Usted está aquí: martes 14 de noviembre de 2006 Política Fox y el Premio Nacional de Ciencias y Artes

René Drucker Colín

Fox y el Premio Nacional de Ciencias y Artes

El pasado 8 de noviembre en Los Pinos se entregaron los premios nacionales de Ciencias y Artes que anualmente reciben aquellos personajes que año con año se considera son merecedores de esta distinción.

En el pasado, el evento fue de gran algarabía para la comunidad científica y artística, pues era un acto no sólo esperado, sino de júbilo, y se tenía siempre el día de la entrega un ambiente festivo. Desde luego también era un momento oportuno para denunciar las carencias y la falta de apoyos hacia la ciencia y la cultura. Los discursos en general eran duros y a la cabeza (aunque nunca tuvieron el efecto deseado), pero en general los presidentes siempre habían guardado respeto hacia esta costumbre y aguantaban bastante bien los reclamos.

Desde la llegada de Fox a Los Pinos esto desapareció, el acto se desangeló y casi desde un principio se buscó a los individuos más planos, tibios y menos aguerridos para dar el discurso en representación de los premiados. Esto ha sido más notorio en la segunda mitad de la gestión de Fox. Pero lo que ocurrió en este último realmente fue lastimoso.

Entre los premiados estuvo el rector de la UNAM, quien no sólo es un estupendo orador, sino, desde luego, alguien que hubiera lanzado un mensaje sumamente significativo, con elegancia como acostumbra, señalando seguramente el pobrísimo desempeño de la actual administración en materia de ciencia. Pero los organizadores, y de seguro el propio Fox, no querían oír sus verdades acerca de la lastimosa ineficacia en una materia tan importante para el país, a pesar de que Fox siempre habla sobre la libertad de expresión, que según él ha impulsado. En lugar de esto, el discurso fue dado por el crítico Emmanuel Carballo, por quien tengo mucho respeto, pero que desafortunadamente en esta ocasión fue de lo menos crítico posible. De hecho soslayó completamente el problema tan agudo de la ciencia y la cultura.

Todo esto muestra otra vez que Fox, a pesar de ser un tipo grande de estatura física, es chiquito, chiquito, chiquito como persona y como inquilino de Los Pinos. Desde luego, y para no perder la costumbre, se equivocó al pronunciar los apellidos de dos de los premiados, mostrando nuevamente su enorme incultura, y no perdió la oportunidad de elaborar su sarta de mentiras y falsedades acerca de los apoyos para la ciencia. El ha de creer que todos somos tontos como él y que se puede engañar dando cifras que no sólo no dicen nada, sino que además muestran la pobreza de sus apoyos para la actividad científica. El señor sólo se quiere oír a sí mismo y de seguro ni siquiera tiene idea de lo ridículo de sus "apoyos" para la ciencia, si sólo se tomara la molestia por unos cuantos minutos de compararla con los de otros países, no tan lejanos del nuestro.

La verdad es que Fox no necesita expresar que él "ya puede decir cualquier tontería, pues ya se va": las ha dicho desde el primer día que tomó posesión como presidente. Es una verdadera pena, no para él, sino para el país, pues además de dejar a México hecho un desastre, ha sido poco respetuoso y, sobre todo, muy poco capaz de escuchar críticas con la verticalidad de un hombre de Estado, simplemente porque no lo es.

A final de cuentas, la ceremonia del Premio Nacional de Ciencias y Artes se salvó gracias a Julieta Egurrola, quien con valor y dignidad lo sorprendió exigiéndole solución para las mujeres violadas de Atenco y los desaparecidos de Oaxaca. Afortunadamente esta administración ya se va; esperemos que la próxima no sea un clon de ésta.

 
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