Opinión
Ver día anteriorMartes 22 de diciembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Cocina navideña

A

quí y allá hay referencia en estos días a lo que comemos en Nochebuena, Navidad y Año Nuevo; también al origen y preparación de la Rosca de Reyes. Nuestra realidad, diversa y compleja, impide generalizar.

Estas tradiciones, relativamente nuevas en nuestro país, se iniciaron con la invasión española. Como parte de la evangelización, los frailes establecieron fiestas y ceremonias para celebrar el nacimiento de Cristo.

Entonces se importaron las pastorelas, que pronto adquirieron tono propio. Motolinía narra cómo se celebraban con gran realismo en los conventos; las escenografías eran lujosas por la creatividad de los indios. Las posadas fueron otro instrumento para la indoctrinación. Narraban el peregrinar de la Virgen María en busca de un lugar en Belén para que naciera su hijo. Con las posadas llegaron las piñatas. Se dice que vinieron de China, donde se les asociaba con una ceremonia de fertilidad y abundancia. Pasaron a Italia con distinta connotación; pignata significa olla en italiano. De ahí viajaron a España y luego a México, por conducto de los franciscanos.

La condición de bienes de la tierra y celebración está presente en la fruta y los dulces que guarda la piñata y que se esparcen entre los presentes una vez que se ha conjurado al mal, representado por los siete picos de la estrella, cada uno, los pecados capitales. La piñata se llena con frutas de temporada, además de cacahuates y colación. Hoy se agregan golosinas empaquetadas y pequeños juguetes. La celebración descrita corresponde sobre todo al centro del país. Será interesante seguirla en el resto de la República y por Estados Unidos.

El día 24 tenía lugar la última posada; la Misa de Gallo era a las 12 de la noche. Para comulgar, los fieles tomaban una merienda ligera y luego, como apunta el investigador Rafael del Barco, cenaban bacalao –porque se abstenían de carne– o cenaban festivamente después de las 12, o no comían esa noche y lo hacían con abundancia al día siguiente.

Virginia Rodríguez Rivera menciona en La comida en el México antiguo y moderno algunos platillos de distintos lugares del país. Entre las sopas se cuentan la de ostión, de poro y de pescado. Como plato fuerte, pescado en costra de almendras, a la veracruzana, bacalao a la vizcaína y distintos guajolotes al horno. Están la ensalada de Nochebuena, de frutas y la de camarón. Y como postres, cocadas, cabellos de ángel, tejocotes jaleados y buñuelos, así como queso y miel de tuna.