Opinión
Ver día anteriorDomingo 23 de mayo de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Interesante y deleitosa
A

sí es una visita al Museo Nacional de Antropología, considerado entre los mejores del mundo en su género. Comienza por deslumbrar con su original e imponente arquitectura, que diseñó en 1963 un grupo de brillantes arquitectos mexicanos, comandados por Pedro Ramírez Vázquez. A la vasta explanada de acceso sigue el vestíbulo monumental, preámbulo del gran paraguas, sostenido por una columna labrada, que preside el inmenso patio en el que un espejo de agua, con tules y lirios, nos evoca el medio lacustre de la antigua México- Tenochtitlán.

De aquí se ingresa a las 23 salas que muestran, en la planta baja, piezas extraordinarias de las antiguas culturas prehispánicas, y en la alta, las de etnografía, reproducen espacios que muestran la vida actual de las distintas poblaciones indígenas. Es tal la riqueza que resguarda, que podríamos escribir una crónica de cada una de las salas, pero hoy estamos aquí para visitar la exposición temporal Moana: Culturas de las islas del Pacífico, que nos permite adentrarnos en el mundo austronesio por medio de cinco grandes conceptos que reflejan la cosmovisión de culturas cuya vida gira fundamentalmente alrededor del mar.

Esos son: Moana (el mar), Fanúa (la tierra), Lau (intercambio), Mana (poder) y Atua (espíritus y el mundo sobrenatural) y son comunes a los miles de grupos sociolingüísticos que habitan en las islas del Pacífico, explica Carlos Mondragón, curador de la muestra. Se pueden apreciar piezas de gran tamaño, como diferentes tipos de embarcaciones y reconstrucciones de casas de reunión de los maori, de Nueva Zelanda, así como de las casas de los hombres, de Nueva Guinea.

También hay máscaras ceremoniales, instrumentos musicales, objetos de uso cotidiano, textiles y ornamentos, así como objetos tallados en diferentes materiales naturales de Hawai, Nueva Zelanda y la Isla de Pascua. La exposición está integrada por piezas provenientes del Museo Field de Chicago, del Museo Young de San Francisco, del Museo del Peabody de Massachussets, de una colección particular y una parte importante pertenece a nuestro Museo Nacional de las Culturas, que fundó en 1964 don Eusebio Dávalos. Ocupa el opulento edificio que fue sede de la Casa de Moneda, que bautizó la calle en donde se encuentra. Ahí se instaló en 1868 el primer museo de América. Actualmente su hija, la arquitecta Maya Dávalos, preside la Asociación de Amigos que realiza importante labor.

Otro atractivo del Museo de Antropología es la tienda que está justo afuera de la sala de exposiciones temporales, junto al soberbio mural de Rufino Tamayo, que resguarda la entrada del auditorio Jaime Torres Bodet. La selección de objetos que nos va a permitir recordar la muestra la realizaron artesanos mexicanos que coordina desde hace años María Olvido Moreno, toda una institución dentro del INAH. Ahora han creado tarros, camisetas, mascadas, bolsas, joyería, artículos para niños y muchos objetos más, de un verdadero buen gusto.

Este agazajo del espíritu impone uno de igual enjundia para el cuerpo. Les propongo un festín en Arturo’s, que se encuentra en la cercana colonia Condesa, en la calle de Cuernavaca 68. En la entrada lo va a recibir Arturo Cervantes, su encantador dueño, que se hizo legendario en el restaurante Champs Elisees y ahora nos agasaja aquí con la misma categoría.

La carta es pequeña porque diariamente tiene sugerencias con lo más fresco de la temporada. Estos días nos ofrece unos espárragos trigueros con una vinagreta de morillas, única. Otra buena entrada es el carpaccio Harry’s Bar. Dos estrellas de estas fechas son: el carré de agneau, que es una corona de chuletitas de cordero, deliciosas. Los domingos y lunes, el lechón al horno, traído de España, hermano de los que utilizan para el jagubo, así es que ya se lo imaginará. Uno de los postres mejores del antiguo Champs que se dejó de hacer, era el parfait de café, una auténtica exquisitez que hoy revive Arturito. ¡Bon appetit!