Usted está aquí: sábado 6 de octubre de 2007 Cultura Un joven latinoamericano en el Olimpo

Un joven latinoamericano en el Olimpo

Pablo Espinosa

La llegada a México del nuevo disco, apenas el segundo y ya su consagración definitiva, del joven maestro venezolano Gustavo Dudamel (Barquisimeto, 26 de enero de 1981) es motivo de celebración, orgullo, júbilo y reflexión.

En primer lugar, es de festejar que el planeta cuente con un nuevo gigante de la batuta. Es de orgullecerse que este nuevo genio provenga de una población venezolana y sea producto de uno de esos milagros musicales que ocurren cuando hay voluntad, empeño y sobre todo honestidad. Pero también amerita reflexionar por contraste: si este nuevo gran maestro tiene los reflectores del mundo sobre su rostro en éxtasis creativo y su origen es tan modesto como lo puede ser el de algún artista mexicano, ¿por qué nuestro país no está produciendo el relevo generacional que necesita? Basta mirar la realidad nacional en el terreno de la dirección orquestal en México para constatar de inmediato que lo dominante es la mediocridad absoluta.

La orfandad en que nos dejó Eduardo Mata (quien hace tres semanas hubiese cumplido 65 años, pero murió en un accidente aéreo el 4 de enero de hace 12 años) es apabullante, tanto, que se pueden nombrar las excepciones con tres dedos de una mano: Francisco Savín, Jorge Mester (defenestrado por la grilla a la mexicana) y Luis Herrera de la Fuente, tres maestros prácticamente inactivos ya, mientras el resto enseñorea su mediocridad por los podios o a la sombra de la más vulgar polaca.

El milagro que dio origen a Gustavo Dudamel es un programa de educación musical del que por cierto participó Eduardo Mata y el cual La Jornada ha documentado en su oportunidad. La idea de un concurso internacional de dirección de orquesta con el nombre de Eduardo Mata es genial. Falta la parte fundamental: que el Estado asuma su responsabilidad y no se desentienda con la frase “no hay recursos”, que suena a burla.

Por lo pronto, celebremos la consagración de Gustavo Dudamel, nada menos que con la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler, en el sello Deutsche Grammo-phon. Es un prodigio su versión de esta obra monumental. Nuevo gran director mahleriano habemus. ¡Salve, bienvenido al Olimpo, maestro Dudamel!

 
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