Número 114 | Jueves 5 de enero de 2006
Director fundador: CARLOS PAYAN VELVER
Directora general: CARMEN LIRA SAADE
Director: Alejandro Brito Lemus

Comercializar las pruebas rápida sin atender los riesgos,
un peligro


 
Por Tilemy Santiago Gómez*

Ante los múltiples mensajes con que nos bombardean los medios y la publicidad, uno se encuentra con gratas sorpresas o estremecimientos cercanos al horror. Hace unas semanas me detuve a mirar los folletos que había en una cafetería que suele presentar eventos informativos sobre sexualidad y VIH/sida. Uno de los folletos llamó mi atención: “Y tú… tienes o no tienes? (sic) Depende de ti querer saberlo. Prueba personal de diagnóstico de VIH a través de SALIVA”. Impresionado tomé uno para leerlo.

Mi primera y grata impresión surgió del avance de la tecnología: una prueba para VIH antes requería de un laboratorio y ahora se presenta más sencilla que una prueba de embarazo en orina. Pero esta emoción rápidamente se desvaneció ante la ligereza con la que se presenta tal avance. Su resultado, en caso de ser positivo, implica un cambio radical en la experiencia de estar vivo. Nunca como a partir de ese momento se sentirá la presencia de la muerte.

En el folleto, después de dar una brevísima explicación sobre lo que es el sida y las formas de contagio, lanzan su slogan: “¿Y tú… tienes o no tienes?” Y nos recomiendan que nos realicemos la prueba de diagnóstico si contestamos afirmativamente a alguna de las siguientes preguntas: “¿has tenido relaciones sexuales sin la protección de un condón? ¿has tenido múltiples parejas sexuales o relaciones con una persona con SIDA? ¿has compartido objetos punzocortantes? ¿recibiste una transfusión de sangre entre 1980 y 1987? ¿estás iniciando una relación amorosa? ¿deseas tener un hijo pronto? O ¿simplemente tienes la duda de estar viviendo con VIH?”. Ante esto cabe preguntarse, ¿quién no contestaría afirmativamente a, por lo menos, una de estas preguntas?. Un adolescente que se siente enamorado por primera vez; una mujer con 10 años de casada; el grupo de amigos que durante las vacaciones han compartido el cortauñas, el cepillo de dientes, un rastrillo. Yo respondería afirmativamente a varias.

Siguiendo con la lectura del folleto, luego de enumerar las ventajas de este tipo de prueba a través de saliva (“discreta, confiable, rápida, indolora, fácil y desechable”, nos prometen), lanzan la pregunta de porqué debemos realizárnosla, y con ello omiten importantes cuestiones básicas en el tema del VIH/sida:

“Para eliminar la duda de si tenemos o no el VIH y estar tranquilos”. Un resultado positivo puede generar una montaña de sentimientos de angustia, frustración, depresión, ira, venganza, etcétera. Todo menos tranquilidad. Además, no se hace la más mínima mención de la necesidad de contar con apoyo psicológico o de contención emocional si el resultado da positivo. Las formas en las que una persona puede reaccionar ante un evento de esta magnitud pueden ser impredecibles.

“Para, en caso de no tenerlo y haber tenido prácticas de riesgo, tomar medidas preventivas para no contagiarnos nunca”. Una de las recomendaciones para prevenir la infección por el VIH y otras infecciones de trasmisión sexual es la de conducirse en el ejercicio de la sexualidad como si toda persona pudiera estar potencialmente infectada. No para caer en la paranoia, sino para realizar siempre prácticas de sexo seguro: uso de condones, dedales y barreras de látex.

“Para, en caso de que sea positiva, tomar medidas preventivas para no infectar a otras personas y recibir atención médica”. Se olvida, tal vez voluntariamente, que por la falta de medicamentos antirretrovirales en nuestro país, algunas de las instancias estatales de atención a personas con VIH/sida recurren a prácticas discriminatorias para decidir a quién le administran los fármacos, como favorecer a las personas con mejor condición social, económica, o mayores posibilidades de sobrevivir en etapas avanzadas de la enfermedad.
En un afán mercantilista, la empresa SAVI Distribuciones, en su división Alternavida, anteponen lo que sería una verdadera preocupación y compromiso con la salud (entendida como el disfrute del nivel más alto de bienestar físico, psicológico y social) por la comercialización de un producto que más que dar tranquilidad podría generar cantidades enormes de estrés y sufrimiento. Como en otros momentos de la historia de la humanidad, se aprovecha el avance de la ciencia sólo para obtener un beneficio económico, sin importar el bienestar de las personas. Sin importar tampoco que a veces un producto pueda tener usos muy distintos para los que fue diseñado, o para los que se distribuye, y que estos usos pueden ser violatorios de los derechos humanos.

En un costado del folleto nos recuerda que las pruebas de diagnóstico de VIH deben ser voluntarias y nadie puede obligar a realizarlas contra la voluntad de las personas, y que un resultado positivo necesita de la confirmación mediante otra prueba (Western Blot o Inmunoflourescencia). No puedo dejar de pensar en las historias de mujeres cercanas a mí que me han contado que en plena entrevista laboral, cuando la contratación está cerca, ante la pregunta de si están embarazadas, las retan a que se realicen una prueba de embarazo en orina allí mismo; ignorando toda legislación vigente. Imagino esta situación con una prueba de VIH en saliva y siento escalofríos.

* Maestro en criminología con especialidad en temas de violencia contra las mujeres.