Usted está aquí: martes 1 de julio de 2008 Cultura Cada vez hay menos autores de literatura erótica; “prefieren los juegos de poder”

■ Mónica Lavín publica Hotel Limbo, novela sobre la relación entre un pintor y su modelo

Cada vez hay menos autores de literatura erótica; “prefieren los juegos de poder”

■ Los artistas se desnudan ante los demás para compartir su mirada del mundo, manifiesta

Mónica Mateos-Vega

Es difícil hablar de la intimidad, el deseo y la piel sin caer en los lugares comunes, reconoce la escritora Mónica Lavín (DF, 1955), a propósito de su nueva novela, Hotel Limbo (Alfaguara), en la que debió abordar esos temas con el esmero que requiere pintar una obra maestra.

Con pinceladas finas, corrigiendo y retocando a sus personajes pero, sobre todo, con la mirada atenta en la luz que de ellos emana, para evitar ser reiterativa, la narradora dibujó, mediante la palabra, a Sara y a Darío, un par de solitarios.

Él es pintor, devoto de los cuerpos desnudos que plasma en el lienzo. Ella es una modelo involuntaria que aguarda a que la pasión la haga explotar, mientras permanece horas posando, sólo con la luz del sol cubriendo su piel.

Si bien Lavín nunca menciona en Hotel Limbo al pintor francés Balthus –una de las obras de este artista aparece difusa en la portada del libro–, ella tuvo en la mente varias de las imágenes de sus jóvenes modelos: “Siempre pensé en la postura de Sara como un cuadro de Balthus. Es una actitud expectante, de desparpajo y abandono de sí misma que me llama mucho la atención.

“Desde hace tiempo me he sentido fascinada por esa relación entre los pintores y sus modelos, alguna vez escribí una serie de artículos sobre esto. Siento que las mujeres de esos cuadros están como desconectadas de sus circunstancias, en el límite de la transgresión.”

En entrevista con La Jornada, la narradora explica que cada vez hay menos autores que se dediquen a la literatura erótica porque interesa más la historia, “personajes que existieron o los juegos de poder”.

El riesgo de caer en la pornografía

Además, prosigue Lavín, existe otra dificultad: abordar temas vinculados con el erotismo, sin caer en la pornografía, “es un riesgo difícil, porque se habla del deseo, de la piel, en este caso de los pintores que observan a sus modelos.

“Al escribir Hotel Limbo revisé mucho el texto para no resbalarme en esos bordecitos cuando sentía los excesos, pues al hablar sobre sexualidad es muy fácil caerse; hay una línea muy fina que separa de la obviedad.

“Pero cuando describo la desnudez en mi novela estoy hablando del alma, o del estado anímico que desea la belleza, o de la añoranza por el encuentro con otro. Sara desea ser vista por quien desea, y el pintor desea mirar para poseer en el arte.

“Todo es un acto de voyerismo que se parece a lo que hacemos los escritores. Con eso trabajo: con el juego de miradas, pues quiero que el lector no sólo sea eso, sino que perciba que está mirando un cuadro, que se meta en el pellejo de quien ve una pintura ya hecha. Aquí no sólo tenemos el permiso de mirar lo que pintan los protagonistas sino lo que hay en sus mentes.

“Escribir o pintar sobre la intimidad implica el riesgo de quedarse en la cáscara, sin entrar en ella. La idea es penetrar en los personajes, saber qué los habita. La desnudez no es una piel fría, sino muchas cosas más bajo un sinfín de capas.

“Los artistas hacen eso, se desnudan frente a los demás porque comparten su mirada del mundo. La dificultad es conseguir hacer al lector cómplice de personajes como Darío y Sara. Al final, esta novela me deja una sensación de reposo, una triste suavidad”, concluye la escritora.

 
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