Usted está aquí: domingo 5 de junio de 2005 Economía Renta petrolera y deuda pública

José Antonio Rojas Nieto

Renta petrolera y deuda pública

Desde luego que tiene razón el Presidente de la República cuando asegura que, en su gobierno, el endeudamiento externo público ha disminuido. Sí, Vicente Fox recibió la hacienda pública con una deuda externa del gobierno y de las empresas pública por 84 mil 600 millones de dólares. Y es altamente probable que a finales de este año -quinto de su sexenio- este endeudamiento con el exterior no supere los 80 mil millones de dólares. Lo que significa -como bien lo dice el señor- una baja del endeudamiento. Sin embargo, hay que decir -siempre un pero- que el señor Fox recibió las arcas públicas con compromisos internos de endeudamiento del orden de 71 mil 400 millones de dólares (64 mil 101 netos, es decir, descontando los activos financieros en disposición del gobierno). Y que los ha incrementado notablemente. Por cierto, permítaseme preguntar algo: ¿será válido seguir diferenciando lo interno de lo externo cuando la banca y los inversionistas en nuestro país son más externos que nunca y cuando, asimismo, la banca y los inversionistas externos están tan metidos en nuestro interior?

Pero...bueno, lo cierto es que al empezar su sexenio, este gobierno contaba con un endeudamiento total que alcanzaba 156 mil millones de dólares (140 mil netos). ¿Qué sucedió en los cuatro primero años, en los que -no lo olvidemos- nuestro flamante mandatario ha recibido un total de 91 mil 487 millones de dólares de renta petrolera. Sí -como mencioné antes- el endeudamiento externo público se ha detenido. Hay que reconocerlo. También hay que reconocer -sin duda- que la deuda externa privada -la de empresarios y bancos- también se ha detenido. Comenzó el sexenio con 64 mil millones de deuda externa bruta privada. Y terminó con 59 mil 546 el año pasado. Casi 5 mil millones de dólares menos.

Bueno, pero lo que quería mencionar este domingo es que a diciembre del año pasado, el endeudamiento interno de este gobierno alcanzó los 97 mil 396 millones de dólares (91 mil 261 millones netos) por lo que ha registrado un incremento absoluto de 26 mil millones de dólares (27 mil 160 millones netos). Este endeudamiento público total, que a principios de este sexenio alcanzaba 156 mil millones de dólares (140 mil millones netos) y que a fines del año pasado cerró en 175 mil 520 (167 mil 857 millones netos), ha implicado una carga financiera que a diciembre del 2004 exigió 74 mil 600 millones de dólares. De estos -también, por cierto- 15 mil 600 correspondieron al costo financiero de lo que eufemísticamente se ha llamado apoyo a ahorradores y deudores, es decir IPAB. En buen romance esto significa que de los 91 mil 487 millones de dólares de renta petrolera (derechos de extracción de hidrocarburos), 82 por ciento se ha ido en pagar el costo financiero del sector público. Se trata de una significativa cantidad de 74 mil 600 millones de dólares. Y nada más en cuatro años.

Ahora bien, atendiendo a las tendencias de la deuda y de los intereses, se puede calcular que este costo financiero acumulará en el sexenio la cantidad de 125 mil millones de dólares. Se trata de un monto que -fatalmente- corresponderá a 80 por ciento de la renta petrolera captada por este gobierno en sus seis años de gestión. Y, entonces, uno se pregunta: ¿hace falta privatizar para compartir nuestra renta económica del petróleo con los financieros de dentro y de fuera, es decir con los poseedores del dinero de fuera y de dentro? Desde luego que no, ¡sin duda!

N.B. Me reclaman que al proponer una recuperación del ingreso fiscal no petrolero de medio punto del PIB al año, para llegar en el año 2025 a una participación cercana a 20 por ciento, me ubico en una posición gradualista inviable e ingenua. Y respondo -con todo respeto y afecto a quienes me hacen esa observación- que no veo cómo lograr -de un día para otro- una reforma fiscal de fondo que permita que los ingresos petroleros sirvan para lo que debieran servir (reforzar a Petróleos Mexicanos y dar garantías para nuestro tránsito energético) y que los contribuyentes de veras aporten para financiar el ineludible papel del Estado en nuestro esquema de desarrollo. ¿Será un error postular este tipo de gradualismo? ¡Es una buena pregunta! De veras. ¡Sobre todo pensando en nuestra utopía!

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