Opinión
Ver día anteriorLunes 17 de agosto de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Música

Steely Dan vuelve al terruño

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Walter Becker y Donald Fagen durante un concierto con motivos altruistas efectuado en Nueva YorkFoto Ap
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teely Dan no fue nunca una banda que podría considerarse promedio. De hecho, el concepto mismo de banda fija fue rápidamente desechado en cuanto sus dos principales artífices –los neoyorquinos Donald Fagen y Walter Becker– se dieron cuenta de que preferían trabajar con músicos de estudio y no salir de gira a dar conciertos. Así, los tres discos que podrían considerarse lo mejor de su meritoria producción –The Royal Scam, Aja y Gaucho– representaron también el súmmum de una forma de introducir elementos de jazz a un sofisticado concepto de música pop. El resultado fue muy innovador, sobre todo en ese neolítico que fue los finales de los años 70, entre el reinado del género disco y el surgimiento del punk.

Treinta años después, Steely Dan no es otra cosa que otra forma de nostalgia para quienes disfrutamos en su apogeo de esas cínicas canciones sobre perdedores y amores mal llevados. Por eso resulta irresistible la serie de conciertos que el grupo ha ofrecido desde la semana pasada en el Beacon Theatre de su natal Nueva York. Cada noche se ha dedicado a reproducir completo uno de los discos mencionados, con un suplemento de favoritas varias. Sin embargo, a uno le toca asistir a la noche de las complacencias: en teoría, quien hubiera comprado su boleto por Internet tenía derecho a proponer su lista de peticiones. Como nadie se sometió a una prueba de detector de mentiras, a saber si eso se cumplió, pues ni Fagen ni Becker se han especializado en complacer a sus fans.

Aun bajo esas sospechas, el concierto sí reunió las piezas más conocidas de Steely Dan, entre las cuales la única difundida por la radio mexicana, que yo recuerde, fue Rikki Don’t Lose that Number. Como es su costumbre, los músicos reunidos para la gira bautizada Rent Party son todos profesionales de primera división, con una sección de metales –dos saxos, una trompeta y un trombón–, un guitarrista adicional a Becker, Jon Harington, de asombrosa capacidad para reproducir los complicados requinteos originales de Jeff Skunk Baxter o Denny Dias; una maciza sección rítmica integrada por el bajista Freddie Washington y el extraordinario baterista Keith Carlock; un tecladista adicional, Jim Beard, que permanece casi oculto, tal vez para dar la impresión que la chamba pesada le corresponde a Fagen, y un trío de cantantes femeninas que le entran al quite en los momentos difíciles, cuando al mismo Fagen ya no le da la voz para alcanzar las notas altas, sobre todo recién repuesto de una gripe que lo obligó a cancelar una de las presentaciones de la semana pasada.

Este no es un concierto que aspire a ser un espectáculo visual. Salvo el profesional coordinado juego de luces, no hay nada aquí que emocione a la vista. Fagen y Becker ostentan menos presencia escénica que si hubieran aparecido por cortesía del museo de cera de Madame Tussaud; ahora bien, el segundo se mostraba de buen humor, desprovisto de su greña emblemática (digamos que su cuero cabelludo es también una cosa del pasado), pero siempre armado de su habilidad para el requinteo delicado y melódico.

Sin embargo, su sempiterno compañero da a entender que preferiría estar en cualquier otra parte –de preferencia, en una sesión privada– que tocando para un respetable tan entusiasta que a veces se pasa de tueste. Como en el vestíbulo del teatro hay un bar bien surtido con botellas de Jack Daniels, muchos de los asistentes han escogido presenciar el concierto en perfecto estado burro, con sus consecuentes manifestaciones de desmadre. En un momento, Fagen le ordena al público que se calle. Alguien le grita un improperio y la respuesta del músico es un sucinto Fuck you, buddy. Así se entienden entre neoyorquinos.

Por suerte, gran parte del álbum Aja –la indiscutible obra maestra de Steely Dan– es interpretada con el virtuosismo anticipado, cimentado a cada compás en el dinámico desempeño de Carlock, capaz de recrear y potenciar el estilo de expertos bateristas como Steve Gadd, Rick Marotta o Bernard Purdie. No es en balde que el músico –tal vez el más joven de la congregación– es quien cosecha un buen porcentaje de los aplausos.

Steely Dan no está en disposición de ofrecer más que lo anunciado, un desfile de hits, interpretado con impecable solvencia. Y en cumplimiento de la rutina esperada, el grupo acepta volver para un reprise igualmente previsible: Reelin’ in the Years, la canción que los dio a conocer en la radio a principios de los años 70. Dice mucho en favor de Steely Dan que la pieza se escucha tan fresca como en ese entonces. Y más imaginativa que 99 por ciento de lo que hoy pasa por música popular.