Usted está aquí: martes 3 de octubre de 2006 Política Ceguera y contienda

José Blanco

Ceguera y contienda

En un pasaje del Ensayo sobre la ceguera, José Saramago construye magistralmente una pelea violentísima y caótica en un espacio cerrado entre grupos que tienen como característica común estar desprovistos de vista. Saramago nos presenta en esta novela una historia sorprendente y única, que intenta describir el comportamiento humano en las condiciones más extremas. Este aspecto parece tener hoy la política mexicana. Pero está extremadamente lejos de ser percibido así por la llamada clase política, por la propia falta de vista.

No hay duda: la responsabilidad de salir de este túnel sin luz recae en los partidos políticos y en el gobierno. Pero todos en conjunto parecen no ver lo que ocurre en el país: son ciegos del mundo de Saramago.

No tenemos ni una sola prueba jurídica del fraude que alega AMLO -son las pruebas que se supone valen en un Estado de derecho-, no obstante lo cual el presunto origen fraudulento de la elección de Calderón se ha vuelto una creencia o una certeza, o al menos una duda inquietante, que se ha empotrado firmemente en una proporción significativa de la sociedad, la que está actuando en consecuencia, como resultado de los errores del IFE y de un discurso de AMLO que, sin pruebas, construyó sobre el presunto fraude y cayó en tierra fértil: los interminables agravios de la desigualdad y la pobreza, a los que han contribuido todos los gobiernos después del periodo de Lázaro Cárdenas.

Es claro que los gobiernos, hoy asustados -sabedores de los destrozos que han cometido en contra de los más desposeídos-, son los responsables de que hoy por hoy la política loca de todos mande sobre el derecho. Revertir esta aberración llevará mucho tiempo.

Fox, según su limitado saber y su constreñido entender, se ha dedicado a moverse "prudentemente" (no dio el informe, no dio el Grito, y antes no actuó en el caso Atenco, y en mil situaciones más: "¿y yo por qué?"). Grandes y numerosos despropósitos y disparates han sido dichos y cometidos, pero, acaso con más peso en lo que será evaluado por los historiadores del futuro como el peor gobierno de la historia de un siglo, grandes omisiones.

Su última decisión fue escurrirse del país para no asistir al Senado a entregar la medalla Belisario Domínguez al crooner de la medianía Luis Miguel -vaya usted a saber por qué a este hombre de la farándula-, desvalorizando irresponsablemente el alto valor simbólico de la presea. Como ha dicho Blair en su último discurso público antes de despedirse de su actual responsabilidad: la sociedad puede perdonar los errores, pero no la falta de decisiones.

Un Presidente en funciones a salto de mata, y por añadidura un presidente electo cerca de andar también del mismo modo, son signos inequívocos de malos tiempos.

Mientras la "prudencia" del gobierno vigente y la del entrante reina en las decisiones, el caudal de omisiones tiene muy poca relación con el agitado estado que guarda la sociedad.

¿Por dónde ha comenzado Calderón su relación con la sociedad?: no la ha empezado. Ha iniciado con una propuesta a los partidos políticos que está siendo rechazada en automático: su incipiente propuesta dice que: la agenda nacional que impulsará "el próximo gobierno establece como prioridades: a) la generación de empleos productivos y crecimiento económico; b) la justicia social y la superación de la pobreza, así como la seguridad pública".

Un programa para tiempos "normales". Si para el gobierno entrante estas cien mil veces repetidas propuestas son las prioridades, el gobierno entrante no ve lo que ocurre, y comparte con los partidos instalados en las cámaras la misma ceguera. Por supuesto que esas prioridades son una necesidad urgente de la República. Pero eso han estado repitiendo gobierno tras gobierno priísta y panista hace varios lustros.

Es claro que la otra capaña, la marquista, se morirá de risa. Por supuesto que AMLO no negociará nada con el gobierno, porque las amplias bases de la convención nacional democrática y del Frente Amplio Progresista no se lo perdonarían y perdería toda legitimidad. Falta aún que nos percatemos de qué tamaño es la ilegitimidad de Calderón, y parece extremadamente riesgoso que el modelo Oaxaca alcance en algún momento al Frente Amplio. Las prioridades de Calderón no son para el hoy de la República.

Felipe Calderón tendría que hacer una propuesta a los partidos y a la sociedad extraordinariamente profunda: una reforma del Estado y una propuesta para terminar con el régimen de privilegios de todo tipo que gobiernan en los hechos la sociedad. Hasta organismos internacionales muy alejados de una visión progresista del desarrollo nacional han calificado recientemente al país como un capitalismo oligárquico. La economía no puede funcionar eficientemente dominada por unas cuantas familias archimillonarias entre las que hay que poner en los primeros lugares a Slim, a Televisa, a Tv Azteca, y a los nombres de los mexicanos que todos los años adornan Forbes y asisten a Davos a rozar sus suaves codos con los personajes más ricos del mundo.

 
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