Usted está aquí: viernes 12 de mayo de 2006 Política A salto de mata, Saúl Ríos rechaza cargos por secuestro

El ejidatario relata cómo escapó de la policía

A salto de mata, Saúl Ríos rechaza cargos por secuestro

JESUS RAMIREZ CUEVAS

Perseguido político tras los hechos de Atenco, Saúl Ríos Romero -destacado activista del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT)- desmiente las acusaciones contra sus compañeros por secuestro equiparado y delincuencia organizada. En su refugio, habla con La Jornada.

Hace unos días, su familia lo reportó como desaparecido tras la entrada de las policías estatal y federal al pueblo de Atenco el pasado 4 de mayo. Ríos fue detenido ese día y escapó milagrosamente de manos de sus captores.

Carpintero de oficio, era encargado del sonido en la plaza al momento de la entrada de los policías. Cuando el subcomandante Marcos visitó Atenco el pasado 25 de abril, Ríos fue el encargado de organizar al contingente de caballos que le dio la bienvenida. "El séptimo batallón de caballería del EZLN", le llamó el líder insurgente.

Los detenidos en Atenco, presos en los penales de La Palma y Santiaguito, han sido acusados, entre otros cargos, de secuestro equiparado por retener a funcionarios públicos.

Sobre uno de los casos mencionados, Saúl Ríos explica que el 8 de abril pasado los integrantes del FPDT tenían una reunión con el secretario de Educación estatal, Isidro Muñoz, para tratar problemas relacionados con varias escuelas del municipio.

"El secretario se comprometió a reunirse con nosotros, pero nunca llegó. Así que decidimos esperarlo hasta que se presentara. El gobierno siempre nos trae vuelta y vuelta. Nos quedamos cuatro horas en la delegación de gobierno en Texcoco junto con varios funcionarios menores. En lugar de llegar el secretario lo hicieron como 500 granaderos. Dicen que secuestramos a los funcionarios, pero no es cierto. Ellos mismos nos dijeron que sí iba a llegar el secretario, pero no se presentó. Queríamos apoyo para las escuelas del pueblo, que se están cayendo por descuido del gobierno. Ya demolieron dos planteles y los padres de familia pagan los conserjes y el mantenimiento", cuenta.

"No podíamos salir. Estábamos rodeados de granaderos. Entonces acordamos dialogar con el secretario al día siguiente, pero cuando llegamos todo estaba cerrado; se habían ido de vacaciones. El gobierno siempre nos trae vuelta y vuelta."

Sobre el problema de los floristas, que detonó la violencia, Ríos dice que "no había razón para usar la fuerza publica, porque ya había un acuerdo firmado con el presidente municipal. El acuerdo era que los floristas podían vender en el mercado los días de mayor venta, como el 3 de mayo, el 10 de mayo y el 12 de diciembre, pero lo desconocieron y les echaron a la policía.

"Todo fue un pretexto para atacarnos -señala-. Nos acusan de secuestrar a policías, pero los del FPDT nunca los golpeamos ni maltratamos. Atendimos a los que estaban heridos. Los protegimos de la gente que estaba enojada por la muerte del niño. Somos seres humanos, no somos asesinos."

Cómo escapó de la policía

Todavía con las huellas de los golpes en cabeza, codos, rodillas y testículos, Saúl Ríos relata cómo escapó de la policía el pasado 4 de mayo.

"Estaba en la plaza de Atenco. Cuando sonaron las campanas de la iglesia ya venían entrando los policías. Gritaban: '¡tenemos que acabar con todos ellos, hay que darles a todos!' Intentamos resistir, pero nos dispersaron. Al que agarraban lo golpeaban con saña. Los policías se veían drogados, con la mirada perdida.

"Me escondí entre las casas frente a la plaza. Cuando me detuvieron, me golpearon entre varios policías hasta que alguien gritó: '¡hay cámaras, déjenlo!' Estaba filmando un camarógrafo de Tv Azteca con pasamontañas.

"Con la camiseta cubriéndome la cabeza me llevaron a otra calle. En el trayecto vi gente tirada en el piso, inerte, revolcada, sin zapatos, bañadas en sangre; pensé que estaban muertos. Nos hicieron pasar entre dos filas de policías que nos pegaron patadas y toletazos en todo el cuerpo. Era tan duro que pensé que no llegaría al final.

"Nos aventaron a una camioneta, uno encima de otro. Sangraba de la cabeza y dos policías se subieron sobre mí para golpearme. Nos llevaron a los autobuses que estaban a la orilla del pueblo. Nos formaron, y cuando llegaron otros detenidos hubo una confusión porque los estaban golpeando. Rodé por debajo del camión y salí al otro lado. Empecé a correr por el campo, no sé cómo. Con la desesperación y el terror corrí entre los matorrales...", se le corta el aliento al revivir esos momentos; sus ojos se llenan de lágrimas.

"Encontré a una persona que me prestó su chamarra para cubrirme. Llegué a otro pueblo, donde gente que no conocía me ayudó. A lo lejos escuchaba el helicóptero volando, gritos y disparos. Después de varias horas me fui y desde entonces ando a salto de mata.

"La policía iba con la orden de acabarnos, fue una venganza por impedir la construcción del aeropuerto", sostiene. "Me dieron por desaparecido, pero soy perseguido político.

"Nuestro pueblo fue golpeado y nuestra mujeres violadas. Queremos castigo para los responsables. No somos violentos, el gobierno llegó a agredirnos y nos defendimos. El pueblo está dolido. Las heridas físicas sanarán pronto, la sangre desaparecerá de las calles, pero no las heridas de nuestros corazones. Seguiremos luchando hasta que liberen a nuestros compañeros", remarca antes de despedirse.

 
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