Opinión
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Jazz

Paulo Moura (1932-2010)

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aulo Moura murió la noche del 12 de julio. En tres días hubiera cumplido 78 años, pero el cáncer no entiende de esto y no le dio más tiempo. Con él, con su aliento, con su clarinete transparente y su sax alto, se cierra una de las más grandes páginas de la música brasileña; y mira que en Brasil se han escrito muchas de las más grandes páginas de música universal.

A pesar de la manifiesta versatilidad que lo llevó a navegar por igual en los terrenos de la música sinfónica y en los diferentes esteros de la música popular, Paulo Moura es recordado particularmente como uno de los mejores exponentes del jazz brasileño. Durante un buen rato se dedicó a acompañar a íconos como Ary Barroso, Elis Regina y Milton Nascimento –incluyendo ciertos escarceos con el mainstream de Sergio Mendes–, pero a partir de 1956 decidió mirar más hacia dentro y empezó a contar su propia historia. Ésta quedó grabada en más de 30 discos de larga duración.

En los diferentes boletines y obituarios que han circulado estos días, se insiste en la mención de Pixinguinha: Paulo Moura e os Batutas, el álbum con el que ganó un Grammy en el año 2000. Pero Moura es mucho, muchísimo más que el ganador de un premio cada vez más abaratado. Es la conjunción de un sinfín de músicas que cambian los acentos y se incrustan con elegancia en el ser del choro y el nordestino y el samba y la bossa nova; es la gramática del jazz en un intenso y sereno contubernio con las raíces y los compases cariocas.

Aunque habrá que mencionar que, curiosamente, las percusiones no fueron nunca una preocupación central en la hechura de sus temas. De hecho, en varias ocasiones el maestro se presentaba acompañado solamente por un guitarrista o un pianista (pero por guitarristas como Yamandú Costa, Heraldo do Monte o Turibio Santos, o bien por pianistas de la talla de Artur Moreira Lima y Clara Sverner (veterana brasileña más cercana a la academia). En su interpretación, por ejemplo, de La paloma (sí, la del burro flaco), Moura es la suavidad absoluta a dúo con Costa, mientras que para la misma pieza, hará medio siglo, Charlie Parker utilizaba todo un arsenal de cueros, maderas y metales percutidos. Cuestión de estilos.

Paulo Moura nació en Sao José do Rio Preto, provincia de Sao Paulo, el 15 de julio de 1932. A los nueve años ya daba conciertos privados de clarinete y a los 14 se integra a la banda de su papá, Pedro Moura, sastre de profesión y músico de afición. Un año después la familia se muda a Río de Janeiro y el chaval se inscribe en la Escuela Nacional de Música. Su proyecto de vida era claro: en plena adolescencia, era ya un músico profesional, con toda la técnica de la escuela clásica y con una inclinación natural hacia las raíces populares de la música.

“Algunas veces, en un solo día –comentaría el propio clarinetista– tocaba con la orquesta sinfónica, después nos íbamos al jazz con una big band y en la noche terminaba tocando en un salón de baile. En esos salones aprendí una forma irresponsable y divertida de hacer música.”

Su primer disco solista, Moto perpetuo, lo grabó en 1956. Rápidamente se internacionalizó y sus servicios ya eran requeridos por las figuras locales; empezó a ser solicitado por cantantes como Ella Fitzgerald y Nat King Cole. Fue entonces que la influencia del jazz se adhirió a sus venas y empezó a fusionarlo, desde su muy particular perspectiva, con los sonidos de su tierra. En 1988, por ejemplo, grabó el álbum Rhapsody in bossa, en clara referencia a Rhapsody in blue, de George Gershwin, filtrando aquellos standars a través de la bossa nova. Su último álbum, Afro Bossa Nova, apareció apenas en 2009.

Cuenta Marcelo Gonçalves, el guitarrista que lo acompañaba en los últimos tiempos, que estuvo con él hasta el final –y con quien recién había trabajado en Ámsterdam, Londres y Berlín–, que poco antes de morir el maestro tocó Doce de coco, un antiguo y delicioso choro brasileiro que se integraba recurrentemente a su repertorio. “Siento que estaba tratando de decir adiós –comenta Gonçalves– con una bendición para sus amigos”. Salud.