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El artista recibirá un homenaje en la UNAM por su aportación a la cultura nacional

La caricatura, medio espléndido para comunicar: Rogelio Naranjo

Después de la matanza de Tlatelolco, el gobierno aprendió a respetar a los periodistas, afirma

La computadora cocina, de manera artificial, un dibujo que no tiene sabor, dice a La Jornada

Foto
Rogelio Naranjo en su estudio, durante la entrevista con La JornadaFoto Guillermo Sologuren
 
Periódico La Jornada
Viernes 5 de noviembre de 2010, p. 3

En 1968 me di cuenta de que la caricatura era un medio espléndido para comunicarme, para tener una actividad política, para provocar, afirma Rogelio Naranjo (Morelia, 1937).

El caricaturista recibirá el lunes 8 de noviembre un homenaje de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de una agrupación fantasma que se llama amigos de Naranjo, pero creo que no son muchos, bromea.

El acto donde el artista será reconocido por su aportación a la cultura nacional y su obra, que constituye uno de los patrimonios artísticos más valiosos de México (como explica la invitación de la máxima casa de estudios), se realizará al medio día en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en el Centro Histórico.

Se espera que el rector José Narro haga un importante anuncio respecto de la obra reunida de Rogelio Naranjo.

El oficio de una vida

En entrevista con La Jornada, Rogelio Naranjo habla del oficio de su vida, ése que prefirió por encima de sus aspiraciones de pintor: “si hubiera sido alguien como David Alfaro Siqueiros o Diego Rivera, a lo mejor me habría dedicado a la pintura, pero un día dije ‘a volar, esto no sirve, ¿a quien le interesa?’ Me di cuenta que la caricatura, aunque es un género menor, si se quiere, era ideal para comunicarse con las personas, y me ha dejado grandes satisfacciones. He tenido mis altas y mis bajas, pero me encanta”.

Naranjo recuerda que, de niño, los monitos de los domingos como Ivanhoe, El Príncipe Valiente y Mandrake el Mago, que leía en los periódicos, lo inspiraron a realizar sus primeras historietas, en las cuales sus amigos eran los protagonistas; los villanos, por supuesto, eran los maestros de su escuela. Explica que no conserva ese material, porque no valía la pena.

El maestro Naranjo estudió pintura en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En Morelia hizo algunos dibujitos para el diario La Voz de Michoacán, pero nunca le dieron oportunidad de publicar sus tiras. Luego, en cantinas y billares ofrecía sus retratos, siempre con la voluntad muy firme de aprender el oficio de dibujante y vivir de eso, añade.

Ya en la ciudad de México tuvo una exposición, en la cual le compraron un par de cuadros e intentó vender, con poco éxito, su obra en el jardín del arte de la calle Villalongín.

En los años 60 del siglo pasado, Naranjo publicó su primer cartón. Los directivos de El Gallo Ilustrado, suplemento cultural del periódico El Día, se entusiasmaron con su trabajo: un dibujo a propósito de una muestra de cine por el que recibió 75 pesos y en el cual plasmó, de memoria, a varios cineastas, entre ellos Fellini, un gordo cachetón y grandote, así como a unas encueratrices de las que siempre salían en las películas. Lo publicaron a mitad de plana y dije ¡qué padre!, esto ya me está gustando.

Reconoce que el gran hallazgo en su vida fue la amistad con Julio Scherer, Carlos Monsiváis, Heberto Castillo y de muchas personas respetables con las que me da gusto haber tenido un diálogo, aunque sea una vez en la vida. Ser caricaturista me ha dado muchas satisfacciones, he ganado el aprecio de los lectores y he tenido suerte, porque desde un principio me gané el respeto y afecto de los directores de los periódicos.

–¿A cuántos presidentes ha hecho enojar con sus cartones?

–Pues, que yo sepa, desde que empecé a dibujar, a todos. Pero enojar de aventar los dibujos ya impresos al suelo. Uno fue Miguel de la Madrid. Desde luego, a José López Portillo, pero él era muy caballeroso, tenía más cultura que los otros, entonces lo tomaba por el diálogo. Con algunos de ellos he estado personalmente, pero siempre me hago el que no mata una mosca, porque ¿qué voy a discutir con el mero mero?

Más de 10 mil cartones

Naranjo señala que antes de llegar a la Presidencia, Felipe Calderón “tenía cara de niño, de ésos que no maduran en sus acciones. Siempre tenía un aspecto de santurrón, panista, finalmente. Me costó trabajo, me salía muy diferente de un dibujo a otro. No me preocupaba, pues Zedillo, en algún tiempo, me costó también trabajo dibujarlo.

“Luego, Felipe se fue quedando pelón, con la boca de labios muy carnosos, empecé a pescarle los rasgos y creo que en algunos dibujos ya me sale muy parecido. Pero, cuando empiezo a dibujarlos, a todos los veo muy feos.

“La caricatura los ridiculiza y es algo que no soportan, porque todos tienen una apreciación de sí mismos como si ya estuvieran en el Olimpo; piensan que son intocables, buenos. Los políticos en México creen que son benéficos e imprescindibles, los de antes y los de ahora, tienen un ego impresionante. Entonces, cuando hacemos dibujos en los que los ridiculizamos, pues imagínate. Pero han aprendido a aguantarse, ya no les queda de otra, así es en todo el mundo.

Ésa es una de las grandes conquistas del movimiento estudiantil de 1968: el gobierno y los políticos andan más con pies de plomo, miden las cosas. No se atreven después de esa matanza que los dejó como lazo de cochino. Aprendieron a respetar un poco a los periodistas y caricaturistas. En provincia no sucede lo mismo que en el DF, es una tristeza. Allá los matan, los persiguen y les quitan el trabajo.

–¿Cuántos cartones ha realizado, lleva la cuenta?

–Sí, claro, son 10 mil 300 y pico. Deberían ser más, cerca de 20 mil, pero he vendido muchos, otros me los han robado y otros los he desechado porque no valen la pena, no son dibujos en los que haya tenido un acierto.

–¿Cómo ve a las nuevas generaciones de caricaturistas?

–Van a tener que darse frentazos, porque se apoyan demasiado en las computadoras. En ellas se pierde el original, que es lo que uno dibuja en un papel cualquiera, con tinta o lápiz. La computadora cocina, de manera artificial, un dibujo que no tiene sabor.

Naranjo dice con molestia que estos días se encuentra flojeando, pues debido a la enfermedad de mácula degenerativa que padece en los ojos no puede ni leer, una de sus actividades predilectas, claro, después de dibujar.

Es un infierno, reitera. No obstante, está en tratamiento y a la espera de que surta efecto el medicamento que se inyecta en el ojo.

Aún le falta, concluye, caricaturizar los años que le restan a Calderón para terminar su sexenio, y lo que venga.