Usted está aquí: domingo 5 de junio de 2005 Política Gas natural y "planes de negocios"

Antonio Gershenson

Gas natural y "planes de negocios"

En estas páginas hemos visto, en estos días, el descontento que ha despertado en Colima, en especial cerca de Manzanillo, el plan para instalar una regasificadora que volverá a hacer gaseoso el gas natural que fue licuado en otro país. Se necesitarán gasoductos, tal vez un puerto, y la planta mencionada; eso del lado mexicano. Si el otro país es Bolivia, de lo cual se ha hablado, se necesitará un gasoducto que cruce por los Andes para llegar a un puerto, a ser construido también, en Chile o Perú. Allá será necesaria una planta para licuar el gas, comprimiéndolo y a la vez enfriándolo. Esta planta va a requerir energía, que implica consumir una cuarta parte del gas que sería licuado. Y este gas licuado se debe transportar en un buque-tanque más caro que los petroleros, porque debe mantener baja la temperatura y soportar la alta presión.

Es posible que, pese a todos estos gastos, con los precios actuales del gas natural el costo de producir, convertir, reconvertir y transportar el gas del extranjero sea menor. Pero la diferencia se la queda la empresa internacional que armó el negocito, como ha sucedido con el petróleo. Cuando las grandes compañías petroleras empezaron la extracción masiva de petróleo en el llamado Medio Oriente, su costo de producción era muy bajo en comparación con, por ejemplo, el de Estados Unidos. Pero el costo de la gasolina que vendían las mismas empresas alcanzaba para que la producción en el vecino país fuera rentable, con lo cual ésta se podía mantener y desarrollar, y toda la diferencia entre los costos estadunidenses y los del Golfo Pérsico y sus alrededores quedaba como lo que se ha llamado renta diferencial. Originalmente les quedaba a las empresas, pero debían pagar un porcentaje, que fue creciendo, como regalías a los gobiernos de los países exportadores de petróleo.

Así como no se abarató la gasolina, tampoco sucede eso aquí con el gas. Mientras más dependemos del gas importado, más firme está el sistema de precios basados en los del sur de Texas. El camino hacia la posibilidad de volver a tener precios mexicanos, basados en nuestros propios costos de producción, está en la reducción drástica de las importaciones y de la dependencia de las mismas.

Hay un agravante en las plantas regasificadoras. Para asegurar la inversión de la compañía petrolera en cuestión, se firma un contrato de suministro hasta por 25 años. Estas empresas quieren utilidades propias del capital de riesgo, pero no desean correr ningún riesgo real. Entonces tienen garantizadas compras durante plazos larguísimos, a precios que van con los del sur de Texas y que a la larga tienden a subir aún más, aunque en un momento dado el país ya no lo necesite porque ya resolvió los problemas heredados por los tecnócratas.

Si hay situaciones de abuso, luego viene una reacción más dura. En Argentina los bancos también se vendieron a extranjeros, pero además éstos sacaron del país los dólares de los ahorradores y se creó una verdadera crisis. Se suspendieron buena parte de los pagos de la deuda, y eso antes del actual gobierno de centro izquierda. Se interrumpieron porque no había con qué pagar. Y el actual gobierno hizo una restructuración muy enérgica. Fijó a los viejos documentos de deuda un valor del orden de 40 por ciento de su valor nominal, y dio una fecha límite para canjearlos por bonos nuevos con ese valor nominal ya reducido. El que no quiso, allá él, a ver quién le paga ahora sus documentos. La medida ha funcionado. Otro ejemplo es el de Venezuela, que ahora cobra impuestos más altos a las trasnacionales petroleras para compensar privilegios que se les había dado en regímenes anteriores.

En México, es mejor para el país que los problemas se resuelvan mediante el diálogo y el entendimiento. Pero para ello es importante también que las empresas no entren a los esquemas ilegales, anticonstitucionales y financieramente insostenibles que promueven los tecnócratas para darse una imagen de que atraen la inversión extranjera, cuando con sus medidas económicas han provocado el cierre de 4 mil empresas. Los "planes de negocios" lo son, pero muy particulares.

Ningún centro de regasificación puede concluirse durante el actual gobierno. Quienes crean que es posible poner al futuro ante hechos consumados, pueden voltear hacia el sur y ver las reacciones que se generaron con esos abusos. Debemos evitar aquí tanto los abusos como sus consecuencias directas.

En su momento vimos cómo el caso de las aguas contiguas a las islas Coronado, frente a las playas de Tijuana, viola la Constitución por varios lados. Los otros casos, en este sentido, no son muy diferentes. A los tecnócratas les cuesta cada día más trabajo encontrar empresas que se lancen a semejantes aventuras. La oposición local contribuye a que las que quedan se den cuenta de cuál es la realidad. También las encuestas.

 
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