Usted está aquí: sábado 26 de julio de 2008 Política Resultados predecibles

Marta Tawil

Resultados predecibles

Que Condoleezza Rice proclame el debilitamiento irremediable de Hezbollah libanés, que el gobierno británico agregue el ala militar del grupo chiíta libanés a una lista de grupos terroristas, o que las cadenas televisivas sauditas insistan en decir que en los acuerdos intralibaneses alcanzados en Doha, Qatar, en junio pasado, no hubo ni vencedores ni vencidos, esconde mal la realidad de un Hezbollah fortalecido.

Después de los violentos enfrentamientos de mayo que terminaron con la toma de Beirut oeste por Hezbollah y la marginalización de las milicias sunnitas salidas de las filas de los seguidores y aliados de Saad Hariri, los acuerdos que se alcanzaron con la mediación de Qatar (rival de Arabia Saudita) representaron el reconocimiento del lugar predominante que el Hezbollah ocupa en la escena política y militar libanesa. En la formación del nuevo gobierno de Fouad Siniora facilitada por los acuerdos, la formación chiíta obtuvo en su campo 11 ministros de un total de 30, presencia que le da derecho de veto, ya que las decisiones importantes del gobierno deberán ser tomadas con una mayoría de dos tercios. Ello facilitará al movimiento chiíta y a sus aliados bloquear toda iniciativa destinada a desarmar a la “resistencia”, lo cual representará sin duda un obstáculo para la actuación de la sentencia del tribunal internacional. Éste será convocado en los próximos meses para juzgar a los presuntos responsables del asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri (febrero 2005) y para, con la consigna de Estados Unidos y sus aliados libaneses, llevar a Siria al banco de los acusados.

Por su parte, el partido cristiano del ex general Michel Aoun (católico maronita), aliado de Hezbollah desde febrero de 2006, obtuvo cinco ministros; además de la vicepresidencia, ganó los ministerios de Energía, Telecomunicaciones, Agricultura y Asuntos Sociales. Hezbollah se contentó con un ministerio, el del Trabajo; no está en su interés acaparar al gabinete, porque sigue beneficiándose de la imagen de estar lejos del juego sucio de la política, y porque, en la medida en que será un gobierno corto, busca reducir toda posibilidad de que esa imagen se manche antes de las elecciones parlamentarias de 2009. Le basta la fuerte presencia en el gobierno del ala cristiana de Aoun y la atribución de tres puestos importantes como el de Relaciones Exteriores a hombres cercanos a Nabih Berri, presidente del Parlamento (del grupo chiíta Amal), así como tres al nuevo presidente de la República, Michel Sleiman, elegido el 24 de mayo.

Hezbollah se ha, pues, acomodado a la cultura política libanesa y aceptado la idea de que el pacto entre comunidades religiosas es ineludible, al tiempo que permanece fuera del Estado libanés; no le interesa apoderarse de él sino meramente asegurarse de una presencia que le impida afectar sus intereses.

Para la “comunidad internacional”, con el retiro unilateral del sur de Líbano, efectuado en mayo de 2000, el ejército israelí recobró la legitimidad de responder a los ataques de Hezbollah en la porción de territorio libanés aún ocupado por los israelíes, Shebaa; así, bajo el gobierno de Ariel Sharon, Israel bombardeó posiciones de Hezbollah en abril y julio de 2001, e incluso una posición militar siria estacionada en Líbano.

El gobierno israelí continuó con la misma lógica hasta llegar a la fatídica decisión, en el verano de 2006, de emprender durante 33 días una intensa campaña de bombardeos contra Líbano, rehusándose categóricamente a negociar la liberación de los dos soldados (los mismos que recuperó sin vida con mediación alemana el 17 de julio pasado). Ese rechazo contrastó con los intercambios que en el pasado Israel negoció con Hezbollah; el más reciente tuvo lugar en enero de 2004.

Por su parte, con el inicio paralelo de la campaña militar israelí en Gaza, el líder del Hezbollah, Hassan Nasrala, asoció con éxito las actividades de “resistencia” de su grupo a la causa palestina, alzando aún más su estatura regional. De lado israelí, a la derrota en la guerra de 2006 se agrega la frustración ante la aparente incapacidad de los servicios de inteligencia de conocer con precisión las condiciones de los dos militares secuestrados.

El primer ministro Ehud Olmert expresa solidaridad a las familias de los soldados muertos, pero parece que no encuentra explicaciones convincentes para quienes no olvidan el fracaso de la ofensiva militar de hace dos años que costó la vida a 164 israelíes. Mucho más tienen los libaneses que recriminarle a Olmert, las mil 200 personas en Líbano que murieron en esa guerra, en su mayoría civiles.

El segundo gobierno de Fouad Siniora surge en un contexto de una reducción de la tensión bilateral entre Siria y Líbano, y el acercamiento entre Damasco y París, evoluciones que sin duda permiten a Hezbollah conservar temporalmente su posición en el seno de un sistema confesional inestable y una sociedad polarizada. Sin embargo, la continuación de las operaciones de resistencia contra la ocupación israelí puede en el largo plazo ser interpretada por muchos libaneses, no se diga por las potencias occidentales e Israel, como un pretexto avanzado por Siria e Irán para satisfacer sus propios intereses.

En la configuración actual no es posible disociar claramente la influencia siria e iraní en Líbano y en la movilización chiíta. Es cierto que desde que Siria retiró sus tropas de Líbano en 2005, Hezbollah pasó inevitable y más claramente a la órbita de Irán; la injerencia de Teherán en la escena política interior de Líbano se acentuó. Damasco no puede decidir la suerte del Hezbollah o persuadirlo a deponer las armas, ya que, como se ha confirmado, el grupo chiíta cuenta con una red importante de apoyos sociales y políticos internos y porque en última instancia la principal influencia doctrinaria y material de Hezbollah es Teherán. Sin embargo, el paso de armas a través de la frontera siria sigue siendo fundamental. Queda por ver la manera en que esta relación triangular evolucionará si las negociaciones indirectas en curso entre sirios e israelíes derivan en un acuerdo de paz.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.