Usted está aquí: sábado 24 de marzo de 2007 Economía Mejor ornitorrinco que pato

Gustavo Gordillo

Mejor ornitorrinco que pato

Todos conocemos el clásico chiste del pato. Si algo camina como pato, grazna como pato y vuela como pato, no hay duda que es un pato. Pero hoy la versión moderna es la siguiente: si algo camina como pato, grazna como ganso y vuela como águila; no hay duda que es pato. Aun escritores de izquierda rigurosos han tenido problemas para definir el concepto populismo. Ernesto Laclau, quien ha escrito lúcidamente sobre el populismo, señala: "Cuando usamos el término populismo algún significado presupone en virtud de nuestras prácticas lingüísticas, pero ese significado es difícilmente traducible ni apunta a ningún referente que pudiera contener tal significado". Ludolfo Paramio trata el tema también de manera no concluyente: "Qué es el populismo? La pregunta tiene varias respuestas, pero por razones prácticas podemos distinguir entre un fenómeno histórico de un tipo de discurso político que emerge en distintos momentos históricos y se expresa através de distintas políticas económicas no necesariamente distributivas ni inclusivas como las que fueron implementadas durante el populismo histórico".

Ornitorrinco. La pregunta es por qué le siguen llamando pato y no por ejemplo ornitorrinco. El excelente filósofo chileno Martin Hopenhayn escribió un opúsculo sobre la violencia en América Latina. Usa la figura de fantasma para descifrar el rol que el concepto de violencia juega en el discurso político. El fantasma como símbolo supera el fenómeno que trata de describir, pero se basa en sus especificidades para impactar percepciones y acciones. Funciona, sigue diciendo Hopenhayn, como sustituto temático al conflicto social y ofrece una imagen donde pueden catalizarse los temores de la población en coyunturas de altos riesgos y horizontes inciertos. Finalmente opera estigmatizando a sectores de la población; en el caso que estudia Hopenhayn a jóvenes, hombres, de clases populares, que viven en cinturones de miseria en las grandes ciudades.

El populismo como mampara. De la misma forma el populismo como fantasma ha sido usado como mámpara frente a las crecientes movilizaciones sociales y al ascenso al poder de distintas izquierdas. Como instrumento político ha buscado poner una cortina de humo frente a los fracasos de las reformas estructurales, explicándolos como producto de la obstrucción de los "intereses especiales". Usado en campañas mediáticas es un concepto que galvaniza los temores de clases medias y clases populares atrapadas entre el temor frente a su vulnerabilidad económica y su rabia frente a la inseguridad pública, la violencia criminal, el tráfico de drogas y el abuso del poder. Finalmente busca criminalizar a la izquierda estableciendo un puente simbólico entre peligro e izquierda. Ha logrado, además, que las izquierdas respondan y debatan desde ese mismo terreno.

Izquierda y derecha. El último número de la revista Prospect está dedicado a preguntarle a cien intelectuales de muy diversas especialidades "¿si los conceptos izquierda y derecha definieron al siglo XX, qué pasará en el siglo XXI"? Las respuestas muy variadas contienen una gran riqueza conceptual. Giran empero alrededor de un conjunto que resume Bruce Ackerman: "Cosmopolitas contra patriotas. Los "cosmos" en dos variedades. Las de izquierda preocupadas con problemas globales como el cambio climático, la proliferación nuclear y la injusta distribución de la riqueza. Las de derecha presionando para que se rompan las barreras al comercio. Ambas empero coinciden en fortalecer el poder de instituciones mundiales a costa de reducir la soberanía de los estados nacionales. Los patriotas también se expresan de dos formas. Las de izquierda insisten en proteger a los trabajadores locales y a la cultura frente a la competencia extranjera. Las patriotas de derecha quieren defender a los locales de la migración y están a favor de embarcarse en una política de ataques preventivos contra potencias rivales. Ambas consideran que la nación Estado es la última defensa de la democracia."

Coalición de ciudadanos no de aparatos. Desde un punto de vista estratégico lo que debe importar hoy en México a las izquierdas son las elecciones de 2012. Más que un programa de acuerdos básicos entre los distintos agrupamientos de izquierda, lo que la coyuntura actual demanda es una vasta operación de inclusión social. El punto de partida no puede ser un acuerdo de aparatos partidistas y organismos sindicales o campesinos, sino una nueva coalición para gobernar a partir del amplio sector de los ciudadanos que se consideran independientes La coaliciones electorales clásicas de la izquierdas como la Concertación en Chile o el Frente Amplio en Uruguay suponen dos cosas: la presencia de un sistema de partidos estable y ya constituido, y un grado razonable en que los ciudadanos reconocen el papel de agregación de intereses de los partidos políticos. Ambas cosas están ausentes en México. Por eso se tiene que comenzar por articular una coalición de ciudadanos más que de aparatos.

Hacer política con los independientes. El éxito de la campaña de AMLO fue la combinación de redes y partidos. Pero las redes buscaban sobre todo captar a los operadores políticos del viejo régimen y lo lograron. Los votos que perdió el PRI los ganó sobre todo el PRD, pero también el PAN y Nueva Alianza. Para las elecciones de 2012 una coalición ganadora que pueda además gobernar con apoyo social necesita ensanchar su base electoral. Atraer a las ciudadanas independientes. Jóvenes, mujeres y de manera importante migrantes. Cosmopolitismo y patriotismo. Con un discurso político que opere como compromiso con los ciudadanos y no como fantasma. Que corresponda con sus prácticas políticas.

Un discurso de valores. Las palabras, el lenguaje tiene efectos políticos directos. Particularmente en un contexto político caracterizado por el uso descarado del discurso para esconder intenciones y actuaciones. Para cantinflear. Importa lo que se diga cuando, quien lo dice, entiende que está suscribiendo un contrato de ciudadanía. Un compromiso con quienes escuchan, participan y reaccionan ante su discurso. La diferencia central entre la vieja y la nueva política no está sólo en lo que se dice sino en cómo se dice. Congruencia entre las ideas y las acciones. Un ornitorrinco pues.

http://gustavogordillo.blogspot.com/

 
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