Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 18 de enero de 2009 Num: 724

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La autobiografía lectora de Michèle Petit
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Excepto las cigarras
HÉCTOR KAKNAVATOS

El palacio no nacional
RENÉ ASDRÚBAL ANDRÉS

Vida y locura de Ken Kesey
RICARDO VINÓS

El paraíso inocente de Subiela
JUAN MANUEL GARCÍA entrevista con ELISEO SUBIELA

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


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Angélica Abelleyra

Karla Jasso: de arte, tecnología y liberaciones de afectos

Para ella la historia es el campo donde la parte imaginativa del ser humano puede ser totalmente autónoma. Permite el viaje sin que un tiempo cronológico te determine. Saltas cuando y donde quieras, por lo que te facilita ser, sentirte libre. Es por algo de eso que Karla Jasso (Morelia, 1976) decidió que la historia inundara su persona y, más en específico, hizo que la historia del arte se convirtiera en una extensión de su vida, muchos años nómada y siempre alimentada por la lectura, la disciplina y una interpretación atenta a los fenómenos artísticos de la contemporaneidad.

Con una madre de Mazatlán y un padre tapatío, creció en Morelia con el deseo de estudiar filosofía o arqueología. Pero concluyó la carrera de diseño gráfico por mera disciplina, en Guadalajara, cuando tuvo un encuentro con un artista y una disciplina que llenarían después sus expectativas: el maestro Aramburen y la historia del arte. Aquel pintor abstracto y ermitaño que veía en ella a una historiadora más que a una diseñadora, impulsó a Karla para que estudiara casi las dos carreras a la vez.

Tras cuatro años de formación en la capital de Jalisco, fue a Italia a especializarse en historia del arte. Se percató de que lo clásico no le interesaba, sino lo underground y ciertos fenómenos artísticos contemporáneos. Ya de regreso, en el DF centró sus energías en una maestría en estudios de arte en la Universidad Iberoamericana (UIA). Supo más que nunca que la estética y el arte contemporáneo la conectaban, y afianzó su interés en una tríada que dio origen a una investigación, una beca y un libro: Arte, tecnología y feminismo. Nuevas figuraciones simbólicas (UIA, 2008).

Cuando presentó esta investigación como proyecto, ganó la beca de la Fundación Getty para trabajar en el equipo de archivos de arte contemporáneo del Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) en París: “El enciclopedismo a todo lo que da”, recuerda. Esa incursión fue todo un acontecimiento marcado por desilusiones. Una de ellas, el tema del feminismo que llevaba a cuestas mientras advertía que en París era un tópico fuera de circulación. Otra: la contemporaneidad que se investigaba en aquel instituto era las vanguardias del siglo XX. Entonces, tener a una mexicana que hablaba de arte electrónico, ciborg y ciberfeminismo resultaba casi impronunciable. Pese a todo, gracias al rigor de aquel espacio, volvió a experimentar la disciplina teórica, disfrutó del acceso a archivos contemporáneos en Europa, de restringida consulta, y adquirió un conocimiento desbordante mientras visitaba los tugurios del arte sonoro en París.

Abordar un tema novedoso le trajo dificultades: encontrar pocos interlocutores y comprobar la nula información existente allá sobre arte latinoamericano en la relación arte-tecnología. Cabe señalar que Karla ya tenía esbozada su investigación sobre arte, tecnología y feminismo, basándose en el trabajo de tres artistas: Lee Bul (coreana), Catherine Ikam (francesa) y Victoria Vesna (estadunidense). Sin embargo, aquella estancia también la conectó con su interés en América Latina y las redes que ya ha establecido para su tesis de doctorado: Artes electrónicas en Brasil y México. Dispositivos en situación.

Luego de la estancia parisina, en México fue invitada a dar clases en la Ibero sobre arte contemporáneo y teoría crítica, publicaron su libro y se inscribió en la UNAM para hacer su doctorado. Además combina toda esa estructura teórica en la subdirección curatorial del Laboratorio Arte Alameda.

Tecnofílica absoluta, la motiva la idea de desmontar las historias que se han construido sobre las artes electrónicas y cómo éstas pueden ser, o no, agentes liberadores de afecto. Le importa enfocar la tecnología no desde el punto de vista comercial, de consumo, posicionamiento y elite, sino interpretar los casos en que se desdoblan los sentidos de uso, fantasía y ruina, como es el caso del artista visual Gilberto Esparza, quien con su serie Parásitos urbanos genera una carga emotiva con esos robots hechos con tecnología reciclada para emular a los “diablitos”, esa práctica popular tan mexicana de robar la electricidad, nexo entre burla, metáfora de sobrevivencia y subversión al sistema. También Karla analiza esta liberación de afecto a través de las tres artistas incluidas en su libro, donde sus obras reflejan obsesiones individuales y colectivas entorno al cuerpo: el ciborg como figura monstruosa, la nostalgia de la arne frente al rostro digitalizado y la fabricación de vida artificial: temas e interrogantes que quizás ocuparán nuestras vidas cada vez más.