Usted está aquí: viernes 29 de septiembre de 2006 Política Hipócritas y kafkianos

Gabriela Rodríguez

Hipócritas y kafkianos

Tiene razón Carlos Slim al calificar de kafkiano el bloqueo de la ciudad de Mexico. Frente a los más ostentosos hoteles y centros financieros del Paseo de la Reforma, gente del pueblo en los campamentos denunciaba un fraude electoral cargado de desigualdades y mentiras. Franz Kafka decía: "por fortuna, la incoherencia del mundo parece ser de índole solamente cuantitativa", y no hay duda: mientras nuestro campeón de Forbes gana 17 millones de dólares cada 24 horas, 27 millones de mexicanos viven con menos de dos al día.

Disparidad e hipocresía dominan en nuestro ambiente. Los vínculos de empresarios y panistas con los jerarcas de la Iglesia católica han sufrido una metamorfosis más monstruosa que el insecto de vientre abombado, parduzco y lleno de patas ridículamente pequeñas que tan magistralmente describiera el escritor checo. Violan niños y encubren a pederastas mientras dan la comunión; venden la imagen de un candidato presidencial y comulgan al tiempo que instrumentan un fraude electoral.

Norberto Rivera, el operador de campaña de Felipe Calderón desde los púlpitos de los templos católicos, está recibiendo protección de la Secretaráa de Gobernación ante la acusación de encubrimiento de que es objeto. Es increíble que desde la oficina de Migración se intentara deportar a los abogados defensores de Joaquín Aguilar, víctima de abuso sexual del padre Nicolás Aguilar Rivera y acusador tanto de su agresor como de su encubridor: el cardenal Rivera Carrera. Y por si fuera poco, el pasado domingo 24 de septiembre el padre de Joaquín fue secuestrado, interrogado ilegalmente y amenazado como medida de intimidación y síntoma gravísimo de lo que ya parece tierra sin ley. El sistema de justicia mexicano le hace los mandados al cardenal; ahí, como siempre, no prosperan demandas contra jerarcas eclesiales. Y luego se espantan de que la gente ya no crea en las instituciones.

Al cardenal no le preocupa la vejación de un menor de edad, nunca le quitaron el sueño los más de 200 sacerdotes mexicanos acusados de violaciones y abuso sexual a menores, nunca denunció a esos agresores, a pesar de haber recibido notificación, y nunca se pronunció a favor de asistir a víctimas de abuso sexual ni de aplicar el 33 a extranjeros pederastas. Según afirma, lo que le está provocando más sudor que una hora en el temascal es que víctimas de curas pederastas y sus abogados estadunidenses desprestigien a la Iglesia y violen nuestra soberanía nacional. ¿Qué vale más? ¿ Un menor de edad o el prestigio eclesial? ¿Un ser humano violentado o una frase coloquial? No hemos olvidado que el arzobispo de la ciudad de México (junto con todos los jerarcas) encubrió durante años a Marcial Maciel y acusó de calumniadores a los siete seminaristas que lo denunciaron a lo largo de 30 años. ¿Cómo explica su actuación después de que el nuevo Papa tuvo que reconocer que las víctimas de abuso sexual del fundador de los Legionarios de Cristo sí decían la verdad?

¿Cuánto dinero y qué poderes se mueven atrás de estos crímenes? ¿Por qué los Azcárraga, los Slim, los Servitje, los Bribiesca, estos empresarios anti-AMLO, siguen enviando a hijos y nietos a las escuelas de los Legionarios? ¿Por qué sus súbditos del PAN reproducen esa práctica: los Fox, los Abascal, los Calderón y Zavala, los Espino, los Aranda y Vázquez Mota? ¿Qué habilidad política adquieren al exponer al abuso sexual a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en colegios comandados por esa orden religiosa? ¿Cómo es posible que sigan existiendo la Universidad Anáhuac y sus sucursales en los estados, después de comprobada la pederastia de su fundador? ¿Por qué protege Televisa a los pederastas? ¿Por qué cortaron la señal a Carmen Aristegui hace una semana en su noticiario de la XEW, cuando intentaba reproducir una entrevista sobre las denuncias al cardenal Rivera?

Demasiado sórdido como para comprenderlo y nadie como Dante Alighieri nos acerca al lugar que merecen los hipócritas.

"En el infierno hay tres menores círculos, de grado en grado" (nunca habló de "tercer grado): "todos están llenos de espíritus malditos: De toda maldad que al odio el cielo excita la injuria es el fin, y todo tal propósito con fuerza o con fraude a otro contrista. Mas como defraudar es propio mal del hombre, más desplace a Dios: por eso más abajo están los fraudulentos, y mayor dolor los acosa. De los violentos es todo el primer círculo. [...] Con el fraude, que a toda conciencia hiere, puede el hombre abusar de quien confía, y de quien a la confianza no da albergue. En este modo segundo, parece que aún mata el vínculo de amor que la naturaleza crea; por donde en el círculo segundo anida hipocresía, adulación y hechicería, falsedad, latrocinios, simonía, rufianes, truhanes y similares inmundicias."

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