Usted está aquí: sábado 28 de octubre de 2006 Cultura Bajo el signo beatnik y la bendición budista

Bajo el signo beatnik y la bendición budista

John Adams hizo la corrección final y "salvó" en su computadora su texto más reciente hace apenas cuatro meses.

Esas cuartillas nos llegan ahora impresas en el cuadernillo de su álbum flamantísimo: The Dharma at Big Sur / My Father know Charles Ives (Nonesuch Records), un disco bifronte y, al igual que Jano, puede leerse de su rostro según la cara que nos presente.

Es decir: es un disco con dos portadas, las cuales reproducimos: arriba de estos parrafitos, la foto de Edward Weston titulada Shell and Rock Arragement. Abajo, una panorámica de la Orquesta de Ed Murphy, que atesora Adams en una caja (no de chiclet's adams, sino de buenas fotos). The Dharma at Big Sur es una partitura que nació, creció y se reprodujo bajo el signo de Jack Kerouac: Adams se propuso, según explica en el texto referido, componer una partitura beatnik o por lo menos reproducir las intensidades con las que Kerouac, ese bendito poeta maldito, reflejó el entorno, el pedazo de planeta donde nació su embrujo y Adams leyó en el poemario que Kerouac, ese maldito poeta bendito, tituló Big Sur.

Lo de Dharma obedece a que los maestrísimos beatniks, esos bendecidos poetas maldecidos, fueron los primeros en hacer notar a la cultura occidental que una buena manera de detener su deterioro es acercarse a la filosofía budista, que dotó de bendiciones a los poetas malditos y a los lectores maldi/bendi/tudinarios.

Pablo Espinosa

 
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