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El trazo vigoroso y el exaltado colorido caracterizan su obra con el pincel

Muere el pintor Phil Kelly; hizo del DF su leitmotiv estético

Era experto en ocultar, porque la autoridad siempre le pareció abominable, compartió a la traductora y poeta Pura López Colomé

Los restos mortales del artista fueron cremados ayer

 
Periódico La Jornada
Miércoles 4 de agosto de 2010, p. 4

El pintor de origen irlandés Phil Kelly (Dublín, 1950), naturalizado mexicano en 1999, falleció este martes a las 0:45 horas, debido a una afección hepática, informó a La Jornada Ruth Munguía, viuda del artista que el próximo 7 de septiembre cumpliría 60 años.

Autor de una obra recargada, de trazo vigoroso y exaltado colorido, Kelly llegó por primera vez a la ciudad de México en 1982, supuestamente a raíz de haber echado un volado para elegir entre esta ciudad o París.

Siete años después decidió quedarse a vivir, para entonces la urbe se había convertido en su tema principal. También cultivó el desnudo femenino y el bodegón.

Cuando Phil Kelly tenía tres años de edad, su familia se mudó a Inglaterra. La traductora y poeta Pura López Colomé escribió: “Según las apariencias, era un buen estudiante que, en realidad, a los 14 años vaciaba la mitad de su cantimplora de agua de naranja para llenarla de vodka y entumecer el dolor de una vocación suspendida. ‘Era experto en ocultar’, me contó, y todo porque la autoridad siempre le pareció abominable”.

Ansiaba irse a otro lado, deseo que concretó en 1967 al enrolarse en las filas del Brathay Exploration Group y viajar a Kenia. En 1970 asistió a la Universidad de Bath, Inglaterra, donde estudió educación especial. Tres años después vivió en Portugal, donde trabajó como profesor de inglés hasta la Revolución de los Claveles, en 1974.

Trabajar como chofer de camiones, lechero, panadero, guardabosques y peón de granja le dio tiempo para pintar. También impartió clases de dibujo en cárceles de mujeres.

Fugaz aparición en cine

Al llegar Kelly a México, López Colomé apunta que de 1983 a 1985 no hizo más que dar tumbos, de clase en clase, de trabajo en trabajo (incluso le consiguieron un papel de relleno en una película con el ahora famoso Sean Penn, que se estaba filmando en los estudios Churubusco: El juego del halcón, en la que haría el fugaz papel de embajador noruego).

Con el temblor de 1985 de por medio, lo obligaron a regresar a Gran Bretaña. La decisión de volver a México, a finales de esa década, fue producto del hartazgo, de la asfixia tan conocida y confirmada que le causaba la vida inglesa.

Foto
Phil Kelly en su estudio, en imagen del 8 de agosto de 2008Foto Fabrizio León

Al año de su regreso, el crítico de arte José Manuel Springer lo encontró ya plenamente establecido en México como pintor y participando en un proyecto que llevó por nombre La Toma de Balmori. Con un morral de piel al hombro, cargando sus pinceles y pinturas, sombrero de manta, lentes y siempre con una gran sonrisa, Phil se montaba sobre el andamio y trabajaba sobre la pared de ladrillo con la que se tapió una ventana sobre la calle Orizaba. Por aquel entonces, la ciudad se había convertido en su tema principal.

En 1991 realizó su primera exposición individual en México, Ciudad inédita, en el Polyforum Cultural Siqueiros. Apenas un lustro después expuso en forma individual con el título Babel descifrado, en el Museo de Arte Moderno.

Su muestra titulada La ciudad y sus iconos, efectuada en 2003 en el Museo de la Ciudad de México, incluyó una sala que recreaba el taller caótico y desordenado de Kelly, ubicado en la plaza Melchor Ocampo, adonde llegaba todos los días a pie desde su casa, en la colonia Verónica Anzures.

Hace tres años Kelly sufrió una intoxicación que lo mantuvo varios meses en cama: Todo el mundo me decía que tenía que pintar en acrílico y usar guantes, pero pinto al óleo. Así es, es mi vida. Aunque reconoció que pintaba ya menos con los dedos (La Jornada, 23-03-09).

Indagado al respecto, contestó: Aparte de los olores de la trementina, mi estudio está situado en la calle de Nazas y el Circuito Interior, entonces está sujeto a la contaminación del tránsito. Tampoco ayuda, pero es la vida.

Kelly no se quejaba, al contrario, reiteraba que este oficio fue nuestra elección. Queríamos ser pintores. Pasé tantos años trabajando como lechero, matador de pavos, panadero y chofer de camiones. Todo el mundo me decía que nunca podría sobrevivir como pintor.

Los restos de Phil Kelly fueron velados en el Panteón Francés, de Legaria, y ayer mismo cremados.

Al pintor le sobreviven su esposa Ruth Munguía y sus hijas Ana Elena y María José.