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La coreógrafa alemana murió a los 68 años en junio pasado

Reflexiones sobre las emociones humanas, legado de Pina Bausch
Foto
Escena de la coreografía Claveles, cuando fue presentada en el Palacio de Bellas ArtesFoto Fabrizio León Diez
 
Periódico La Jornada
Miércoles 30 de diciembre de 2009, p. 3

Reflexiones en torno al amor, la angustia, la nostalgia, la tristeza, la soledad, la frustración, la infancia, el terror, la vejez, la muerte y la explotación del hombre, así como el olvido, es el legado que dejó al mundo de la cultura la gran coreógrafa alemana Pina Bausch.

El año 2009 fue en el que el mundo del arte despidió a coreógrafa y bailarina, considerada como una renovadora de la danza moderna: murió a los 68 años de edad, el pasado 30 de junio.

Josephine (Pina) Bausch nació el 27 de julio de 1940 en Solingen (Renania del Norte-Westfalia), donde su padre era dueño de una taberna. En 1955 comenzó su formación como bailarina en la escuela fundada por el coreógrafo y reformador de la danza Kurt Joos, en Essen.

La creadora de Café Mueller (1978) y Bandoneón (1987) falleció unos días después del estreno de su última producción en la Ópera de Wuppertal. La noticia conmocionó al mundo, pues además de contribuir con su obra a acuñar el renombre de la ciudad de Wuppertal, era una de la más importante coreógrafas en activo del siglo XX, con varios galardones a lo largo de su carrera de 50 años.

Las primeras coreografías de Bausch eran deudoras de la modern dance, pero desde mediados de los años 70 del siglo pasado modificó su estilo e integró cada vez más canto, lenguaje, gestos de la vida cotidiana y pantomimas. Como directora del Teatro de Danza de Wuppertal, cargo que ocupó desde 1973, imprimió su sello a la institución y creó unas 40 obras.

Sus piezas tratan temas personales y a la vez universales, como el miedo, la muerte, el amor y la nostalgia. Lo que mueve a la gente le interesaba más que los movimientos de la gente, dijo en cierta ocasión.

Su atrevida y radical coreografía para la ópera de Bela Bartok La fortaleza del príncipe Barba Azul, en 1977, motivó la reprobación del público, aunque con el tiempo sus seguidores ya sabían lo que iban a encontrar al asistir a sus espectáculos, con los bailarines sumergidos en agua hasta los tobillos, moviéndose sobre barro o entre claveles de plástico.

Para Bausch, lo que siempre le interesó en la danza fueron los sentimientos: “me concentro en lo que mueve a la gente; todo lo que veo de la vida me interesa formularlo, plasmarlo, siempre tomando en cuenta las relaciones, los deseos y, por encima de todo, la formulación del nosotros.

Cuando hablo del nosotros me refiero a mi propia persona y también al público. A veces hay obras en las que no hay música ni nada. Entonces me convierto en compositora y en muchas otras cosas a la vez. La vida misma es mi mayor influencia, explicó en una entrevista cpm La Jornada, en 1994.

Pina Bausch estuvo en México por vez primera en 1978, cuando presentó su coreografía Café Mueller en el Teatro de la Ciudad. Posteriormente, en 1994, estrenó Nelken (Claveles) en Bellas Artes y en Guanajuato, como parte del Festival Internacional Cervantino.

La mujer que bailaba lo que tenía dentro del alma comenzó sus estudios en 1955 en la Folkwangschule de Essen, donde fue alumna de Kurt Joos y Sigurd Leeder. Tras su examen de graduación, en 1959, obtuvo una beca para ampliar estudios en la Juilliard Scholl of Music, de Nueva York.

Bausch bailó en las compañías de Paul Sanasardo y Donya Feuer; con Paul Taylo estrenó el Ballet Tablet (1961), el New American Ballet y el Metropolitan Opera Ballet.

La bailarina y coreógrafa alemana es considerada como la creadora del teatro-danza en su país. Su obra combina varios tipos de música que van desde éxitos populares a música clásica, además de mezclar la danza con otros recursos dramáticos.

Las propuestas coreográficas de Bausch no siguen una estructura narrativa, se construyen a partir de acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes, de textos dirigidos a menudo al público y de una gran variedad de músicas son elementos que caracterizan el trabajo de la coreógrafa alemana.

Pina Bausch fue investida en 2007 como Ciudadana Honoraria en Wuppertal, en reconocimiento a sus méritos como fundadora del teatro de baile moderno.