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No debe excluir a jugadores de la era de los esteroides: periodista

El Salón de la Fama del beisbol, lleno de rufianes, héroes y un ideal hipócrita
 
Periódico La Jornada
Domingo 2 de agosto de 2009, p. a19

Nueva York, 1º de agosto. El Salón de la Fama del beisbol debería adoptar a algunos jugadores que se han destacado en el deporte usando esteroides, ya que ellos se sentirían en casa entre los rufianes y los héroes ya honrados en Cooperstown.

Eso dice Zev Chafets, autor del libro Cooperstown Confidential, una historia y análisis del Olimpo del beisbol, donde el domingo Rickey Henderson y Jim Rice obtuvieron sus placas y quedaron inmortalizados en el museo de Nueva York.

“El Salón de la Fama no podría excluir a todos o a la mayoría de los grandes atletas que jugaron en lo que ellos llaman la ‘era de los esteroides’ sin hacer una broma sobre sí mismo. El Salón de la Fama está destruyendo su propia credibilidad y razón de ser”, dijo Chafets.

Cree que Mark McGwire, quien elevó la dañada popularidad del beisbol con un récord de 70 jonrones en 1998, está siendo descartado por una reacción moralista de los votantes que defienden un ideal hipócrita. Le preocupa que la sombra del dopaje también bloquee a Barry Bonds, Sammy Sosa y Roger Clemens.

Estas inquietudes motivaron a este periodista, quien creció a las afueras de Detroit como simpatizante de los Tigres, a estudiar el Salón de la Fama.

Chafets recorre un terreno familiar, al detallar la turbia impronta de los miembros de la nómina de 1937: Ty Cobb, un violento racista, y Babe Ruth, conocido por su alcoholismo.

De 62 años, el escritor recuerda a los célebres consumidores de píldoras que se encuentran entre los personajes de las ligas mayores, lanzadores que adulteraron la pelota para obtener ventaja y miembros del Salón de la Fama que estaban decididos a preservar el juego racialmente segregado, algunos de los cuales él identifica como miembros del Ku Klux Klan.

El autor lamenta que la regla cinco del apéndice electoral del Salón de la Fama en 1944 hiciera de la integridad, el espíritu deportivo y el carácter cualidades para ingresar al selecto grupo.

“Estaba en Israel durante el caso McGwire-Sosa. Solía quedarme despierto hasta tarde con amigos escuchando transmisiones de radio de esa carrera de jonrones. Fue emocionante. Y luego aparece alguien diciendo: ‘él estaba tomando esto, él estaba tomando aquello, así que ese jonrón no vale’. Bueno, discúlpenme, pero yo creo que vale. Y no quiero que me digan lo contrario. Díganme si el tipo estaba tomando algo. Está bien. Pero no me digan que no vale”, agregó Chafets.

McGwire, octavo en la tabla de jonrones, con 583, y quien admitió haber usado androstediona, un precursor de los esteroides, obtuvo 23.5 por ciento de los votos en su primer año como candidato al Salón de la Fama, en 2007. Para ser nominado se necesitan 75 por ciento de las preferencias de los periodistas. El año pasado obtuvo 23.6 por ciento y en 2009, 21.9.

Chafets, quien detalló ilícitos con apuestas por parte de integrantes del Salón de la Fama, también defiende a Pete Rose, descalificado por apostar, además de argumentar que el uso de sustancias mejoradoras de rendimiento niveló el juego.

“En una sociedad en la que todos usan sustancias que mejoran el rendimiento –estudiantes, maestros, pilotos, abogados, tipos que tratan de hacer el amor con sus esposas–, ¿estás diciendo que sólo los jugadores de beisbol no deberían poder mejorar su rendimiento mediante el uso de sustancias químicas? No estoy en favor de los esteroides, no los tomo, pero hay mucha gente que ha demonizado las drogas y ellos han convertido al beisbol en algún tipo de adoración de ancestros”, agregó.

Chafets dijo que juzgar a los jugadores actuales según el ideal romántico de pureza del siglo XIX podría perjudicar a la base de seguidores del beisbol.