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Los festejos, a reflexión

Las conmemoraciones por los centenarios son una catástrofe total: Carlos Aguirre Rojas

Paradójico: Calderón tendrá que celebrar a sus enemigos históricos

De pésimo nivel, los libros publicados este año por la AMH y la SEP: ignoran al pueblo, protagonista de la Independencia y de la Revolución, señala el académico de la UNAM

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Aguirre es docente de la ENAH y autor de Contrahistoria de la Revolución MexicanaFoto Guillermo Sologuren
 
Periódico La Jornada
Viernes 3 de septiembre de 2010, p. 4

La conmemoración de los 200 años de la Independencia y los 100 de la Revolución han colocado a Felipe Calderón en una paradoja de lo más interesante: es miembro del PAN, partido conservador, que tiene que festejar dos movimientos en contra de grupos conservadores: la monarquía española, en 1810, y la dictadura porfirista, en 1910; tiene que celebrar a sus enemigos históricos, a los que aniquilaron a sus ancestros ideológicos.

Pero lo más asombroso para Carlos Antonio Aguirre Rojas –académico adscrito al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México– “es la similitud entre el momento histórico que vivimos hoy con los que había en vísperas de 1810 y 1910: en los tres momentos hay una fractura y crisis de la clase dominante a nivel político: en 1810, los peninsulares perdieron punto de interlocución con los criollos; en 1910, Porfirio Díaz y los científicos perdieron contacto con el grupo representado por Francisco I. Madero, y ahora Calderón, que representa a un sector de las clases dominantes, se enfrenta a Andrés Manuel López Obrador que, desde mi punto de vista, no representa al pueblo, sino otro proyecto de las propias clases dominantes; de modo que el Porfirio Díaz actual es Calderón y el Madero actual sería López Obrador, mientras el equivalente del zapatismo y del villismo es la otra campaña que promueve el Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Inminente estallido social

Aguirre Rojas –docente de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y director de la revista Contrahistorias, la otra mirada de Clío; su libro más reciente es Contrahistoria de la Revolución Mexicana– abunda en su observación: “Creo que están dados todos los ingredientes para un nuevo estallido social de grandes proporciones, no importa si es en 2010, en 2011 o 2012; se trata de una fecha histórica, no cronológica; es como una obra de teatro que se representa por tercera vez en la historia de México, a menos que cambiemos el script, que es lo que propone la otra campaña, para que en lugar de una revolución de 10 años que quite a A para poner a B, construyamos algo nuevo de manera pacífica”.

En ese contexto hay que entender por qué ni el gobierno de Calderón ni la academia han generado un verdadero debate historiográfico de cara al bicentenario y al centenario, y por qué las conmemoraciones son una catástrofe total: lo que hay es una disputa por la nación que empezó con Vicente Fox, el cambio del PRI por el PAN significó el desplazamiento de un sector, por así decirlo, liberal de la clase dominante, por uno ultraconservador, lo que a su vez provoca una disputa por la versión de la historia que esta clase dominante quiere imponer a las clases populares.

Carlos Aguirre distingue dos productos de pésimo nivel académico resultantes de la mencionada disputa: el libro Historia de México, publicado este año por la Academia Mexicana de la Historia (AMH) con un tiraje de 250 mil ejemplares y coordinado por la directora de la institución, Gisela von Wobeser, y la redición de Viaje por la historia de México, de Luis González y González, con un tiraje de 2 millones 430 mil ejemplares, a cargo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Comisión Nacional de Libros de Texto Grauitos (la primera edición fue de Editorial Clío).

De acuerdo con el entrevistado, ambos libros –prologados por Felipe Calderón– ofrecen una visión vieja y conservadora según la cual la historia la hacen los héroes y caudillos, e ignora al protagonista fundamental tanto de la Independencia como de la Revolución: el pueblo.

En ese sentido, son parecidas la visión de la historia oficial promovida por el régimen priísta y la que han impulsado los gobiernos panistas: son maniqueas, la diferencia es que en la primera los buenos son Hidalgo, Morelos, etcétera, mientras en la segunda se intenta reivindicar, por ejemplo, a Antonio López de Santa Anna o a Porfirio Díaz.

Les falta mucho rigor

Hacía falta someter la visión del PRI a una revisión crítica y actualizarla, decir que Hidalgo y Morelos no eran impolutos; pero el PAN ha impulsado una versión tan maniquea como la anterior, aunque en sentido contrario.

Tanto a Historia de México como a Viaje por la historia de México –reitera Carlos Aguirre– les falta mucho rigor. En el primer caso, por ejemplo, en el capítulo sobre la Independencia el pueblo sólo aparece como una chusma violenta, sin sentido, son siete personajes, los grandes hombres, quienes la hacen: no se abordan los procesos económicos, sociales, políticos y culturales sin los cuales no se entiende la revolución de Independencia.

Para entrar en detalles, se dice que hacia 1820 todo el virreinato ya estaba pacificado, y un año después se declara la Independencia; ¿cómo es posible?

Lo que no se explica es que el movimiento tiene altas y bajas, pero que la insatisfacción del pueblo es tan grande que mantiene una continuidad que hace posible el triunfo de la causa independentista de los grupos liberales.

El mismo enfoque se da a la Revolución: Según este libro, el que la hace y desencadena es Madero; los campesinos, los indígenas, los obreros no aparecen por ninguna parte.

Después, de repente, llegan Huerta, Carranza y todos los caudillos, pero vuelven a estar ausentes los factores políticos y económicos, fundamentales para explicar el levantamiento: Había un recambio, Madero representaba a la burguesía agraria que estaba harta de los grupos de burgueses atrasados que dominaban el centro del país, que ni siquiera tenían una lógica capitalista.

Si no se distingue –enfatiza Carlos Aguirre– lo que cada caudillo representa, no se entiende nada. En el libro coordinado por Gisela von Webeser, otra vez se señala a Ricardo Flores Magón como precursor y antecedente de la Revolución, cuando fue, en realidad, uno de los protagonistas fundamentales, representa a la incipiente clase obrera que ya existía en México, hace y difunde una periódico a escala nacional, después retoma sus ideas Emiliano Zapata y el propio Carranza, aunque adulteradas.

Algo similar ocurre con Viaje por la historia de México, con esa visión de la historia –explica el investigador– que asigna papeles para que todo quepa en una visión unitaria del país en la que todos se dan la mano, y deja de lado que Flores Magón, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Carranza, cada uno, representaba proyectos muy distintos de país. Es el mito oficial que impuso el grupo del norte que gobernó hasta que fue desplazado por Lázaro Cárdenas.

Lecciones de la Revolución

Obligado a conmemorar el centenario y el bicentenario –asegura Aguirre–, Felipe Calderón buscó historiadores (la mayoría del Colegio de México) promotores de una visión conservadora de la historia, con los parámetros más atrasados, que siguen sosteniendo que la historia sólo la hacen los grandes hombres.

–En todo caso, ¿que lecciones dejaron ambos movimientos?

–Me voy a referir a la Revolución: todo lo que fue México a lo largo del siglo XX se establece gracias a la Revolución, aun derrotada en su vertiente popular y campesina, es tal su fuerza cultural que alimenta un fenómeno tan importante como el muralismo; aun derrotada, la Revolución tiene la potencia para reorientar a la Universidad Nacional, nacida en el porfiriato, para convertirla, por su composición social, en la más popular de América Latina y en mecanismo de movilidad social.