Usted está aquí: miércoles 26 de marzo de 2008 Política El poder los igualó

Carlos Martínez García

El poder los igualó

En poco tiempo mostraron su verdadera calaña. Fueron una cosa en la oposición y lo contrario al poco tiempo de alcanzar posiciones de gobierno. Lo que no pudieron hacer en su contra los hostigamientos y abiertas persecuciones de los regímenes priístas lo ha realizado con precisión de escalpelo el poder y sus beneficios pecuniarios acompañados de tráfico de influencias.

La reciente elección por la presidencia del Partido de la Revolución Democrática ha mostrado con nitidez los grados de descomposición existentes en el organismo. De uno y otro lado los grupos operativos formados para hacer triquiñuelas dejaron evidencias de que echaron mano de excesos electorales originalmente diseñados por los priístas. Aprendieron bien cómo prohijar padrones adulterados, casillas zapato, urnas embarazadas, acarreos de votantes mediante prebendas o amenazas de retirarles programas sociales, conteos inflados, robos de paquetes electorales y otras argucias del abanico desplegado para adulterar la voluntad de los sufragantes.

No hay que dejarse chantajear por quienes identificados con cualquiera de los contendientes principales por la dirigencia nacional perredista, Alejandro Encinas y Jesús Ortega, señalan como cómplices de la derecha a los críticos del turbio proceso electoral del PRD. Ese chantaje busca disminuir los documentados señalamientos de que en el perredismo ha sentado sus reales no la disputa entre proyectos políticos sino el enfrentamiento cuasi mafioso entre bandos de intereses de todo tipo. Es una posición sumamente conservadora, y cínica, la que pretende acallar la crítica con pretendidos argumentos que son más propaganda política que razones propias de la izquierda y de una personalidad democrática.

En los comicios pasados el PRD tocó fondo, se ha convertido en todo lo que combatió desde su origen y se ha traicionado a sí mismo. Tiene razón Cuauhtémoc Cárdenas cuando señala que el partido, en sus condiciones actuales, “está incapacitado para cumplir con el compromiso que tiene con el pueblo y la nación (…) está traicionando a sus muertos”. Somos testigos de cómo la ficción literaria de George Orwell –nos referimos a Animal Farm– se encarna a la mexicana en una realidad política de espiral hacia abajo. El corporativismo tan criticado del PRI ha resurgido en el PRD, en una versión más avanzada pero igualmente dañina para los verdaderos intereses populares.

Del otro lado, en el PAN y su clase política gobernante, se esbozan sonrisas altaneras por lo acontecido en las elecciones del PRD. Carecen de autoridad para sus desplantes. En Acción Nacional se han servido grotescamente del poder gubernamental, ya sea éste municipal, estatal o federal. En el partido cuyo fundador, Manuel Gómez Morín, decía que su causa era una “brega de eternidad”, se han acomodado muy bien a los faustos terrenales. En el libro de Álvaro Delgado El engaño: prédica y práctica del PAN (Editorial Grijalbo, 2007), se hace un seguimiento de los estragos que ha hecho el poder en las filas del panismo. Su pretendida fortaleza doctrinal religiosa de muchos conspicuos integrantes de Acción Nacional se ha desgajado en cuanto tuvieron a su alcance el erario. No se trata de unos cuantos casos aislados, sino que, como lo demuestra el autor del volumen, una tendencia entre los panistas a medrar con los puestos gubernamentales.

Pueden parecer más ofensivos a una sociedad que aspira a ser democrática en todos los terrenos los impúdicos jaloneos por la dirección del PRD, o su corporativismo disfrazado de justicia social, que los sigilosos atracos panistas de cuello blanco, pero ambos se igualan en hacer a un lado los intereses nacionales para confundirlos con prebendas para las camarillas. En el PAN nada tienen que los respalde para señalar los desfiguros perredistas, sobre todo cuando todavía no salen del papelón en que los metió el “político de una nueva generación” (pero de muy viejas mañas) Juan Camilo Mouriño, quien se amparó en una dudosa legalidad para ocultar sus manejos empresariales y políticos.

La priízación del PRD y del PAN ha dejado de ser una posibilidad teórica. La descomposición ya no es patente de un solo partido político. Desde la izquierda se hace imprescindible reconstituir la opción de avanzada que el país necesita para sacarlo de su lacerante desigualdad. Un ejercicio necesario para reorientar el rumbo es la crítica del perredismo realmente existente. ¿Cómo y cuándo se inició el naufragio? ¿Quiénes y de qué formas incubaron las prácticas antidemocráticas?

No menos importante que responder a cabalidad las anteriores preguntas deberá ser la tarea de formar éticamente a los cuadros dirigentes que vendrán para que resistan a las fascinaciones del poder. Fue Álvaro Obregón quien dijo que no había general que resistiera cañonazos de 50 mil pesos (de aquellos viejos pesos). El cambio democrático pasa hoy por la existencia de reservas éticas en los personajes del poder que bien puedan evitar sucumbir ante aquellos y otros cañonazos.

 
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