Opinión
Ver día anteriorDomingo 29 de agosto de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Despropósito urbano
Y

a hemos hablado del Monumento a la Revolución y ahora volvemos al tema, para continuar recordando la historia de las construcciones que se han erigido por las efemérides de la Independencia y la Revolución.

En lo que se refiere a este monumento, lamentablemente también tenemos que mencionar el despropósito que está llevando a cabo el gobierno de la ciudad, al insertarle justo en medio del gran espacio que le imprime majestuosidad, una agresiva estructura que va a albergar un elevador. El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos, por sus siglas en inglés) y tres organismos nacionales han denunciado este nuevo atentado al patrimonio. Es increíble que Bellas Artes no la haya cancelado ya que, como explican los especialistas, degrada la obra y rompe totalmente con la armonía del espacio.

Nos gustaría conocer la opinión de su autor, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia, quien tanto luchó para lograr que se realizara el proyecto, seguramente se volvería a morir. Recordemos un poco de su historia: en 1897 el régimen que encabezaba Porfirio Díaz emitió una convocatoria internacional para la construcción de un nuevo recinto, que albergaría el palacio legislativo federal. Después de varios concursos fallidos, finalmente en 1903 se convocó en París a un nuevo concurso, en el cual, no obstante haber participado el arquitecto mexicano Emilio Dondé con un magnífico proyecto, le fue otorgado al francés Emile Bernard, quien propuso una enorme edificio en estilo renacentista francés, muy parecido al capitolio de Washington, que estaría cubierto de mármol italiano, granito de noruega y adornada con esculturas de símbolos griegos.

A partir de esa fecha y durante seis años, se hicieron estudios para la cimentación y construcción, que culminaron en el levantamiento total de la estructura metálica y.... ahí quedó. Al iniciarse el movimiento revolucionario las obras se paralizaron y los extranjeros salieron en estampida, junto con los porfiristas que se fueron al exilio. Así permaneció el gran esqueleto de fierro desde 1911 hasta 1928. En ese lapso muchos de los materiales que ya se habían comprado se utilizaron en otras obras; por ejemplo, los leones de bronce que custodiarían la entrada principal fueron colocados a la entrada del Bosque de Chapultepec, el águila de lamina de cobre que coronaría la cúpula central pasó a la pirámide del Monumento a la Raza y algunas esculturas se colocaron en el Palacio de Bellas Artes.

En esos 17 años hubo múltiples discusiones sobre el destino que debería darse al monstruo inconcluso, que incluían la de su desmantelamiento; finalmente el arquitecto Carlos Obregón Santacilia convenció al presidente Plutarco Elías Calles de que se adaptara para convertirla en el Monumento a la Revolución, como símbolo de la fuerza transformadora de nuestra sociedad.

Ya habíamos mencionado que es interesante conocer como con frecuencia, atrás de grandes proyectos está el sueño personal de un hombre. El arquitecto Obregón Santacilia nació y creció en la calle de Vallarta, aledaña a la abandonada estructura; ella fue su lugar de juegos infantiles y sueños adolescentes, a ella le atribuye haber estudiado arquitectura.

Así, cuando se enteró de que iba a ser destruida, luchó por salvarla y la rediseñó para ser lo que ahora vemos, que se ha convertido en uno de los símbolos citadinos. Atrás del proyecto estaba el espíritu nacionalista que impulsó tantas obras de toda índole en esos años. El antiguo estilo renacentista se modificó al de moda Art Decó, que tan bien se adaptaba al arte prehispánico. Los materiales utilizados fueron totalmente mexicanos.

Con eso terminamos para irnos a la pausa gastronómica. A unos pasos del agredido monumento, en la esquina de Reforma y avenida Juárez, se encuentra el Hotel Meliá que tiene el restaurante Miró, con vista a la escultura de El Caballito, de Sebastián. Decorado con alegres reproducciones de la obra del pintor catalán, ofrece sabrosos bufetes en el desayuno y en la comida.