Usted está aquí: domingo 20 de enero de 2008 Política Bajo la Lupa

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

Resurrección del nacionalismo petrolero global

Ampliar la imagen Emilio Gamboa el 19 de diciembre pasado en la Cámara de Diputados Emilio Gamboa el 19 de diciembre pasado en la Cámara de Diputados Foto: María Meléndrez Parada

Las corrientes históricas a inicios del siglo XXI van contra las trasnacionales petroleras y gaseras anglosajonas, que prácticamente dominaron todo el siglo XX y pudieron desarrollar su tecnoindustria gracias a un precio excesivamente bajo de los energéticos.

La supervivencia de las cinco super majors (que tradujimos como súper-trasnacionales petroleras privadas, STPP) se encuentra en tela de juicio (ver Bajo la Lupa,16/1/08), lo cual destacan sus propios comentaristas desde el reporte del Pentágono al respecto (“Resurrección del nacionalismo petrolero en Latinoamérica”, ver Bajo la Lupa, 2/07/06), pasando por la confesión británica de Carola Hoyos sobre el ascenso irresistible de las empresas estatales (“Las nuevas siete hermanas estatales”, The Financial Times, 11/3/07), hasta el ensayo de Jean-Pierre Sereni en Le Monde Diplomatique (marzo 07), retomado en Bajo la Lupa (“Declive de las petroleras privadas”, 27/5/07).

Ya el británico Oliver Morgan (The Observer, 29/10/06) acotaba que “las gigantes trasnacionales del petróleo se encuentran en problemas, con la disminución de sus reservas, el aumento de impuestos y costos, mientras los países productores reniegan (sic) sus acuerdos o nacionalizan sus activos”. No oculta que “por encima de todo, se encuentra la tendencia creciente del nacionalismo energético que rodea al planeta”.

Aduce que las “trasnacionales se han topado con las autoridades nacionales desde Bolivia hasta Rusia, quienes las han expulsado o cuestionan sus acuerdos en los que se fincan para conservar sus ganancias de largo plazo”.

Agrega que existe prácticamente un bloqueo mundial, sensiblemente manifiesto en el Medio Oriente, a las tentativas de penetración y/o colocación de las trasnacionales.

Según Oliver Morgan, la “verdadera causa” del declive de las trasnacionales anglosajonas se debe a la “mayor dificultad al acceso de las restantes reservas de petróleo y gas”, cuando “a duras penas 20 por ciento de las reservas globales se encuentran en manos de las trasnacionales, mientras 80 por ciento es poseído por las empresas nacionales, principalmente propiedad estatal de los países productores, como Aramco, de Arabia Saudita, o la Compañía Petrolera Nacional Iraní”; subraya en forma juiciosa que las “trasnacionales han sido  históricamente valuadas con base en sus reservas”, pero “si la moda (¡súper-sic!) del nacionalismo continúa, todas las medidas pueden deteriorarse en forma dramática”

Aun a la atribulada correduría Morgan Stanley no le queda más remedio que admitir la “migración de la energía de los países industrializados a los mercados emergentes” donde resalta la nacionalización de Rusia y Bolivia. El control geoenergético ha sido arrebatado a la OCDE (donde se ubica en forma anómala el “México neoliberal” panista-priísta) en beneficio de Rusia, Latinoamérica (con la singular excepción del “México neoliberal”), África y el Medio-Oriente” gracias al “alza del barril y se encuentran reticentes a perder el control del mayor motor de sus desarrollo”. ¡Con la notable excepción de los entreguistas apátridas del “México neoliberal” del duopolio PAN-PRI!

El grave problema de las principales trasnacionales anglosajonas no solamente radica en su camuflado estado crítico, sino que es mucho peor a lo reportado debido a su contabilidad tramposa, para no variar, cuando toman lo ajeno (las reservas de los países explotados) como propio (lo que sucedió con la trasnacional pirata española Repsol YPF, prácticamente en quiebra), como explaya prístinamente Oliver Morgan: “la posición de las reservas de las trasnacionales es más débil que su producción (el total de reservas se basa en cantidades probadas que se espera puedan ser razonablemente recuperadas, y por consiguiente subestiman la cantidad de petróleo que queda en el mundo). Esto significa que al menos que puedan mejorar sus reservas, su producción declinará en forma dramática”.

Según Morgan Stanley, las “reservas” de las principales trasnacionales privadas (que ahora habría que diferenciar con las florecientes trasnacionales estatales que compran a las STPP mediante sus letales fondos soberanos de riqueza cuando el G-7 se encuentra al borde la insolvencia financiera) pasaron a la mitad de sus cifras alegres de hace 10 años, lo que exhibe su notoria caquexia. Su futuro será peor, como aduce Fadel Gheit, analista de la industria petrolera en Oppenheimer Inc, con sede en Nueva York: “única manera en la que tengan acceso es cuando puedan demostrar que se encuentran muy por encima de las empresas estatales en su aportación tecnológica”. Pero tampoco durará mucho su ventaja tecnológica, cuando los países productores, empujados por su patriotismo científico, adquieran el conocimiento y se consagren a la investigación y el desarrollo.

Gheit puntualiza que con la asombrosa elevación del precio de los hidrocarburos la “motivación para invitar a las trasnacionales ha disminuido”. ¡Lo contrario del “México neoliberal del dupolio vendepatrias del PAN-PRI!

Más aún: han sido desechados hasta los “acuerdos de participación en la producción” con las trasnacionales que se pusieron de moda con Rusia a la mitad de los 90, “que permite obtener ingresos de proyectos hasta que sus costos son pagados cuando el ingreso en compartido” cuando el “precio del petróleo se encontraba bajo y las arcas nacionales vacías”. Ahora el gobierno ruso ha exigido la revisión a las trasnacionales anglosajonas que no han tenido otra opción que doblegarse. Claro, existe gran diferencia entre Rusia, con los geniales Putin y Medvedev, con el México de los mediocres disfuncionales.

Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de Energía (nota: el brazo armado del G-7 frente a la OPEP), con sede en París, considera que por razones “legales y geopolíticas”, las trasnacionales privadas jugarán un papel menor en el “mercado global” buscando “nichos” cada vez más diminutos y restringidos, con el fin de sobrevivir.

En espera de su inminente irrelevancia las trasnacionales privadas anglosajonas se han despachado con la cuchara grande, cuando “producen actualmente más petróleo y gas que algunos países enteros (¡súper-sic!). Exxon y British Petroleum (BP) “producen más petróleo que Kuwait o Irak. Shell y BP, cada uno produce más gas que Irán o Arabia Saudita”. ¡Qué aberrante anomalía!

El panista críptico con travestismo priísta (políticamente hablando). Emilio Gamboa Patrón (ex secretario particular de Miguel de la Madrid Hurtado, cuyo grupo fracasado está aliado con Calderón para la privatización clandestina de Pemex, ver Bajo la Lupa 9/1/07), alardea su “entusiasmo” por la “modernización energética” (¿alcanzará a entender sus alcances epistemológicos?) que en su boca y en los hechos equivale al “progreso” de los cangrejos yucatecos y va a contracorriente histórica de las tendencias globales en favor del nacionalismo estatal. ¿De cuándo acá la “modernidad” es “privada” o “estatal”? ¿Qué tiene que ver una vulgar privatización de intereses particulares con la “modernidad” de un país como México o de su principal empresa, Pemex, desmantelada deliberadamente por el depredador duopolio neoliberal PAN-PRI?

 
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