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Se reconoce a quienes forjaron una sociedad abierta sobre las cicatrices de la división

Distinguen a Berlín con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia

El galardón a la capital alemana coincide con el vigésimo aniversario de la caída del Muro

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El francés Thierry Noir durante la realización de su trabajo pictórico en el Muro, el pasado agostoFoto Reuters
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 11 de septiembre de 2009, p. 4

Madrid, 10 de septiembre. Berlín, la ciudad que vivió dividida casi un cuarto de siglo, la metrópoli que pasó de la devastación y el horror de la Segunda Guerra Mundial al drama silencioso y prolongado de convertirse en símbolo de la guerra fría, fue galardonada hoy con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

El reconocimiento coincide con el vigésimo aniversario de la caída del Muro, el acto con el que se refundó una ciudad cimentada hasta entonces en las cicatrices de la división.

La historia de Berlín es también un reflejo fidedigno de lo que ocurrió en el siglo XX en Europa y en el mundo. La ciudad, fundada en el siglo XII, fue la elegida por Adolf Hitler como el escenario desde el que iniciaría su andanada de exterminio.

Desde esa urbe, que entonces ya era puntal en desarrollo cultural y musical –cuando comenzó la guerra ya se habían fundado la Orquesta Filarmónica de Berlín y la Kroll Ópera–, Hitler empezó la expansión del nacionalsocialismo y, sobre todo, de la limpieza étnica y el genocidio.

Capital del arte y la cultura

Como ocurrió en el siglo XX, Berlín sufrió en sus entrañas el delirio genocida de Hitler, la hambruna de la guerra y la posguerra, la devastación por un armamento cada vez más destructor y despiadado.

El acta del jurado de los premios Príncipe de Asturias sustenta: En el XX aniversario de la Caída del Muro, simbolizando en ella tanto a quienes, con pérdida de su vida o de su libertad, lucharon de forma directa por superarlo, como a los millones de ciudadanos que tras su caída han sido capaces de construir, sobre las cicatrices de la división, una sociedad abierta, acogedora y creativa, un nudo de concordia en el corazón de Alemania y de Europa, que contribuye al entendimiento, la convivencia, la justicia, la paz y la libertad en el mundo.

Con la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, también se inició una nueva era en esa ciudad. Los empeños de sus ciudadanos y de los políticos por desterrar las cicatrices de la división se han encontrado con numerosos escollos, como las grandes diferencias sociales, económicas y tecnológicas. Pero hoy, 20 años después de la debacle del bloque comunista, Berlín se ha erigido como una de las metrópolis más modernas y cosmopolitas del mundo, hasta el punto de ser desde hace más de cinco años una especie de capital del arte y la cultura, como en su día fueron Nueva York y París.

Fernando Almansa, uno de los integrantes del jurado, fue más allá al hacer notar que el hito histórico de la demolición del llamado Muro de la Vergüenza anime a la desaparición de otros muros que aún nos sonrojan, en clara referencia a la inmensa valla erigida por Israel en los territorios palestinos.

El alcalde de la ciudad, Klaus Wowereir, expresó su enorme satisfacción con el reconocimiento, que acepta con un extraordinario honor y en nombre de quienes superaron la división y sus consecuencias con una revolución pacífica que cambió el mundo de forma tan positiva.

La noticia del galardón coincidió con la desclasificación de documentos secretos de los gobiernos francés y británico, en los que se revela que los entonces gobernantes François Mitterrand y Margaret Thatcher– vieron con preocupación la reunificación alemana e incluso se opusieron, al menos en el caso de la dirigente británica.

Son 500 documentos del Oficina Extranjera y de la Comunidad en los que, entre otras cosas, se relata una conversación entre ambos mandatarios en la cual sostienen que una Alemania unificada podría ganar más terreno del que tuvo Hitler y que Europa tendría que soportar las consecuencias.

Los premios serán entregados el 23 de octubre en Oviedo. En esta versión también se reconoce la trayectoria de la UNAM de México; a Norman Foster, Ismaíl Kadaré, Yelena Isinvayeva, Martin Cooper y Raymond S. Tomlinson y a la Organización Mundial de la Salud.