciones y responde vía Twitter desde Argentina, donde asiste a la vigésima Cumbre Iberoamericana. La cancillería defiende a los informadores proconsulares y la secretaria Patricia Espinosa recita un breviario: Los cables diplomáticos constituyen información de carácter interno que forma parte de una práctica permanente y usual de las representaciones de reportar parcialmente contenidos sobre lo que acontece en los lugares de destino. Sí, pero éstos se hicieron públicos para vergüenza de unos y gran disgusto de Hillary Clinton en el Departamento de Estado.

Que el Estado mexicano está plenamente vigente y en control del territorio, declaró solemnemente Alejandro Poiré. Y para confirmar su dicho proclamó que el censo poblacional de 2010 abarcó 99.96 por ciento de los más de 2.4 millones de manzanas y localidades donde habitan las familias mexicanas. Las que pedirán posada en estos días en conmemoración de los peregrinos que volvían a sus lugares de origen para cumplir órdenes de Roma y permitir que el procónsul enviara su informe al César. Pero el señor Poiré hubo de apoyarse en la revelación de que unos momentos antes el ex subsecretario de Gobernación, Gerónimo Gutiérrez, negó categóricamente haber manifestado a funcionarios de Estados Unidos que el gobierno mexicano corre el riesgo de perder el control en varias zonas del país.

De Gobernación dan la voz de alarma: ya no hay tiempo para afianzar las instituciones; cunde el miedo y es vital que haya más cooperación con Estados Unidos. Habla un funcionario mexicano y su pedido de auxilio se traduce en informe diplomático de carácter interno. Lo niega el subsecretario Gutiérrez. Pero el alud de datos de Wikileaks desnuda la dispersión de mando nacional y la sumisión de los encargados de las agencias de seguridad pública y nacional que, en ausencia de un mando único, rinden informes y acatan instrucciones de los agentes de la potencia vecina que deciden si ha de ejecutar un operativo el Ejército o la Armada.

Tendríamos que agradecer a Wikileaks y a los diarios que han desmenuzado el abundante material para poder separar las anécdotas y chismes intrascendentes de los datos duros. Dice el informe proconsular que por desconfianza histórica la Secretaría de la Defensa se ha mantenido cerrada para nosotros. . . (pero) Por primera vez, siguiendo el ejemplo de la Marina, ha solicitado capacitación. Necesitamos capitalizar estas rendijas en la puerta, concluye. Del general secretario, Guillermo Galván, dicen que es una impresionante figura militar. Por ningún motivo debemos tolerar que por esa rendija se cuele la menor sospecha. El Ejército de la Revolución Mexicana, garante de la paz interior, ha cumplido la norma constitucional y ha sido leal al mando civil. La última asonada militar que hubo en México fue en 1929. Parece ignorarlo la derecha de la desmemoria histórica, empeñada en negar los logros de la Revolución y el poder constituido.

El general Galván propuso al presidente Calderón apelar al artículo 29 constitucional y declarar la suspensión de garantías en varias regiones. Decretar el estado de excepción, dicen los documentos secretos del Departamento de Estado. Nuestras normas hablan de suspensión de garantías y eso propuso el secretario de la Defensa, porque a su juicio eso daría una cobertura legal más sólida a los militares en su lucha contra el crimen organizado. En varios discursos manifestó, ante el Presidente de la República, la necesidad de amparar legalmente la acción militar en la guerra contra el crimen organizado. No hubo respuesta. Aquí, A la mitad del foro, se ha dicho con insistencia que se ha instaurado el estado de excepción de facto, que para declarar la suspensión de garantías el titular del Poder Ejecutivo tiene que acudir al Congreso y solicitar la autorización del Poder Ejecutivo.

Por las filtraciones venidas del exterior nos enteramos que en reunión que sostuvo con Dennis Blair, director de Inteligencia de la Casa Blanca, el general Galván propuso la suspensión de garantías. Y que más tarde se reunió Fernando Gómez Mont, entonces secretario de Gobernación, con el mismo Dennis Blair y desestimó la propuesta del general Galván. La decisión de la Suprema Corte de respetar el fuero militar era suficiente, expresó. Se impuso un criterio de litigante, por no decir de abogado huizachero, en asunto de enorme gravedad. Criterio que coincidió con el pragmatismo del imperio vecino: ... los beneficios de invocar el estado de excepción son inciertos, mientras el costo político es alto, concluye el informe.

Duro, sin concesiones, es el lenguaje diplomático cuando se utiliza en informes secretos. Felipe Calderón, tan elogiado por el valor de enfrentar al crimen organizado, aparece en ellos como un hombre a la deriva, sujeto a las presiones de su propio temperamento y a las de subordinados ineficientes, timoratos o voraces, siempre aferrados a su parcela de poder, incapaces de confiar en sus compañeros de gabinete, de equipo de trabajo. Quizás, como lo anticipara Carlos Castillo Peraza, por no confiar en sí mismos. Que carece de inteligencia el gobierno para combatir esa guerra, dicen los enviados del imperio. Pero no de voluntad para defender a la diplomacia exhibida por las filtraciones; cínica, descarnada. Los vientos del norte exhiben la degradación política.

Empezó la campaña de los aspirantes a la sucesión presidencial. Los políticos de hoy solamente conjugan el verbo madrugar, igual que los del régimen que nunca cambiamos, pero que según Felipe Calderón amenaza con volver a imponer el autoritarismo que nada más cambió de piel. Le declaró la guerra al PRI, aseguró que impedirá el retorno de los brujos.

Beatriz Paredes respondió diplomáticamente, pero como si fuera informe secreto. Francisco Rojas y la fracción priísta de la Cámara de Diputados, apoyados en cifras oficiales, desmintieron todo lo dicho, palabra por palabra: No se pueden seguir distorsionando los hechos con un triunfalismo que no se compagina con la realidad en que vivimos, expresó Francisco Rojas.

Aprueben mis reformas o niéguense públicamente a hacerlo. A la exigencia del Presidente en campaña, Manlio Fabio Beltrones respondió con ironía lapidaria: es confusión de Calderón y sus asesores, propone que le aprobemos iniciativa preferente, cuando esto ya lo hicimos en julio de 2008.

Calderón es un mitómano, dijo López Obrador; que pruebe el cargo de que el venezolano Chávez financió mi campaña. Y faltan los gobernadores; tres protagonistas de la pluralidad a prueba tomaron posesión en Aguascalientes, Oaxaca y Veracruz. Y los consejeros del PAN, de cuño calderonista, eligieron ayer al nuevo dirigente del partido en el poder.

Sigue la guerra y llega el fin del pasado.