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Ver día anteriorDomingo 7 de marzo de 2010Ver día siguienteEdiciones anteriores
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¿La Fiesta en Paz?

Antiadministración, la fórmula

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Arturo Macías, otro de los afectados por la antiadministraciónFoto Archivo
C

omo especie de venganza de los dioses aztecas o como poderosa excomunión vaticana, a los mexicanos se nos da muy bien la antiadministración, es decir, lo opuesto a administrar, no en el sentido de gobernar con inteligencia y ejercer autoridad con sano criterio, auténticas utopías nacionales, sino siquiera de planear, organizar y llevar a cabo acciones en beneficio de la mayor cantidad posible de involucrados.

Y si en materia política, económica y cultural estamos poco menos que fritos, en materia taurina superamos todos los cálculos hasta alcanzar niveles de contradicción y sometimiento impensables en el resto de los países latinoamericanos, que aun sin una torería nacional consistente son capaces de obligar a los figurines extranjeros a lidiar toros hechos y derechos, no su aproximación, como acá ocurre, con la complicidad de algunos y la indiferencia de muchos, hasta convertirnos en el país taurino más tonto del mundo, que no tiene inconveniente en seguir pagando aunque le tomen el pelo.

Los triunfadores de la corrida del domingo pasado en la Plaza México, Manolo Mejía e Hilda Tenorio, padrino de alternativa y ahijada, respectivamente, no sólo dieron una tarde de gran torería e inolvidable emoción, sino que evidenciaron uno de los problemas medulares del país y de su fiesta de toros: la antiadministración, entendida también como el afán de desperdiciar, estorbar o relegar lo que puede contribuir al atractivo del espectáculo.

Dos mentes privilegiadas para estar en la cara del toro y dominar sus embestidas fueron incluidas en un cartel a punto de concluir la temporada, pero además con una corrida con edad y trapío, de las que sistemáticamente rehúyen los extranjeros que figuran, antes que por culpa de ellos o de sus comedidos representantes mexicanos, por los acomplejados criterios empresariales vigentes: tú exige, que yo me pliego a todas tus exigencias, independientemente de los resultados y perjuicios que causen a la fiesta.

¿Por qué Mejía y Tenorio no hicieron valer en los estados sus anteriores triunfos en la Plaza México? Por falta de administración, de apoderados que los colocaran en los carteles que sus cualidades toreras merecen, y desde luego porque las colonizadas empresas del país no son capaces de coordinar esfuerzos para atraer, con promoción y publicidad, el interés del público hacia ellos.

Otro lamentable ejemplo: el hidrocálido Arturo Macías El Cejas, valeroso y carismático, triunfador permanente en cuanta plaza se presenta, por inadmisibles razones ya no fue incluido en la próxima feria taurina de Aguascalientes y, según la empresa de aquella ciudad, por cierto supuesta apoderada de Arturo, se debió a una decisión administrativa para que mantenga a tope su preparación en España. La antiadministración, otra vez.

Prueba de la soberanía taurina de España y de que allá no se andan con cuentos a la hora de contratar diestros extranjeros es que a nuestro esforzado Arturo Macías, lejos de preguntarle qué le gustaría torear, la empresa de Sevilla, para su inminente feria lo puso en un cartel con un encierro de la ganadería portuguesa de Palha, reses aparatosas, complicadas y difíciles si las hay, en contraste con los novillones mansos y bobos que acá les sirven a los figurines importados nuestros complacientes empresarios, con el beneplácito de autoridades, crítica y público ocasional.