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Economía Moral

Homenaje a Bolívar Echeverría (1941-2010) / III

Márkus responde a los comentarios de Bolívar

M

árkus respondió al comentario de Bolívar, sintetizado en la entrega del 18/06/10, que conoció a través de mi traducción, con un profundo texto titulado El legado de Marx. Una respuesta. En esta entrega parafraseo y resumo su réplica. Márkus subraya que la pregunta sobre el significado y la importancia del legado de Marx es el objeto tanto de su texto que Bolívar comentó, como del comentario de éste, y que hay mucho más en común en sus enfoques y respuestas que diferencias. Que incluso lo que aparece como diferencia central de sus puntos de vista sobre el núcleo central de la teoría crítica de Marx, que Bolívar ubica en la enajenación, mientras Márkus sitúa en la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, “es prima facie inválida”, ya que él ha argumentado (en Marxismo y ‘antropología’, Grijalbo, México, 1985) que la enajenación es la categoría orientadora fundamental de la concepción de la esencia humana en su historicidad. Dice que tampoco ha negado (como argumenta Bolívar) la potencialidad del concepto de enajenación en El Capital y que, por el contrario ha tratado de mostrar que es fundacional para el entendimiento marxiano del lugar histórico del capitalismo.

Sin embargo, dice Márkus, sí hay una diferencia en nuestras interpretaciones de El Capital y su lugar en la obra de Marx, pero aclara que el desacuerdo no tiene nada que ver con el supuesto cientificismo positivista de dicha obra y coincide con Bolívar en que se trata sólo de una apariencia externa, dándole así razón al símil de W. Benjamin narrado por Bolívar (ver entrega anterior). En El Capital, señala, la orientación de valor fundamental de la teoría crítica de Marx se descompone en una paradójica combinación de determinismo y finalismo, lo cual desarrolló en el texto publicado en Desacatos. Explica que, sin considerar que en El Capital hay una regresión (como sugiere Bolívar), prefiere los escritos tempranos de Marx en cuanto a que la orientación práctica y emancipatoria de valor es más explícita, concisa y coherente. La diferencia fundamental entre nuestros enfoques y puntos de vista, continúa, radica en el papel del sujeto colectivo en la teoría crítica. Esta diferencia la encuentra en la siguiente frase de Bolívar: “No es necesario, como plantea György Márkus, ir a buscar esas experiencias individuales peculiares en las cuales se presentaría esa contradicción que él plantea entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción”, frase que le parece problemática porque del hecho que toda experiencia es necesariamente la de un individuo, deriva la conclusión que toda experiencia es necesariamente personalista y estrecha. Esto lo considera injustificable porque los individuos con situación y posición similar comparten mucho en cuanto a lo que experimentan y en cuanto al efecto que tales experiencias tienen en sus vidas. Y aquí Márkus critica dura (y quizás injustamente) a Bolívar. Convoco a los conocedores a fondo de su obra, como Gandler y Arizmendi, a manifestarse al respecto):

“Este rechazo de la importancia del problema de la experiencia social en general y, por tanto, de la cuestión sobre el carácter histórico de la experiencia colectiva de los productores, la mayoría explotada bajo las condiciones capitalistas, en mi opinión desdeña uno de los aspectos más estables y fundamentales de la teoría crítica. A todo lo largo del pensamiento de Marx las referencias a ese agente colectivo específico permanecen como un elemento orgánico decisivo del proyecto de emancipación humana que la teoría articula e intenta servir. Y este sujeto colectivo fue siempre caracterizado, y su potencial revolucionario justificado, en referencia a la naturaleza específica de sus experiencias sociales comunales, aunque la especificación categórica de estas experiencias prácticas fue cambiando: las necesidades radicales de los escritos tempranos fueron esencialmente reemplazadas en los Grundrisse por capacidades necesariamente despertadas pero irrealizables bajo condiciones capitalistas, y en El Capital por intereses (reales y potenciales). Como es bien sabido, el agente colectivo de la emancipación que Marx identificó fue la clase obrera de los países industriales desarrollados.

De lo anterior, Márkus concluye que, al margen de la validez de las dudas acumuladas históricamente sobre esta identificación, no hay teoría crítica, al menos en Marx, sin la especificación del sujeto colectivo capaz de superar en la práctica las contradicciones del capitalismo. Ésta es, dice, la razón por la cual la teoría de la enajenación, a pesar de su indudable importancia, no captura el meollo de la argumentación general de Marx. Su teoría crítica no es un lamento acerca de la devastación profunda e inhumana; como teoría de la emancipación orientada prácticamente, reclama intervenir en los conflictos sociales del presente, apoyando al agente social potencial de la emancipación a adquirir la autoconciencia de sus necesidades radicales, sus capacidades suprimidas o sus intereses latentes. Es justamente este punto de vista el que se expresa en el paradigma de la producción, articulado en la dialéctica de fuerzas productivas y relaciones de producción, pues el ser humano es la fuerza productiva principal. Sobre estas bases teóricas Marx caracteriza el lugar específico del capitalismo en la historia: la sociedad de la alienación universal es, también, el durchsgangpunkt, el punto de corte, de la historia humana. El entendimiento de este lugar y de la teoría de la enajenación depende del paradigma de la producción.

Márkus aborda críticamente la concepción marxiana de valor de uso que tiene tanta importancia en su conversación con Bolívar. Para él, la discusión del valor de uso en la obra de madurez de Marx es ambigua y, a veces, incluso contradictoria. Marx define valor de uso como “un objeto externo, una cosa, que por sus propiedades satisface necesidades humanas de algún tipo” mediante una relación directa e inmediata. Márkus muestra la tendencia de Marx a naturalizar la relación entre el ser humano y los valores de uso, a pesar de que ambos están incrustados en la historia, lo cual enfrenta graves dificultades cuando se aplica al valor de uso de la fuerza de trabajo. De entrada, resulta aquí desafortunado que Marx adscriba valor de uso a las cosas. Pero de mayor importancia le parece la cuestión de si las habilidades de trabajo de algún individuo pueden ser útiles para otros individuos. Sostiene que entre hombre y hombre no pueden existir tales relaciones de inmediatez natural. Y en cuanto al valor de uso de un tipo particular de capacidad de trabajo, entendido como su productividad para otros, Marx mismo deriva la conclusión: su productividad es una determinación del trabajo que no resulta de su contenido, ni de su resultado, sino de su forma social definida. Márkus finaliza diciendo que:

Para quienes los escritos de Marx no representan meramente unos textos clásicos de interés académico, sino que consideran que su legado es todavía vitalmente importante para el pensamiento crítico, tienen que enfrentar algunas de las dificultades aquí indicadas de su teoría. Para ello, sin embargo, en el espíritu mismo de la teoría crítica, es necesario reconocer y renovar las premisas teóricas y supuestos que constituyen su meollo. Y todavía pienso que es el paradigma de la producción, entendido como la dialéctica de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, lo que constituye dicho meollo.