Opinión
Ver día anteriorDomingo 19 de abril de 2009Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Aguante de guante
L

os guantes me causan tanto terror que nunca sabré por qué leí su historia, pero me parece muy pintoresca.

Una vez que Afrodita perseguía a Adonis por los bosques se lastimó las manos con espinas. En cuanto Las Tres Gracias oyeron sus lamentos, acudieron en su auxilio. Unieron tiras de vainas de semillas y las adaptaron a sus manos. Pero antes de los griegos y sus mitologías, los bárbaros necesitaron protegerse las manos contra el viento y la nieve. Jenofonte registra que los persas usaban guantes. Su uso se extendió entre los pueblos del Asia Menor y los etruscos. Para los habitantes del Nilo se consideraba que al ser los guantes atributos del faraón tenían origen divino. En los pugilatos los romanos usaban antecesores directos de los guantes actuales de boxeo. Eran manoplas armadas con correas llamadas cestos, que en su interior tenían láminas de plomo. Para los caballeros del siglo IV, por elegante el guante era de lujo y distintivo de casta. Durante la Edad Media la armadura de los hidalgos incluía manoplas de acero, mientras la tradición y la etiqueta prohibían a las damas el uso de los guantes. Los guantes simbolizaron también investidura feudal, así como testimonio de nobleza que el rey o un emperador otorgaban. Algunos textos, como La Canción de Rolando, del siglo XII, registran que entregar a un hombre un guante equivalía a confiarle una misión. Hacia el siglo IX, las mujeres empezaron a usar guantes. En su elaboración, los fabricantes crearon diseños con distintas telas y pieles, como el terciopelo o la gamuza, la piel de coneja, cordera o cabritilla, marta o nutria, perra o loba, gata o zorra, liebre o cierva o búfala. También los adornaron con encajes, perlas, piedras preciosas y botones. En los siglos XII y XIII, Italia, Francia y España rivalizaron en la industria del guante. Se fabricaron guantes perfumados con aceite de jazmín o de cedro, de ámbar, azahares o rosas. Entre los hombres de aquellas épocas, la idea del reto se asociaba al acto de arrojar el guante. En la Edad Media se prohibía al hombre en presencia de un superior enfundarse en guantes las manos. En miniaturas de los siglos XIV y XV hay personajes con los guantes en la mano. A finales de la Edad Media el uso del guante alcanzó su apogeo. Los guantes pontificios y litúrgicos formaban parte de los ornamentos entregados en su consagración al obispo. Estos guantes comenzaron a usarse antes del siglo XII, y en el dorso llevaban un bordado de oro que representaba una cruz, un cordero pascual, un monograma u otro símbolo relacionado con el culto. Muchas actividades comerciales, deportivas o industriales requieren el uso obligatorio de los guantes. Hay guantes para cirujanos y profesionales de la limpieza y la salud, guantes para bomberos, soldadores, ladrones y asesinos, para jinetes, golfistas y pilotos del volante, pero no hay guantes para joyeros ni sastres ni cerrajeros ni ejecutantes de ninguna orquesta, no hay guantes para peluqueros ni para masajistas ni para cocineros. Arqueros sí, arpistas no. Hay guantes para cazadores y para practicantes de tiro al blanco. Sobre todo, hay uniformes de gala que incluyen los guantes, en el ejército y los cuerpos policiales, en las instituciones de educación primaria, en la marina, entre ujieres, porteros y edecanes. El guante salvaguarda la parte del cuerpo que más lesiones sufre, como es la mano: cortes, golpes, infecciones, abrasiones. Después de la ofensa real o imaginaria, antiguamente los partidarios del ofendido desafiaban en duelo al demandar satisfacción del ofensor con un gesto insultante al que era imposible permanecer indiferente. Golpeaban al ofensor en el rostro con un guante, o delante de él arrojaban al piso el guante. De aquí la frase tirar el guante, que con el tiempo se ha hecho sinónimo de cualquier desafío. Un delito de guante blanco es una expresión coloquial que se refiere a aquellos delitos que se perpetran sin mancharse las manos, que se cometen sin intimidaciones ni amenazas, sin armas ni uso de la fuerza. Muchas veces el guante no sólo es utilizado para resguardar la mano, sino también para proteger lo que se toca con ellos: los dientes o cualquier otra parte del cuerpo, los alimentos, las pantallas, los cristales o las obras de arte y de arqueología, las fotografías, las memorias, los archivos, las cartas u otros escritos y documentos.