Deportes
Ver día anteriorLunes 7 de septiembre de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
TOROS

Magnífico encierro de la ganadería de El Grullo exhibe el tono de las novilleras

Triunfal presentación de Lupita López, cuyo encanto y oficio cautivaron al público

Elizabeth Moreno también cortó oreja

Hilda Tenorio malogró con el acero una gran labor

Foto
Hilda Tenorio logró con las banderillas dos cuarteos entre los pitones y un lucido violínFoto Ap
 
Periódico La Jornada
Lunes 7 de septiembre de 2009, p. a42

Cuando en la columna de ayer escribí: Si su lote se lo permite, Lupita López será una muy grata sorpresa para el público capitalino, urgido de aclamar a toreros que lo reflejen y emocionen, fue más una extraña intuición que el recuerdo lejano de algunas actuaciones de la magnífica novillera yucateca, que en el séptimo festejo en la Plaza México derrochó sentimiento, conocimientos y gracia.

Fueron cinco astados –el sexto ya no salió por el torrencial aguacero que se desató en el quinto– del hierro tlaxcalteca de El Grullo, propiedad de don José González Dorantes y don Juan Carlos González Esnaurrízar, quienes enviaron reses impecablemente presentadas, finas de hechuras, muy bien armadas, con una bravura suave y un estilo claro que permitieron calibrar la respectiva evolución de las alternantes Hilda Tenorio, de Morelia; Elizabeth Moreno, del Distrito Federal, y Lupita López, de Mérida.

Criadores de bravo como los de El Grullo reivindican una tradición ganadera que otros pretenden pisotear con aproximaciones y remedos de bravura y trapío.

El tercer lugar salió Compositor, con 445 kilos, de preciosa lámina y bien puesto de pitones, al que Lupita López, bellamente ataviada con sus trenzas a manera de corona, recibió con tres desmayados lances a pies juntos y precisa revolera que de inmediato atraparon a la concurrencia. ¡El embrujo del temple venía con ella!

Recargó el novillo en dos puyazos –quizá sobró el segundo– y tras los doblones iniciales Lupita fue prendida aparatosamente. Sin verse la ropa volvió resuelta al burel para enredárselo a la cintura en largas, cadenciosas y sentidas tandas de derechazos muy bien rematados y mejor estructurados. Tras un viaje fallido dejó una estocada entera apenas desprendida. La gente, que puede no saber pero siente cuando alguien la hace sentir, demandó la oreja para la joven, que recorrió el anillo devolviendo prendas y obsequiando una seductora sonrisa. ¡Vaya potencial el de esta torera, con cabeza y majeza!

Elizabeth Moreno, algo pasada de peso pero igual de bella y artista, tuvo detalles magníficos con su primero aunque sin estructurar. Cierto que el sitio lo da torear con frecuencia, pero la decisión es interior. Hubo aplausos para el novillo y tibias palmas para ella.

La metamorfosis vino con su segundo, Callejero, con 427 kilos, que tomó una vara, al que bajo un aguacero Moreno cuajó una inspirada y encastada faena por ambos lados con ese sello privilegiado que aquí nadie ha sabido aprovechar. Se fue tras la espada y dejó una entera caída que bastó. Fue de tal calidad su labor que la gente, entre paraguas, mangas y capas, exigió un apéndice para Elizabeth, en azaroso rencuentro consigo misma.

Hilda Tenorio con su primero realizó una faena entre altibajos, con series de dos pases y el remate, cuando el novillo pedía más mando y ligazón. Salió al tercio.

Cariñosito, otro bello ejemplar con 400 kilos, fue el cuarto, e Hilda desplegó su amplio repertorio con capote –dos luminosas zapopinas–, banderillas –dos cuarteos entre los pitones y un lucido violín– y muleta –dos péndulos en los medios y en el tercio ligadas tandas con la diestra–, mas no con el estoque, malogrando tan torera labor hasta escuchar un aviso. Ojalá esas cualidades encuentren, ya, la expresión elocuente que merecen.