Usted está aquí: domingo 14 de mayo de 2006 Política "Nos hicieron fila india para agredirnos y dijeron 'aquí vienen unos putitos de prensa'"

Acreditarse fue peor, porque los agentes se ensañaron más, señalan tres corresponsales

"Nos hicieron fila india para agredirnos y dijeron 'aquí vienen unos putitos de prensa'"

EMIR OLIVARES ALONSO

Las huellas de las golpizas aún se notan en sus cuerpos. Su andar es lento, como si desearan no moverse porque cualquier movimiento cala. Ken, Dierk y Nassir son tres jóvenes periodistas que al enterarse de lo que acontecía el 3 de mayo en San Salvador Atenco decidieron lanzarse a recabar opiniones, con el objetivo de entregar su reportaje a un canal de televisión colombiano, del cual son corresponsales.

Sin embargo, el destino les preparaba otra suerte, fueron apresados y acusados de diversos delitos "únicamente por estar ahí". Al igual que los demás detenidos, fueron agredidos, sobajados y golpeados durante su captura y trayecto al penal de Santiaguito.

A 10 días, Ken Lueders Monsiváis aún tiene los ojos rojos, sus pómulos hinchados y moretones en su rostro. El joven señala: "la gente no debe acostumbrarse a que la policía mate como acto de represión (...) Atenco es un 2 de octubre".

Los tres jóvenes salieron el jueves pasado por falta de pruebas en su contra, pero el Ministerio Público ha apelado de esa salida, por lo que el nerviosismo es evidente en su charla.

Ken y Dierk, de 22 y 24 años, respectivamente, son hermanos, ambos tuvieron que ser rapados en el hospital debido a las heridas que presentaban en la cabeza, y aunque el menor es el que más secuelas físicas tiene tras la golpiza, diversos estudios médicos que se han realizado ya en libertad han revelado que Dierk tiene un coágulo en la cabeza y daño en algunos órganos internos, inclusive le tuvieron que sacar muestras de la médula espinal para comprobar que no tuviera lesiones más serias, resultado que aún no le dan.

Por su parte, Nassir Sleman López, de 23 años, mexicano de ascendencia árabe, confirma que vivió un tormento en San Salvador Atenco: "yo pensé que ese sería el último día de mi vida". Destaca que después de las agresiones a las que fue sometido, ya no ve de la misma forma su vida. "Me siento extraño en la calle, es como un trauma, me siento inseguro. Veo a un policía y se me revuelve el estómago".

Recuerda que el traslado de Atenco hasta el penal de Santiaguito duró alrededor de seis horas, y que durante el trayecto los policías no sólo agredían a los detenidos, sino que "aplicaban tortura. Nos apilaban como caíamos en el centro del camión, y así aguantamos el camino sin movernos". Inclusive señala que en el camión en el que a ellos los transportaban también iba la ciudadana alemana Samantha Dietmar, "a quien acorralaron entre tres policías y la iban tocando, manoseando".

Acreditarse, "lo peor"

Ken Lueders subraya que los agentes sí iban armados. Asegura que ellos se refugiaron en una casa y cuando los policías entraron el primero llevaba una escopeta con la que amenazaba a todos los detenidos. Afirma que intentaron acreditarse como reporteros y "fue peor", porque los agentes se ensañaron más por ese hecho, debido a que les reprochaban: "ustedes son los hijos de la chingada que están diciendo mamadas".

Agrega que les destruyeron el equipo de telecomunicación que llevaban para su cobertura: una cámara dvc7, un minidvd, un minidisc y un micrófono Shure 47, así como sus acreditaciones de prensa, además de sus celulares y su dinero, todo con un valor de 30 mil pesos.

Dierk destaca que durante las seis horas de trayecto hasta el penal los policías los bajaron una última vez para continuar con la golpiza. Además de que al llegar al penal "nos hicieron fila india para continuar con las agresiones, y dijeron: 'aquí vienen unos putitos de prensa para que les den chido', entonces sí hubo una saña especial por el hecho de que somos periodistas".

Los jóvenes dicen que ya en el penal las autoridades mantenían a más de 16 personas en celdas de tres por tres metros. A los hermanos Lueders Monsiváis se les remitió junto con otras seis personas a la zona en la que se ubican los delincuentes peligrosos.

Siete días duró su encierro, jornadas que dejaron no sólo secuelas físicas. "Después de esto cambia todo, te sientes bien raro afuera, inclusive en mi caso cuando el doctor escribe (sobre su máquina) cuestiones sobre el expediente clínico, me remite a la toma de declaración. Además, eso de estar deletreando tu nombre a cada rato no es tan divertido", confiesa Dierk.

Nassir destaca que su nombre también fue objeto de burlas y agresiones. "Nos cuestionaban sobre nuestra nacionalidad y eso influía en un trato más violento. No somos vagos ni delincuentes, somos gente que trabaja desde hace tiempo".

"La policía salió a golpear a la gente como animales", señala Ken. Y agrega que por eso desea "hacer un llamado de conciencia" a la sociedad, porque "se debe dar cuenta cómo se está reprimiendo a la población. Nosotros no íbamos por las notas amarillas, íbamos a recabar opiniones". Sin embargo, nunca esperaron lo que en realidad obtuvieron.

 
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