Opinión
Ver día anteriorLunes 28 de junio de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cosas del futbol

La frustración

C

ierto. El árbitro italiano se equivocó groseramente al conceder el primer gol argentino, a lo que se sumó el escandaloso error de Ricardo Osorio para regalar el segundo. También es verdad que el Tri pudo marcar en los primeros 25 minutos de juego en los que mantuvo a Argentina desorientada. Todo eso sucedió. Y también ocurrió que Javier Aguirre metió la pata nuevamente y que los jugadores mostraron total incapacidad para sobreponerse a la adversidad. Todo eso sucedió y, por supuesto, México perdió y se quedó sin el anhelado quinto partido. Lo bueno: que el negocio se quede a medias para el duopolio televisivo. Lo malo: la gente no se merece tanta mediocridad, tanta racanería, tanta frustración.

Hay que ver el destino del espot donde el Vasco Aguirre trata de darnos una lección con su, ahí sí, verbo rimbombante y pose de político con aspiraciones. El fracaso no puede ocultarse y vendieron al mister como triunfador. ¡Pobre país!, tan lejos de la gloria y tan cerca de los estafadores con licencia para reírse de todos nosotros.

Perdieron 3 a 1 pese a que Messi casi no ejerció de Messi. Lo mejor del partido fueron los goles de Tévez (el bueno) y el del Chicharito Hernández, el hombre castigado por su técnico, quien en otra loca decisión alineó en su once inicial al Bofo Bautista, una sombra que deambuló a sus anchas durante todo el primer tiempo.

Asombra que Aguirre mueva las líneas que le funcionaban, como el caso de Moreno en el centro de la defensa, y haga locuras en las que no marchaban. No tuvo nombre que cambiara a Guardado por Franco y que no jugara el puma Barrera desde el inicio y sí lo hiciera el Bofo. Son los misterios de un hombre blindado por la Federación, por las televisoras y hasta por la Presidencia. La afición… ¿a quién le importa?

El negocio del balompié en México no pasa por la formación de jugadores, por la inversión seria y constante en el futbol base. Ahí sí hay que reconocer la apuesta valiente del magnate Jorge Vergara al frente de las Chivas. Fuera de eso deprime constatar temporada tras temporada cómo la mayoría de dueños, directivos y entrenadores hacen negocio colocando en los equipos a jugadores extranjeros que, salvo muy contadas excepciones, nada aportan y mucho quitan.

La estructura del futbol nacional brilla por su ausencia. Salen buenos jugadores… pero por pura generación espontánea. Aguirre tuvo a sus órdenes para este Mundial una pléyade de jóvenes futbolistas hambrientos de gloria. Tal vez le faltó valentía para jugársela, o tal vez le faltó sabiduría. Este Vasco no es el que conocimos. Aquél se rindió en el camino.

Y lo peor del desaguisado es que dentro de cuatro años volverá a repetirse. De ello se encargarán las televisoras dedicadas en cuerpo y alma a embrutecer al personal, la Federación, que no es otra cosa que el brazo armado del duopolio electrónico, y los políticos que, sumidos en la mediocridad, buscan reflectores de un modo impúdico.

¡Pobre México! ¡Pobre futbol mexicano!