Usted está aquí: martes 12 de febrero de 2008 Cultura “Con tantos años en la escultura he aprendido que la estabilidad es belleza”

Elvira Fernández Gascón muestra una decena de obras en la galería Pecanins

“Con tantos años en la escultura he aprendido que la estabilidad es belleza”

De lo orgánico a lo abstracto incluye piezas creadas con fibra de vidrio y polvo de mármol

Si el arte es lenguaje, entonces mi forma de comunicar es con las entrañas, dice

Merry MacMasters

Ampliar la imagen Los juegos del animal, 1989, figura entre las 10 obras de Elvira Fernández que se exhiben en la galería de Durango 186, colonia Roma Los juegos del animal, 1989, figura entre las 10 obras de Elvira Fernández que se exhiben en la galería de Durango 186, colonia Roma

Una decena de esculturas de la artista Elvira Fernández Gascón se muestran en la galería Pecanins, en el contexto de la exposición De lo orgánico a lo abstracto, cuyo catálogo incluye un texto de la crítica de arte Raquel Tibol.

Fernández Gascón empezó su carrera artística a los 38 años de edad –lleva 23 de quehacer creativo–, por lo que no se le permitió inscribirse de manera formal en la Escuela Normal Superior de Artes Decorativas de París. Y si primero estudió economía y luego sicología, fue porque “eran los años 60, se había dado la Revolución Cubana, y aunque era hija de artistas –la pintora Elvira Gascón y el pintor y arquitecto Roberto Fernández Balbuena, quien en su calidad de subdirector del Museo del Prado lo puso a salvo durante la Guerra Civil Española–, los jóvenes queríamos cambiar el mundo.

“Mi padre siempre me dijo que debía estudiar bellas artes, pero como a él lo obligaron a estudiar arquitectura antes de bellas artes, me dijo: ‘haz lo que quieras’, entonces, estudié economía”. A pesar de hacer un doctorado en planeación y educación, y trabajar en la antigua Comunidad Económica Europea como alta funcionaria, nunca se sintió a gusto con su carrera.

Atracción por el volumen

Fernández Gascón primero trató de escribir. Durante una estancia de 15 años en Europa, entró en contacto con la obra del pintor y poeta francés Henri Michaux (1899-1984), con quien trabó buena amistad. Un día Michaux le dijo, “con su afabilidad increíble: ‘Elvira, tu vida debería estar en otro lugar’. Entonces me fui a París y empecé a meterme a los talleres de grabado Lacouriére-Frélaut, Clot y Bramsen, de litografía; la Grande Chaumiére, de pintura y dibujo, y la Escuela Normal Superior de Artes Decorativas”.

La pintura no le entusiasmó, pero un día bajó al sótano donde estaban los talleres de escultura. Ahí llamaron su atención los botes de basura, con fierros, alambres, zacate y yeso.

“Sentí un jalón en el estómago. Dije, por aquí es. Me metí a estudiar escultura, pero allí también tenías que hacer desnudo. Entonces, lo que hacía fue que cuando se iba el profesor, me quedaba con los alambres, el zacate, el yeso, haciendo mis cositas y me las llevaba a casa.”

De la escultura le atrajo el volumen. En el taller Lacouriére-Frélaut –allí vio a Chagall realizar grabado–, Elvira trabó amistad con los dueños, y un día que Nanie Frélaut fue a cenar a su casa, al ver uno de sus “volúmenes”, le dijo: “Elvira, eres escultora”. Fue la primera persona en decírselo.

“Es increíble –indica la entrevistada–, porque no hago bocetos. Agarro un alambre, un metal desplegado, yeso y me pongo a hacer escultura, sale o no sale. De cada 10 que hago, tiro nueve. Procedo por intuición. La voy armando según me va dando gusto o no. La estructura es lo que finalmente te da la forma. Todo es hecho a mano. Bueno, los moldes me los hace un moldeador y me vacía la fibra de vidrio.”

Las esculturas de la galería Pecanins están hechas en fibra de vidrio, con polvo de mármol y pintadas con laca automotiva. Una, Orgánica (2005), que está sin pintar, anuncia cambios por venir. En cuanto disponga de suficientes recursos económicos, Fernández Gascón piensa hacerla en bronce.

“Trabajé en fibra de vidrio para que no se fuera a estropear el yeso. Si mis esculturas en este material se caen al suelo, se despostillan pero no se rompen, porque tienen una armadura increíble. He aprendido con el oficio de tantos años, que la estabilidad es belleza. Nunca se me ha caído alguna escultura y las he hecho de dos metros.”

La “sencillez” que aparentan sus piezas le costó mucho trabajo: “Están hechas con las entrañas. El arte es un lenguaje; entonces, esa es mi forma de comunicar. Esto soy yo”. Hay, “mínimo”, tres esculturas en cada pieza. Aunque la mayoría traen manchas de color, no le fue fácil aplicarlo, porque “cada escultura pide algo diferente”.

Hay una frase de Jorge Luis Borges, que Elvira siempre tiene presente: “Esa eminencia de una revelación que no se produce es quizá el hecho estético”.

La exposición Elvira Gascón Fernández: de lo orgánico a lo abstracto se puede ver en la galería Pecanins (Durango 186, colonia Roma).

 
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